Capítulo 7: ¿Dónde está mi papá?

1688 คำ
Narra Céline Seis años después, estoy recibiendo mi título, me tomó un poco más que a los demás, pero en estos años he aprendido demasiado; maduré tanto que comprendí que todos tienen un ritmo diferente. A unos nos toma un poco más de tiempo que a otros, pero al final todos llegamos a la meta. Me gradué con honores y por fortuna, gracias a mi promedio, me gané media beca para terminar mis estudios; eso de algún modo se sintió como un alivio para mi bolsillo, aunque debo decir que seguí recibiendo muchas ayudas. Jamás pensé que a mi vida llegarían personas tan buenas, que ha hecho tanto por mí que no tengo como pagar sus bonitos actos. Mi bella Melody tiene cinco años, desde ya me pide emocionada su fiesta de cumpleaños número seis y aún faltan algunos meses para eso. —Señora Margarita, señor Francis, por favor vengan, quiero que ustedes también estén en la foto. —Oh, ¿de verdad? —Claro que sí, por favor, sería un honor para mí. Ellos dos se han convertido en las personas más especiales, puedo decir que el cariño que siento por ellos, es parecido a un paternal. —Mamá, ¿y yo? —Tú también, mi amor, ven aquí —le digo a mi hija quien corre emocionada. —Bien, sonrían ¡Digas wiski! —grita el camarógrafo que captura uno de los momentos más importantes de mi vida. Volví a casa con uno en la garganta, no podía creerlo. En un abrir y cerrar de ojos habían pasado los años y no podía asimilar que por fin había terminado mi carrera. En casa del señor Francis, él y su esposa me ayudaban a empacar mis cosas. Ya había llegado mi momento de irme a un apartamento, de vivir de forma independiente y esto también se los debo a ellos. —Espero que vengas a visitarnos, Melody, no te olvides de mí. —Vendré siempre, abuela. Melody tiene una relación muy bonita con la señora Margarita, le agradezco tanto haber cuidado de ella desde que era una bebé. —Es una lástima que no haya escuelas cerca de aquí, no quisiera que se fueran. —Sí, para mí también es muy triste, tengo tantos recuerdos en este lugar que se nublan los ojos de solo pensar que debo irme. Desde antes de terminar mi carrera estuve trabajando en un proyecto, aquel proyecto me abrió las puertas de una compañía de la ciudad y ellos me han permitido trabajar en ese lugar. Ahora que tengo mi título firmaré un contrato indefinido y eso me permite dar un paso más hacia adelante. Irme de aquí no era una opción, pero a la vez siento que es necesario. Siento mucha gratitud con estas personas, pero tengo que buscar independencia, comprar mis cosas, hacer un hogar y, sobre todo, darle lo mejor que Melody podría tener, una buena educación. La escuela más accesible a mis ingresos está demasiado lejos de aquí, así que busqué un lugar estratégico que me quedara cerca de mi trabajo y de la escuela de mi hija. —Vendremos el fin de semana y el siguiente, también el siguiente… no se van a deshacer de nosotras. —Oh, no lo digas de esa forma. Nos harán mucha falta. Después de despedirme de todos, el señor Francis nos llevó hasta el nuevo apartamento. Él ha sido muy prudente y desde aquella noche que me rescató bajo la lluvia, no volvimos a tocar temas referentes a eso o a mi familia. —Es muy lindo, sé que estarán muy cómodas aquí. —Sí, tiene una linda vista; pero no se sentirá igual a su casa. Oh, extrañaré tanto estar con ustedes. El señor Francis me da un abrazo y unas palmadas en la espalda. —Estoy muy orgulloso de lo que has hecho, Céline. Tu madre estaría muy orgullosa de ti en este momento. Francis siempre menciona eso, no sabe cuánto me reconforta escuchar esas palabras. Recordé un día que él me contó sobre mi madre, me dijo que charlaba mucho con ella y que siempre estaba muy sonriente. Tenía tanta confianza con el señor Francis que le pedía consejos. Llegó a preocuparse tanto por el bienestar de los empleados de la casa que más de una vez visitaba a su familia aquí en Francia y que mi padre nunca se enteraba. Me dijo que ella los ayudó muchas veces cuando algunas