CAPÍTULO 8.

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Rodrigo Montalbán miraba con los brazos cruzados como las tres mujeres habían comenzado a lavar su coche, cuando Jonas le había llevado la información de la rubia había averiguado sobre el programa de apoyo que tenía la universidad, después de eso no había sido difícil dar con su paradero. Jonas le había preguntado por qué iba a buscarla si después de todo la rubia había accedido a que pasara por ella a su casa a la hora acordada, pero el castaño había ignorado su pregunta alegando que no confiaba en la mujer. Observó el costoso reloj en su muñeca marcaban veinticinco para las dos de la tarde, hizo una mueca observando a su alrededor, eran bastantes estudiantes que tenían su labor recordó que él nunca tuvo que pasar por algo así mientras era estudiante, de repente algo captó su atención, el coche rojo estacionado a unos metros de donde estaban los clientes esperando su vehículo, el castaño frunció el ceño acercándose hacia el coche; el viejo mustang lucía reluciente busco a su alrededor al dueño del vehículo ¿Le había pedido a ese hombre que la trajera? Eso significaba que no solo había sido una noche para ella, el castaño apretó los puños mirando su reflejo en los vidrios del viejo auto. — ¿Qué haces aquí?. Rodrigo se giró hacia Natalie que lo miraba con los brazos en forma de jarra. — ¿Le has lavado el coche a tu amante por el favor de una noche?. La rubia sintió la ofensa, pero no se dejó llevar sonrió de lado restándole importancia. — Eso es algo entre él y yo, tú coche está listo, paga y te veré a las tres de la tarde en el campo de golf. — He dicho que pasaría por tí. — Me has visto ahora, acepté lavar tu coche así que ahora tendrás que esperarme en el campo de golf. — ¿Porque seguiría órdenes de alguien como tú?. — Entonces arreglatelas solo Rodrigo. Natalie se encaminó de vuelta hacia sus amigas con un nudo en la garganta, ese hombre era un reverendo imbécil, pero no le importaba no lo volvería a ver. — Tienes cara de querer asesinar a alguien — comentó Tala al ver la mirada furiosa de su amiga. — ¿Quieren un raite de Rocky?. — Si nos deja tiradas y tenemos que empujar pagaras mi manicure un mes — dijo Sarah mientras tomaba sus cosas. Natalie sonrió caminando de nuevo hacia el mustang de donde Rodrigo ya se había movido para subir a su vehículo, le sorprendía que hubiera entendido el que dijera que no, por lo que cuando estuvieron listas el motor del mustang rugió. Marco de León agradeció que el joven Adrían se hubiera quedado a acompañarlo, sabía que su hija se lo había pedido, pero la presencia del joven siempre resultaba ser una buena compañía, habían podido terminar entre los dos la reparación del tejado y ahora disfrutaban un fría cerveza. — Nunca se lo he dicho a mi hija, pero me alegra que hayan podido recuperar su amistad. Adrian asintió sonriendo. — Natalie siempre va a ser especial para mi señor. — Sabes muchacho, nunca comprendí porque las amigas de mi hija te guardan rencor. El joven moreno sonrió, él sabía que cuando Natalie decidió terminar su relación no comentó nada a sus amigas, desgraciadamente él había sufrido tanto con su separación que una noche cometió el error de besarse con una de las ex compañeras de las jóvenes, no pasó ni un día antes de que el chisme corriera. Natalie lo había buscado para aclarar la situación pero él sabía que era mejor dejar las cosas así, no le importaba que las muchachas no le hablaran pero agradeció que la rubia tuviera unas amigas que darían todo por ella, porque él ya no podría cuidarla. — Un mal entendido señor Marco, pero le aseguro que todo cae por su peso. — Eres un buen muchacho. Adrian sonrió mientras el timbre sonaba, los dos hombres fruncieron el ceño todavía era temprano para que Natalie hubiera vuelto, además no habían escuchado el motor del viejo mustang. Marco se levantó abriendo la puerta, su mirada se llenó de sorpresa al ver a Rodrigo Montalbán frente a él. — Joven Montalbán — dijo Marco con sorpresa — ¿Qué hace usted en mi casa?. — ¿Puedo pasar señor de León?. Rodrigo vio cómo el hombre se movía nerviosamente para dejarlo pasar, el interior de la casa no era gran cosa para el castaño, se veía bastante humilde a decir verdad para un hombre viudo con