Natalie escuchaba el tamborileo de los dedos de Rodrigo contra la mesa, Jafar los había dejado solos hace unos minutos, ella pensaba que después de eso el castaño arremetiera contra ella, pero parecía sumido en sus pensamientos mientras provocaba aquel incesante ruido.
— He venido a disculparme con tus padres — hablo armándose de valor, pero solo recibió una fría mirada por parte del castaño.
Natalie suspiró frustrada.
— ¡Basta! — dijo deteniendo la mano del castaño — Rodrigo se que no debí llegar tan tarde, lo lamento pero puedo enmendar las cosas.
— ¿Dónde estabas?.
— Con las chicas.
Pasaron varios minutos hasta que la voz del castaño se volvió a escuchar.
— Le diré a Jonas que prepare un almuerzo para mañana con mis padres.
La rubia suspiro mientras asentía.
— Bien, entonces te veré mañana — dijo comenzado a levantarse.
— Aun no termino Natalie, vuelve a tomar asiento.
— Qué demandante — soltó entre dientes volviéndose a sentar.
— ¿De qué hablabas con Jafar?.
— Él no cree que nuestra relación sea cierta, porque te ha visto paseando con Simone este tiempo.
Rodrigo frunció el ceño, era imposible que Jafar supiera quien era Simone había sido muy cuidadoso al respecto.
— ¿Qué le has dicho tú?.
— Que solo son amigos, pero tu hermano es muy desconfiado.
— Él solo quiere hundirme, no quiero que vuelvas a hablar con él a solas Natalie, no confió en él.
— Bien, además me ha pedido que le demuestre que de verdad estamos enamorados.
El castaño rió.
— ¿Por eso me has besado?.
— No pensarás que de verdad te extrañe ¿o si?.
Natalie vio como la sonrisa del castaño se desvanecía.
— Por supuesto que no, solo es un trato.
— Bien trato, es muy noche tengo que volver a mi casa.
— Yo te llevó.
— No hace falta, mi padre aún debe estar despierto.
— Natalie, he dicho que yo te llevo.
La rubia decidió no objetar más, dejó que el castaño la llevará hasta su casa después de todo ahora tendrían que convivir un poco más.
Jafar observó como el deportivo de su hermano salía de los alrededores del hotel, sonrió de lado mientras volvía a llenar su copa.
— Hermanito, hermanito, disfruta esta noche.
— Señor Montalbán — su fiel asistente se acercó hacia él — Ya ha llegado la persona.
— Pasalo Logan y que nadie nos interrumpa.
— Sí señor.
Un hombre entrado en los cuarenta vestido con viejos Jeans y una chamarra oscura se dejó caer en los mullidos sillones de la suite de Jafar.
— Steve, que gusto verte de nuevo ¿como has estado?.
— Señor Jafar, hace tiempo que no me daba una noticia tan jugosa, imaginense como estoy.
El castaño sonrió de lado ofreciéndole una copa a su invitado.
— Me imagino Steve.
— Pero — dijo el hombre con nerviosismo — Del que hablamos es su hermano ¿está seguro que quiere hacerlo?.
— Muy seguro Steve, solo es un empujón para que mi hermano se deje de juegos.
— El señor Lauro, ¿está de acuerdo con esto?.
Jafar miró molesto a aquel hombre.
— Solo digo, porque será el apellido de su familia quien esté en todos los medios — respondió apresuradamente el hombre.
— Pero ellos no sabrán de dónde vino esa noticia ¿o me tengo que preocupar por eso Steve?.
— Por supuesto que no Jafar, yo sé hacer muy bien mi trabajo.
— Steve, entonces salud por ello, mañana todos sabrán del compromiso de mi hermano.
Steve sabía que ese tipo de noticias era un arma de doble filo para las familias de dinero como lo eran los Montalbán, normalmente hacían una rueda de prensa para dar a conocer sus movimientos, porque sabían que habría un movimiento mediático, no eran cualquier gente, pero si entre sus filas estaba el traidor no había nada que se pudiera hacer.