cosas no marchaban bien. También, me contó que unos días antes de su muerte, ella le había contado algunas cosas; él cree que ella presentía lo que sucedería pues le pidió cuidar de mí si algún día ella llegase a faltar. Hoy más que nunca, siento que mi madre a pesar de haberse ido al cielo, nunca me abandonó; dejó los mejores ángeles conmigo. —Gracias, señor Francis. Mis ojos se nublaron un poco y tomé sus manos. —Esto ha sido posible por ustedes, y verá que seré mejor cada día. —Lo sé, por favor cuida de Melody y si necesitan algo, no dudes en llamarme a mí o Margarita. —Claro que sí. Unos días después. —Buenos días, ¿Quién tiene escuela hoy? —No quiero —escuché en un susurro. —Cariño, vamos, tienes que despertar. Tenemos que ir a la escuela. —Mamá, dame unos minutos más —dice Melody arropándose de nuevo. —No, tienes escuela. Arriba —digo quitando las cobijas. Le di unos toquecitos en su trasero y al final se rinde, ella abres sus ojos y se sienta en su cama. —¿De verdad tengo que ir? —Sí, así es. Ella se aferra a sus cobijas y como la conozco perfectamente le dije: —Te preparé unos panqueques con miel de maple. Ella suelta la cobija y me observa. —¿También con fresas? —Sí, también con fresas. —¡Yes! Ella saltó de la cama y corrió afuera, sonreí al verla y la seguí, pero antes de que entrara al baño, ella se detiene y me observa. —¿Qué pasa? ¿quieres algo más? ¿quizás arándanos? Ella niega con su cabeza. —Mamá, ¿puedo preguntarte algo? —Sí, cariño, lo que quieras. Melody es una niña muy ocurrente y lista, tiene demasiada madurez para su corta edad, así que siempre espero alguna ocurrencia de su parte. —¿Quién es mi papá? —¿Eh? Su pregunta me tomó por sorpresa, es la primera vez que ella me pregunta algo así. Desde que está pequeña la única figura más cercana a la paternal ha sido el señor Francis y creo que por eso nunca lo habías preguntado de esta forma. —¿Tú papá? —Sí, ya sé que no es el señor Francis ¿verdad? —No, claro que no… él… —Entonces ¿Quién es? ¿Quién es mi papá? Por un momento no supe que decir, pero luego entendí que es una niña y que es normal que haga estas preguntas y que quizás no sea solo por esta vez; en eso ultimo no me equivocaba. —Bien, tu papá es… es un empresario que siempre está muy ocupado —respondí lo primero que se me ocurrió—. ¿Listo? Vamos a prepararnos para desayunar panqueques. —¿Dónde está? —insiste en saber más. —Está… está en un viaje muy largo y no se sabe cuándo vuelva. Pero ¿por qué lo preguntas? —Porque a Cristine, mi compañera de clases, su padre la lleva todos los días a la escuela. Ella nos dijo que su papá mete a los malos a la cárcel y luego me preguntó por mi papá y yo… —¿Qué le respondiste? —No le dije nada. —Bien, si Cristine pregunta le dirás lo que te dije, ¿de acuerdo? Ahora vamos a organizarnos porque ya quiero probar esos panqueques. —¡Sí! —gritó ella emocionada entrando a la ducha. Fue la primera mentira que le dije sobre su padre, obviamente no le diría verdad, es muy pequeña para entenderlo. Pude decir otras cosas, pero es difícil apagar esa luz tan brillante que irradian sus ojos verdes. Pensé que aquella conversación sería esporádica y que pasaría más tiempo antes de que ella quisiera saber más sobre su papá, pero en realidad no fue así. A partir de ese momento, todos los días, cada momento, en cada oportunidad, ella hacía muchas preguntas. —¿Cómo se llama mi papá? ¿Cómo es? ¿Cuándo lo viste por última vez? ¿Sabes si vendrá para mi próximo cumpleaños? Cada día había una pregunta diferente, empezaba arrepentirme de haberle respondido aquello ¿Debí ser honesta? La respuesta es sí, pero hice justo lo opuesto. —Se llama “el señor Foster” todos le dicen así en la empresa donde trabaja. El señor Foster es alto y muy guapo, lo vi cuando eras una niña más pequeña, tanto que no recuerdas ese día. Fuimos a una playa en… en Miami, fue un gran día. Bien, eso es todo, es hora de dormir. —No, falta una pregunta más ¿Sabes si vendrá para mi próximo cumpleaños? —Bueno… en realidad… