Narra Noemí
Me repuse y arranqué el motor del coche. Tardaría media hora en llegar a casa. Tenía tiempo suficiente para pensar en todo lo que había pasado ese día.
Una montaña rusa de emociones. Sensación de culpabilidad, de libertad, de amor, de vicio, de ira y de humillación.
La humilladora humillada, y todo en unas pocas horas. Tenía razón quien dijo que la realidad supera la ficción.
“Joder” me dije, “Todo a la mierda. Por gilipollas. Por zorra. ¿Qué te creías vieja puta? Ana tenía razón”
Encendí el equipo de música del coche y sonó Louis Armstrong, “Wonderful World”, un CD grabado con una selección hecha por Samuel. Siempre grababa un CD con canciones. Odiaba el spotify, le costaba acostumbrarse a las nuevas tecnologías.
Finalmente llegué a casa. No me sorprendió en absoluto la ausencia de la ropa de Samuel en sus armarios, ni que la mesilla de noche estuviera vacía. Noté que se había llevado algo de música, y entonces, justo entonces, fui consciente de lo grande que era el piso, el inmenso vacío que dejaba Samuel. Sentí frío y me tumbé en el sofá. Cerré los ojos, necesitaba dormir y una siesta me vendría bien.
Cuando desperté, me animé diciendo “Adelante, tú puedes con esto. Hay que desconectar, Noemi”, pensé en llamar a Juan, darle mi voto a cambio de su ayuda para irme a EE.UU. “En unos meses acaba el curso. Es cuestión de meses. Aguanta Noemi, coordinas con los niños y nos vamos un par de años a Norteamérica”, desbloqueé el móvil y vi dos vídeos enviados por Juan a mi w******p.
De repente se me heló la sangre y mi corazón se detuvo. No podía ser, era imposible. Los dos vídeos eran de los dos escarceos que tuve con Enzo en la sala de profesores. El de hace tres años y el de este curso. Eso significaba que había cámaras en la sala de profesores y nos habían grabado.
Llegó otro mensaje, “Vota a favor o será peor”
Llamé al móvil de Enzo,
—“Noemi cielo, lo siento”
—“Déjate de rollos, Enzo. Esto es serio. Juan me ha mandado dos vídeos. Nos grabaron, Enzo, Nos grabaron follando. Nos quiere chantajear. Tenemos que denunciarlo a la Inspección.”
—“Espera, espera Noemi. No te precipites. Una denuncia no nos interesa a nadie. Joder, piénsalo. Hemos follado en la Sala de Profesores. Nuestra carrera estaría acabada. Me costó mucho sacarme la plaza, Noemi. No estoy dispuesto a perderla por una mamada y un polvo. Hagamos lo que dice y santas pascuas”.
—“No, Enzo. No podemos ceder, si cedemos volverá a chantajearnos. Hay que denunciar”.
—“Yo no pienso denunciar, Noemi. Haz lo que quieras pero yo no voy a denunciar”.
—“Eres un cobarde, Enzo, un puto cobarde. Samuel nunca habría cedido”.
—“Sí, sí, Samuel era muy bueno, inteligente, luchador y valiente, lo sabemos. Por eso acabó siendo un cornudo”
—“Vete a la mierda”, le dije y, acto seguido, colgué.
Todo era muy confuso. Demasiadas emociones en tan poco tiempo. No sabía qué hacer. Samuel podría haberme asesorado pero esa ya no era una opción.
Llamé a mi hermano. Él sabría aconsejarme.
—“Tienes que interponer una denuncia ante la inspección, y casi te diría que en comisaría también, ¿qué te ha dicho Samuel?” Oí la voz de mi hermano a través del móvil.
—“No quiero molestarle con esta tontería”, mentí
—“Es un chantaje y nada más. ¿Tienes algún modelo de denuncia?”
—“Sí, por eso no te preocupes, te lo envío por email”
Cinco minutos después recibí el email con el modelo de denuncia en formato Word. Rellené la denuncia de manera escueta, solo hablé del proyecto, de mi negativa a votar a favor y de las presiones recibidas, mencioné los vídeos, pero no el contenido.
“Reserva tus mejores armas para la traca final” solía decir siempre, Samuel.
Redactada la denuncia la formateé en PDF, la firmé y la presenté en la página del Ministerio de Educación. Descargué el resguardo de presentación y se lo envié a Juan por w******p con un mensaje que decía. “Jódete, cabrón”
Diez minutos después, recibí un vídeo. Esta vez de Enzo …
Es curiosa la capacidad que tiene la vida para sorprenderte. Cómo el destino va poniendo a todos en su sitio.
En efecto, el vídeo era de Enzo. El muy malnacido había grabado la mamada que le hice en su casa. Junto al vídeo, un mensaje “Retira la denuncia”
Juro que desconecté. Algo en mí hizo click y desconecté. Así de fácil, asi de simple. Le di al play para ver el vídeo. Mis ojos empezaron a llorar. En el vídeo no había una diosa del sexo que se desnudaba eróticamente y se lanzaba con sensualidad felina a un dios apolíneo del sexo. Mis movimientos eran torpes y carentes de agilidad alguna, mis pechos figuraban pequeños, caídos. Lloré durante toda la duración del video.
Ana tenía razón. Era una vieja haciendo una felación a un joven. Una vieja chupapollas y que, además, le preparaba la comida.
Vi el video tres veces más. Me castigué, lloré, hipé. Agoté todo lo que podían dar de sí mis ojos. Y pensé “Lo sabía todo. Por eso nunca recibió ningún mensaje de Juan. Ya tenía su voto”
No sabía qué me dolía más si haber sido tan infiel o tan ingenua. Ya daba todo igual. Apagué el móvil, apagué la luz.
“Mañana o pasado mañana retiro la denuncia y pido traslado donde sea”