Natalie bajó del deportivo una vez que Rodrigo había estacionado el coche, la luz del jardín estaba encendida sonrió sabiendo que su padre la esperaba.
— Bueno, nos vemos mañana — dijo girándose hacia el castaño, pero este había caminado hasta llegar a su lado — ¿Qué haces?.
— Te acompañaré.
— No.
— ¿Por qué no?.
— No hay necesidad.
Rodrigo la miró con una ceja alzada antes de avanzar hasta la entrada de la casa de la rubia.
— ¿De verdad vas a hacer esto? — dijo Natalie con el ceño fruncido mientras abría la puerta de su casa dejando pasar a un sonriente castaño.
— Solo quiero asegurarme.
— ¿De que?.
— De que llegues con bien.
Ella lo miró como si estuviera loco antes de avanzar hasta el jardín.
— Papá ya llegué.
Marco dejó la cerveza mirando a su hija con una sonrisa, hasta que vio al hombre que venía detrás de ella.
— Joven Montalbán, ¿usted ha traído a mi hija?.
— Así es, me puede llamar Rodrigo señor de León.
— En ese caso para usted soy Marco.
— Genial — dijo Natalie tomando una cerveza y dejándose caer en las sillas de jardín que su padre había reparado recientemente.
— Hija, deberías ofrecerle una cerveza al joven.
— No le gusta.
— De hecho — dijo Rodrigo tomando una y sentándose junto a la rubia — Si me gustan, señor Marco, Natalie me ha dicho que ya se encuentra haciendo sus prácticas.
— Es verdad — dijo emocionado el hombre — Estoy muy orgulloso de que por fin vaya a terminar la carrera, no sabe el esfuerzo que nos ha costado.
— Me puedo imaginar, pero sabe que me preocupa — siguió hablando el castaño, aunque para ese momento Natalie había prestado más atención ¿que carajo planeaba Rodrigo decirle a su padre? — Me preocupa que no me quiere decir el nombre del sujeto que la ha estado molestando en el trabajo.
— Rodrigo no…
— ¿Eso es verdad hija? — dijo Marco interrumpiendo mirando preocupado hacia Natalie.
— Papá no te preocupes por favor, solo es un compañero que había estado insistiendo en salir conmigo.
— Natalie, ¿le has dicho a Adrián?.
Escuchar el nombre de ese sujeto para Rodrigo era una molestia en la boca de su estómago ¿Ese tipo estaba en todos lados?.
— No papá, yo podía solucionarlo, pero si te mantiene tranquilo se lo diré.
— Si, eso me mantendría tranquilo — Marco miró al castaño que parecía tenso — Gracias joven Rodrigo por decirme, hay veces en la que mi hija se quiere hacer cargo de todo.
— Gracias papá — intervino la rubia antes de que su padre y Rodrigo se volvieran amigos, eso sí que sería un problema — Creo que ya es bastante tarde, vayamos a dormir.
Marco asintió entendiendo que su hija le pedía dejarlos solos.
— Joven Rodrigo, está en su casa.
— Gracias.
Natalie colocó las manos en su cadera esperando a que su padre se fuera, para después golpear el pecho del castaño.
— ¿Por qué le has dicho eso?.
— Porque si algo te ocurre, tu padre querrá saberlo.
— Nada me pasará Rodrigo, ahora vete que quiero dormir.
— ¿Por qué tu padre ha mencionado al tal Adrián? — dijo el castaño sin moverse de su lugar — ¿Sigues acostandote con él?.
— Por favor — dijo la rubia mirando al cielo antes de clavar su vista en aquel abismo — Él y yo somos amigos, no me he acostado con él, con nadie, no soy tan pervertida como tu crees.
Escuchar eso de la boca de la rubia, para Rodrigo Montalbán fue como un alivio, un peso que se había esfumado, se terminó la cerveza antes de levantarse con una sonrisa acercándose a la rubia.
— ¿Qué haces? — dijo Natalie sintiendo la cercanía del castaño.
