Problemas

838 คำ
Narra Samuel. No habían pasado 24 horas desde que me instalé en casa de Iker cuando recibí un mensaje de Ignacio: “Hecho abogado. Pero tengo que hablar contigo en privado” “Estoy en el despacho. ¿Te viene bien en una hora?” Doble check azul. Escribiendo… “Perfecto” Salí del despacho y llamé a mis dos compañeras, —Rosa, Mónica ¿Tendríais la amabilidad de venir? —“Sí, claro” contestó Rosa —“Voy”, respondió Mónica Rosa, Mónica… mis dos compañeras, dos mujeres de 26 de años, preparadas y con ganas de comerse el mundo, mi particular aportación a este sistema, y guapas, muy guapas. Rosa medía 1,65 cm, a lo sumo, pelo largo, moreno y de ojos azules, labios finos y pecho normal, ni grande, ni pequeño. Tenía una bonita sonrisa y lo mejor, sin duda, era su inteligencia. Dotada con una memoria exquisita y una capacidad de planificación y deducción digna del mejor de los estrategas. Mónica, en cambio, medía 1,80 cm., y era una auténtica mujerona, todo hembra, caderas anchas, ojos negros, castaña y mucho pecho, seria y perseverante, era incansable. Las seleccioné a ambas, hacía un año, al revisar su currículum vitae, forzado por la repentina muerte de mi compañera Isabel, por un extraño cáncer de pecho (y, por favor, no me digáis que ya nadie muere por eso, porque no es cierto). Su muerte sumió a mi compañero Álvaro en una depresión que le llevó a abandonar el despacho. —“Lo dejo, Samuel” me confesó “No aguanto ni un día más. Estoy agotado” —Yo también estoy mal, Alvarito . Echo de menos a Isabel, pero hay que seguir, colega —Te digo que no. Se acabó, Desconecto. Lo dejo. No puedo seguir, no quiero seguir. Quédate con el despacho. No lo quiero —¿Y qué vas a hacer, tío?. Llevas toda la vida siendo abogado. Nosotros no abandonamos, nosotros morimos siendo abogados. Escúchame. Tómate un tiempo, el que quieras. Descansa, relájate, vive. Yo te guardo el puesto. Solo te pido que me ayudes a preparar a dos abogados. Dos personas que puedan cubrir vuestro hueco. Yo solo no puedo, Álvaro —Esto nos va a matar, Samuel. Nos erosiona poco a poco, día a día, caso a caso. Mírate y dime que esto es lo que queríamos —Ya no me acuerdo de lo que queríamos, Alvarito. Perdí eso en el camino. Pero sí sé que esto es lo que hay. Te digo lo que Burt Lancaster a Jack Palance, Nos quedamos porque tenemos fe, nos marchamos porque nos desengañamos, regresamos porque nos sentimos perdidos, morimos porque es inevitable. Este despacho fue el sueño de Isabel, nuestro sueño, Álvaro y ella murió soñando, joder, que el diablo se lleve mi alma si permito que esto se hunda. Por favor, solo te ruego que enseñes a quien elija, tres meses, no te pido más —Está bien Samuel. Tres meses y me voy —Trato hecho Álvaro… y gracias —No hay de qué —Una última cosa… ha sido la cita de “Los profesionales” lo que te ha convencido ¿verdad? —“Claro que sí, cabrón manipulador” respondió sonriendo —Sabía que memorizarla me sería útil algún día Lo cierto es que, al final, fueron seis meses, pero una vez transcurridos, Rosa y Mónica estaban preparadas. Rosa llevaría conmigo civil y penal, Mónica, laboral y fiscal y yo llevaría, además, el tema administrativo. No habría sueldos. A partes iguales en ingresos y gastos. Isabel estaría orgullosa y Álvaro también, cuando volviera, porque siempre he tenido la certeza de que volvería. Así pues, señalé las gestiones a realizar: —Rosa, por favor, lleva este expediente a Notaría, partición y adjudicación de herencia. —¿A qué Notaría, Samuel? —La de D. Paul. Mónica, por favor, necesito que presentes este recurso de reposición en hacienda. —¿En registro?”, preguntó Mónica. “¿No sería mejor presentarlo telemáticamente? Tengo certificado digital” —Mónica, lo quiero en registro y lo quiero ya —Vale, vale, Samuel pero me siento como si fuera una puta esclava —“No haberte echado novio”, bromeé —“¿Con quién te vas a entrevistar, Samuel?” preguntó Rosa, “¿Quieres que me quede?” Rosa, a Notaría, por favor. Es un tema personal —No me convence mucho lo que me dices, pero te haré caso… al menos, de momento “Qué chica” pensé “No se le escapa ni una” Me senté en el sillón del despacho y me dispuse a esperar a Ignacio. No tardó apenas unos minutos. Se cruzó con Mónica y Rosa. Entró y cerró la puerta. —“Echa el cierre, Ignacio, y pasa” le indiqué —Vaya par de jacas, Samuel. Qué buenas están, sabes elegir bien, hijoputa —Pasa y déjate de hostias. ¿Qué has descubierto? —Problemas, Samuel. Y de los gordos
อ่านฟรีสำหรับผู้ใช้งานใหม่
สแกนเพื่อดาวน์โหลดแอป
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    ผู้เขียน
  • chap_listสารบัญ
  • likeเพิ่ม