Relata Rosa. No puede ser. No me lo puedo creer. Joder, tenía que haber ido con él, esos enfermeros del carajo no me dejaron entrar con él. Ese grito…. Dios, ha sido aterrador. Se ha intentado cortar las venas. El suelo debe estar lleno de sangre, su sangre, se derrama por debajo de la puerta. Los celadores consiguen abrir la puerta. Samuel está sentado en el suelo, lleno de sangre, pálido, y me mira, otra vez, pero no sonríe, está llorando, y siento su mirada como si me acusara, fija en mí hasta que el iris de sus ojos se esconde en sus cuencas y grito. Un grito de terror que barre finalmente el conducto lacrimal para fluir con todas sus consecuencias por todo mi rostro. Me sacan de la habitación 207, se llevan a Samuel en volandas, y me quedo mirando esa sala vacía, con la mirada fija