una sola hija no tenía mucho que mostrar, se podía apreciar todo perfectamente desde la entrada. — ¿Quiere algo de beber?. El castaño hizo una mueca negando, levantó la vista cuando vio otra figura ingresar a la pequeña sala, Rodrigo frunció el ceño al reconocer al hombre frente a él, era el mismo tipo con el que Natalie había estado anoche ¿como era posible que estuviera en su casa? Ella traía su coche, si apenas se habían conocido no podía tener tanta confianza. Marco observó la cara de molestia del joven Montalbán al ver ingresar al moreno a la habitación que parecía desconcertado. — Joven Rodrigo, él es Adrian Morán. — Es un placer — dijo el joven moreno estirando la mano, Rodrigo apretó la mandíbula aceptando el saludo. — Rodrigo Montalbán. — ¿Montalbán? — dijo sorprendido el moreno — ¿Los mismos de la cadena hotelera?. — Él mismo. — Adrián ¿podrías darnos un momento? — habló Marco palmeando la espalda del moreno. — Claro señor Marco, estaré en la habitación de Natalie todavía estoy algo cansado. Rodrigo frunció el ceño apretando los nudillos mientras veía como aquel hombre se metía por un pasillo hasta llegar a una puerta al final de este. — Joven Montalbán diganme a que ha venido. El castaño miró a aquel hombre, había ido para hablar con el padre de la rubia y que él mismo le ayudará a convencerla de renunciar con la promesa de conseguirle un trabajo mejor, pero había cambiado de opinión no tenía porqué tenerle consideración a aquella familia, no los conocía, la rubia había sido un tormento desde que había pasado la noche con él. — Le seré muy claro señor de León, es imperativo que su hija Natalie presente su formal renuncia o me veré en la necesidad de prescindir de los servicios de ustedes dos. Natalie había dejado a sus amigas sin problemas en sus casas, al parecer el motor de Rocky había sido completamente reparado después de dos años lo cual le hacía feliz por Adrián sabía cuanto el moreno amaba a ese carro. Llego a su casa cerca de las tres de la tarde pero el coche n***o afuera de su portico la hizo temblar. — No, no, no — repitió apagando el motor y apresurandose a entrar a su casa. El primero en dirigirle la mirada fue su padre que parecía preocupado, pero aun así le sonrió. — Hija, que bueno que has llegado, me imagino que conoces al joven Montalbán. La rubia clavó su vista en Rodrigo que parecía haberse acomodado perfectamente en aquel sofá. — Si, papá. — Él ha venido a pedirme interceder por ti, toma asiento cielo. — ¿Interceder?. — Ha dicho que has estado encubriendo a uno de tus compañeros para que se pueda ausentar de su puesto de trabajo, esto infringe el reglamento laboral del hotel por lo que es necesario que presentes tu renuncia, ¿es verdad hija?. Natalie cerró los ojos tratando de calmarse, si perdía ese trabajo su padre otra vez tendría que cubrir horas extras y estaba demasiado cansado para hacerlo. — Es verdad papá. Marco se sintió un poco decepcionado pero sabía que su hija no lo había hecho con aquella intención, sabía que entre ellos dos había ocurrido algo, el joven era quien el día anterior la había llevado hasta su casa y ahora se presentaba molesto con la intención de solamente dejar sin trabajo a Natalie. — Bien cielo, fue un error no pasa nada, en ese caso joven Montalbán mi hija y yo presentaremos nuestra renuncia el día de mañana. La rubia abrió los ojos de sorpresa ante lo que su padre decía. — ¡No papá! ¿pero qué dices? Solo ha sido mi error — habló angustiada Natalie, se levantó acercándose hacia donde Rodrigo permanecía en completo silencio — ¡¿Se lo has exigido tú?! Eres un inconsciente. — Tranquila amor — dijo Marco tomando a su hija por los hombros — Hay muchos trabajos ahí afuera, conseguiré otro. — ¡No! — dijo la rubia soltándose de su papá — No puedes aceptar la renuncia de mi papá. Rodrigo se sintió extraño cuando vio la pequeña lágrima salir del ojo de la rubia, era un simple trabajo pensó ¿porque era tan importante?. — Papá, déjame hablar a solas con él. — Natalie, hija… — Papá, por favor. Marco asintió mientras se dirigía hacia el patio, confiaba en que su hija solucionará sus problemas solo esperaba que no se le saliera de control la situación. Natalie se giró molesta hacia Rodrigo el cual se había puesto en pie colocándose frente a