CAPÍTULO 9

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El joven castaño vio como la rubia salía arreglada de su habitación seguida del moreno, se levantó colocando las manos en su bolsillo, ya había perdido suficiente tiempo y tenían que irse, se giró hacia el padre de la rubia. — Señor de León, lo espero mañana a primera hora para que firme su nuevo contrato. — Aún no estoy seguro de… — Papá — dijo Natalie tomando las manos de su padre — Créeme que es algo que te mereces, además ahora que ya no trabajaré nos vendrá de ayuda, por favor no seas necio. Marco suspiró, sabía que su hija debía de haber llegado a un acuerdo con ese hombre y se sentía impotente de no poder hacer nada al respecto. — Está bien Natalie, pero tenemos una plática pendiente. — Lo sé — dijo la rubia besando la mejilla de su padre — Saldré con Rodrigo papá, solo unas horas y volveré para cenar contigo. — ¿Saldrán juntos?. — Iremos a un compromiso que ya teníamos señor de León y ya vamos bastante tarde. Natalie lo miró molesta antes de volverse de nuevo a su papá. — Te lo explicaré en la noche — dijo volviendo a besar su mejilla antes de girarse hacia el moreno — Gracias Adrián, te veré otro día. — De hecho si no le molesta a tu padre puedo quedarme hasta que llegues. — Ya has hecho mucho hoy. — No hay problema, ve con cuidado. Adrian iba a abrazarla cuando Natalie se vio arrastrada hacia la puerta, la rubia sentía la mano del castaño apretar la suya hasta que llegaron al deportivo. El camino hacia el campo de golf estuvo en completo silencio, ni siquiera Rodrigo había permitido que la rubia colocará la estación de radio, ya que decía que le causaba dolor de cabeza. Bakery golf era uno de lo más exclusivos clubes de la ciudad, reconocido por su enorme extensión dedicada a golf tenía su propia marina llena de lujosos restaurantes y en medio de ella el hotel para vacaciones de los Montalbán un pequeño emprendimiento que Jafar Montalbán había realizado en conjunto con varios amigos, era el único éxito que Lauro había reconocido de su primogénito y por el cual se sentía orgulloso. Rodrigo bajo del deportivo entregando sus llaves al empleado para caminar hacia donde Natalie ya se había bajado. — Escucha, no se bien a quien mi madre haya invitado, pero nadie absolutamente nadie tiene que saber que trabajabas en el hotel y la historia de cómo nos conocimos ¿Aún la recuerdas?. — París, un año, un mes de compromiso — dijo con monotonía la rubia. — Bien, dame tu mano. Natalie enredó sus dedos con los del castaño antes de adentrarse al lujoso lugar. "Aquí no hay más que gente alzada y presuntuosa" pensó la castaña al ver la gente que pasaba por los pasillos, cuando llegaron a lo que era un espacio abierto bastante privado con vista a la laguna de la campo de golf Natalie supo que sería muy difícil zafarse de aquella familia. — Pero miren quienes han llegado por fin — dijo Grace levantándose mientras sonreía a la pareja recién llegada. — Siento la demora madre. — Tranquilo hijo, Natalie luce preciosa y eso lo compensa — dijo colocando sus manos en los hombros de la rubia que había sonreído forzosamente — Estos hombres no saben lo que es verse bien, aunque mi hijo es bastante atractivo con lo que se ponga ¿Cierto Natalie?. — Si, cierto — dijo la rubia entre dientes y sin dejar de sonreír. — Hermanito porque no presentas a tu prometida, estamos toda la familia reunida. Rodrigo frunció el ceño mientras se tensaba, era verdad su madre había reunido a la familia en aquel lugar, esto se salía de sus planes, ellos no debían conocer a Natalie de ser así sería más complicado borrar aquella mentira, pero no había forma de que él pudiera reclamarle a su madre eso sería algo imperdonable. — Claro — dijo carraspeando el castaño — Ella es Natalie de León, mi prometida. — ¿Prometida? — la que habló fue la hermana mayor de su madre, su tía abuela Marine, Rodrigo sabía que aquella mujer juzgaba aún más que su madre, si algo no estaba como