Relata Mónica “Mierda” me dije cuando me di cuenta de que me había dejado el expediente en el despacho. Tenía cita para el día siguiente en la Delegación de Hacienda para las 9:00 de la mañana y tenía que llevar la carpeta que contenía los informes, el escrito de alegaciones y los documentos a presentar. “Joder, es que estoy en Babia” me recriminé. Di media vuelta y regresé al despacho. No hubo problemas para aparcar “al menos en eso he tenido suerte” me dije. Afortunadamente el cierre estaba a medio echar y solo tuve que abrir la puerta con mi llave y entrar al despacho, retirar la cartera y volver a casa, esta de vez de verdad. Entré y oí unos gemidos nada sospechosos porque se trataban claramente de gemidos de placer. Cuando sabes de qué se trata no hay sospecha sino certeza. Pero no