ella. — Escucha, aceptó renunciar al bar, pero por lo que más quieras no aceptes la renuncia de mi padre. — ¿Por qué no? — contestó el castaño en tono neutral — Él mismo lo ha ofrecido. La rubia lo miró apretando los labios, le había hecho enojar y ahora se vengaba, lo sabía. — Sabes que él no ha hecho nada, por favor — Natalie espera que el tono de súplica funcionara — Para alguien de su edad es muy difícil conseguir un trabajo que no requiera mucho esfuerzo físico. — Ese no es mi problema Natalie, además la culpable de todo eres tú. — Es injusto — soltó molesta. El castaño sonrió de lado dando un paso más cerca de ella, se había dado cuenta del tono fingido en que le había hablado, Natalie tenía un carácter fuerte, estaba dispuesto a decirle que bien podía irse de rosas cuando distinguió el movimiento en la puerta de fondo, su sonrisa se ensanchó aún más clavando su vista en la rubia. — Está bien, no solo no aceptaré la renuncia de tu papá si no que lo ascenderé si en estos momentos me besas de la manera en que lo hiciste esa noche. La rubia parpadeo mirándolo de manera extraña. — Y además — continuó hablando el castaño — Me acompañaras al campo de golf en estos momentos sin ningún pero. Para Natalie un beso no era la gran cosa, pero ese hombre la estaba chantajeando y aun así a pesar de todo ella se quedaría sin trabajo. — Tic tac rubia — dijo insistente el castaño al ver que el tal Adrian había salido de la habitación dirigiéndose hacia ellos. Natalie suspiró tomando el rostro del castaño entre sus manos para segundos después besarlo, al principio movió sus labios de manera lenta acostumbrándose a la suavidad de los labios de Rodrigo hasta que sintió sus manos apoderándose de su cintura y aferrandola a su cuerpo. El castaño comenzó a besarla de manera más efusiva descendiendo sus manos hasta el trasero de la rubia en ese momento Natalie quiso alejarse pero el castaño había metido su lengua en su boca, cuando la rubia sintió que ya no podía más por falta de aire se alejó lo suficiente aún con los ojos cerrados descendió sus manos hasta el pecho del castaño, podía escuchar la errática respiración del castaña combinada con la suya. — Rodrigo… Un carraspeo la hizo girar tratando de soltarse del agarre del castaño pero este parecía no ceder había aferrado sus manos nuevamente a su cintura. — Siento interrumpir, escuché el motor de Rocky hace rato y como no fuiste a buscarme. Natalie sintió sus mejillas arder, tratando de quitar las manos del castaño. — Rodrigo suéltame. — Ve a cambiarte que ya es tarde — dijo el castaño para por fin soltarla, no sin antes darle una nalgada. La rubia lo miró de mal modo pero el castaño había puesto esa sonrisa torcida en su rostro que Natalie había aprendido a odiar. — Vamos Adrián, acompáñame. — No te preocupes Nat, puedo quedarme con tu novio a hacerle compañía. — No él no… — Por mi está bien — dijo Rodrigo volviéndose a sentar — Podrías decirme porque pasaste la noche en casa de mi novia. — Ay por favor — dijo Natalie tomando la mano de Adrián para dirigirse a su habitación. Cuando los dos jóvenes entraron a la habitación de la rubia, Adrián le sonrió cómplice mientras se sentaba en la cama. — Pero qué bien guardado te lo tenías Nat, mira que salir con un Montalbán. Natalie se giró hacia él con los brazos cruzados y mordiéndose el labio. — No es lo que parece, Rodrigo Montalbán no es mi novio, me acosté con él sin saber quien era en realidad. Adrian la miraba asombrado, escuchar esas palabras de la boca de su ex novia era sorpresivo pues nunca se imaginó que Natalie fuera una mujer que de vez en cuando le gustará pasar noches con desconocidos. — No me mirés de esa forma Adrián, además aún hay más. — ¿Qué es peor que saber que te has metido con uno de los más ricos de Miami?. Natalie suspiró sentándose junto al moreno, sabía que Adrián independientemente de lo que le dijera no la juzgaría completamente. — Que acepte ser su falsa prometida, a sabiendas que él tiene una de verdad. Adrian miró a la rubia como si fuera una extraña la Natalie que él conocía nunca aceptaría algo así, debía haber algo más de trasfondo y el le ayudaría a salir de ese hoyo, así tuviera que pasar por encima de Rodrigo Montalbán.
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