ella decía o quería, simplemente se encargaba de manipularlo a su antojo. — Cuando tu madre nos habló para decirnos que tenías una sorpresa, bueno esto era lo último que imaginaba. — Yo te felicito muchacho — el tío Johnny esposo de Marine, era un hombre bastante mayor, había sido un ex militar muy condecorado en su época, Rodrigo aún no sabía cómo había tenido tanto temple de acero de soportar a su tía tantos años y además procrear tres hijos idénticos a ella — Un matrimonio es un gran paso. Rodrigo asintió con una media sonrisa mientras seguía caminando alrededor de la mesa con Natalie de su mano. — Primo, déjame felicitarte — dijo un joven que no debía pasar de los cuarenta; era el hijo mayor de Johnny y Marine Sandler; hace cinco años se había casado y había dado al primer nieto de la familia de su madre — Déjame decirte que tú futura esposa es realmente hermosa, con todo respeto por supuesto. — Zack — dijo Rodrigo en voz baja acercándose a su primo — Deberías guardarte tus comentarios, no es que me ofenda yo sé que Natalie es preciosa, pero tu esposa te ha dejado por estas situaciones. Zack Sandler forzó una sonrisa antes de tomar asiento, odiaba a ese mocoso desde que había nacido, le habían mimado tanto que ahora se creía capaz de hablarle por encima del hombro a cualquiera. Natalie noto la cara sombría del primo de Rodrigo, aquella familia parecía vivir de apariencias, los saludos a la familia se extendieron varios minutos más hasta que por fin pudo tomar asiento. — Veo que aún no le has dado el anillo primo — Jessica Sandler era igual o peor que su hermano, Rodrigo lo sabía una víbora a su parecer, era la menor del trío Sandler lo que le daba el derecho según sus propias palabras, de ser la más consentida. — A Natalie no le urge, pero pronto se lo compraré ¿Cierto amor?. La rubia levantó su vista de su plato para fijar sus ojos en los del castaño. — Si, cierto cariño — dijo con una sonrisa. — Pues mi primo nunca se ha medido en gastos, no entiendo cómo es que ha dejado pasar algo tan importante. — Jessica, si tanto te aflige que mi prometida no traiga un anillo, en este momento lo solucionamos. Natalie miró confundida al castaño el cual sacó su teléfono para marcar un número de teléfono. — Jonas, el encargo que te pedí en este momento tráelo de inmediato a Bakery golf. Después de eso colgó el teléfono, mirando seriamente a su familia que se había quedado en silencio. — Bien — dijo tomando sus cubiertos para comenzar a comer — Continuemos comiendo. Pasados unos minutos en lo que solo el ruido de cubiertos se podía escuchar, Natalie se comenzaba a remover incómoda, la familia había comenzado a hablar de cosas sin importancia seguramente esperando a que el tal Jonas llegué, ella se giró hacia Rodrigo que parecía concentrado en acabar pronto con el platillo. — ¿Qué estás planeando? — dijo la rubia en voz baja cerca del oído del castaño. — ¿De qué hablas?. — Te lo juro Rodrigo, más te vale que no salgas con una sorpresa extra. El castaño forzó una sonrisa girándose hacia la rubia. — ¿Me estás amenazando chula? Habló entre dientes sin dejar de sonreír, su familia estaba muy al pendiente de los dos y no estaba para más escándalos. — No, solo digo que hoy es el último día en que nos veremos y si haces esto algo más grande será complicado después. — Ya lo sé chula, tu solo actúa bien entre mejor novia seas el ascenso de tu padre estará mejor. Natalie estaba por arrepentirse pero vio llegar de manera apresurada al joven asistente. — Joven Rodrigo lamento la demora. El castaño se levantó tomando el paquete que Jonas le ofreció. — No te preocupes Jonas, disfrutamos de un agradable almuerzo en familia mientras llegabas. Jonas lo miraba nervioso porque sabía que desayunar en familia no había sido parte del plan inicial de Rodrigo aquel día y mucho menos lo que ahora planeaba hacer. — ¿Está seguro joven que es un buen plan? — preguntó en voz baja al castaño que miraba el contenido del