Capítulo IV-3

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En la práctica, no había nadie a la vista cuando ellos llegaban, pues los eunucos negros se encargaban, al grito de ";Helvet, Helvet!" de que toda la gente a su cargo quedara encerrada bajo llave. Siguiendo las indicaciones de Mihri, Yamina se las arregló para evitar asistir a las clases sobre el amor. Primero dio la excusa de que estaba enferma; al día siguiente, la de que Mihri la necesitaba, a pesar de que, como le dijo la circasiana, era una excusa que sólo podía usarse una vez. Al tercer día, trataba de pensar qué decirle a la Haremlik, cuando la llamaron al cuarto de Mihri. Mihri estaba muy alterada y al mismo tiempo extremadamente bella. Sus ropajes eran más espléndidos que nunca, y lucía unos diamantes alrededor del cuello y de las muñecas, que Yamina jamás había visto antes.

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