— Quiero otra noche contigo.
Natalie se rió negando con la cabeza.
— No.
— ¿Por qué no?.
— Porque ahora conozco a tu prometida y no es justo.
— ¿Tu crees que Simone es una santa? — dijo antes de tomar posesivamente la cintura de la rubia acercando sus labios a su oído y mordiendo suavemente su lóbulo — La seleccioné porque es la indicada para ser mi esposa, en cambio tu y yo no la pasamos nada mal.
— Eso lo sé Rodrigo, no te lo voy a negar — Natalie colocó las manos en el pecho del castaño para alejarlo lo suficiente para mirarlo a los ojos, ese pequeño acercamiento había hecho estragos en su cuerpo — Pero solo te ayudaré en algunas ocasiones con tus padres, no creo que sea necesario pasar a más.
— Como te dije esa noche chula, follar no le hace mal a nadie.
Natalie lo miró, parecía pensar en las palabras del castaño.
— ¿Tanto lo deseas? — dijo la rubia al cabo de unos segundos en silencio con una sonrisa coqueta — ¿Tanto quieres tenerme de vuelta?.
El castaño la miro serio.
— ¿Es necesario decírtelo?.
— Si, quiero escuchar que lo digas.
Rodrigo apretó más su agarré, era la primera mujer que le exigía y él terminaba cediendo, era como su padre había dicho, pero él no sabía porque su cuerpo no obedecía y no estaba seguro de que lo entendería pronto.
— Natalie quiero, deseo hacerte mía otra vez.
La rubia sonrió porque sabía que tenía comiendo de su mano Rodrigo Montalbán.
— Es tan divertido.
En ese momento el castaño tomó entre sus labios los de la rubia siendo correspondió de manera casi instantánea, ese beso en la tarde solo había revivido las viejas sensaciones de la primera noche que pasaron juntos, Natalie enredo sus manos en el cabello del castaño volviendo más efusivo el beso, Rodrigo la tomó de los muslos para que pudiera enredar sus piernas en su cadera, dejó sus labios marcando un camino por su cuello, se había obsesionado con la piel y el aroma de la rubia, habían sido tantas noches tratando de olvidarla que se había obsesionado a la vez con retener aquel recuerdo a su lado, el castaño caminó a tientas a donde sabía que estaba la habitación de Natalie.
— Espera…— dijo la rubia con los ojos cerrados aferrándose a la playera del castaño— No, aquí no…está mi padre, escuchará.
— Te recomiendo no hacer ruido entonces — dijo el castaño abriendo la puerta de la habitación.
— Rodrigo, de verdad que no…
— Estás hablando, nos va a escuchar — dijo en tono ronco antes de volverla a besar.
Para Natalie tener las manos del castaño encima de ella era una batalla perdida, su cuerpo reaccionaba de tal manera que en un momento dejó de racionalizar.
— Pero...promete que…te…irás — logró decir de la manera más coherente que su cerebro le permitió.
Natalie sintió el choque de la cama en sus piernas y supo que no había vuelta atrás, ella también quería que el castaño la volviera a hacer suya, anhelaba su cuerpo pegado al de ella, mordió sus labios mirando como el castaño se desprendía de sus ropas.
— Solo quiero follarte, no pretendo quedarme en este lugar.
Dijo Rodrigo colocándose encima de ella para volverla a besar, para Natalie esas palabras no habían sido del todo agradable, por un momento se sintió como un objeto, pero ella ¿También lo utilizaba de esa manera no?. Apretó los labios para evitar gemir mientras el castaño terminaba de desnudarla sintiendo como sus manos volvían a recorrer cada parte de su piel. Rodrigo se irguió para mirar a la rubia a los ojos, aquella mujer que había anhelado volver a tenerla entre sus brazos con la que se había obsesionado, no pudo evitar sonreír de manera sincera antes de volverla a besar está vez de manera más suave, disfrutando cada roce, cada robo de aliento; esa noche ninguno de los dos sabía que un gran cambio se aproximaba en sus vidas.