paquete. — ¿Cuando me he equivocado Jonas?. El joven prefirió no responder sabía de muchas en las que Rodrigo decía tener la razón y no era así. — Muy bien familia, esto no es algo que hubiera querido de esta manera, pero también sé que es lo correcto, Natalie mi amor, ven un momento. La rubia lo miró como si estuviera loco, antes de sonreír nerviosamente y caminar hacia él tomando la mano que le ofrecía. — Natalie mi amor, se que no es la manera pero esto es mero formalismo — Rodrigo sonrió de lado sacando el precioso anillo que el día anterior había comprado y colocándolo en el dedo de la rubia, que lo miraba pasmada — Se que te hubiera gustado una fiesta de compromiso, pero lo importante es que has dicho que sí. El castaño abrazo por la cintura a la rubia llamando así su atención, se acercó a su oído mientras sonreía. — Fingue estar feliz Natalie, parece que has presenciado una muerte. Rodrigo se alejó lo suficiente para mirarla a la cara, Natalie había forzado una sonrisa colocando una mano en el pecho del castaño. — ¿Te gusta el anillo mi amor?. — Si…es…es hermoso — Natalie miraba aquella piedra brillante en su mano, de niña había soñado con casarse como la mayoría a su edad, pero conforme iba creciendo, las prioridades fueron cambiando y estancarse en algo no era lo que le gustaba, pero ver aquel anillo en su mano, se sintió diferente. — ¿No me vas a besar Natalie?. La rubia estuvo a punto de mandarlo al carajo, pero la voz de uno de los presentes se escuchó. — No seas tímida cielo, solo es una muestra de amor entre ustedes. Para Grace Janner ver a su único hijo enamorado de aquella manera, era un regalo del cielo, nunca imaginó que fuera del amor por el trabajo y los estudios, pudiera entrar en su corazón una bella mujer y que además sacará otra cara de él. Natalie le sonrió a la madre de Rodrigo antes de girarse hacia él y besarlo de manera fugaz, pero el castaño le había tomado el rostro profundizando el beso. Rodrigo disfrutaba de aquellos labios mejor de lo que hubiera querido, desde la primera vez que la besó se había obsesionado, no le importaba que su familia viera el espectáculo después de todo eran una joven pareja enamorada, para el castaño lo único que interesaba era que sería la última vez que probaba esos labios y nunca lo admitiría pero en su interior eso era algo que lo hacía molestar. — Eres mía por el resto del día Natalie — dijo al odio de la rubia después de dejar sus labios. Natalie clavo sus ojos en él, el n***o era como un abismo te consumia cada vez que pasabas más tiempo mirandolos, por un instante sintio la necesidad de seguirlo besando pero se vieron interrumpidos por la familia del castaño. — ¡Primo!, muchas felicidades — Teo Sandler el hijo de enmedio; un hombre de la edad de Rodrigo, de niños solían jugar juntos pero cuando entraron a la universidad y los negocios de los Montalbán repuntaron dejando en desgracia los pobres intententos de Zack y Teo Sandler de invertir en un buen negocio, bueno no hace falta más que decir que todo cambio. Rodrigo sonrió de lado recibiendo el abrazo de Teo que rápidamente sonrió hacia la rubia tomando las manos de esta entre las suyas antes de besar el dorso de cada una. — Tú no solo eres preciosa, si no que debes tener un enorme corazón para aguantar a Rodriguito, pero si al final decides no casarte con él… — Teo le guiño un ojo antes de alejarse con una sonrisa. Natalie sonrió. — Tienes una familia encantadora — dijo antes de volver a tomar asiento recibiendo las felicitaciones de todos. Rodrigo colocó las manos en sus bolsillos viendo aquella escena familiar, cuando hace meses realmente le dijo a Simone Malverde que la convertiría en su esposa, imagino que ella se encargaría con su madre de absolutamente todo, él solo tendría que tomar el puesto que le correspondía, pero ahora con su familia reunida riendo de lo que la rubia les contaba, eso cambiaba todos sus planes.
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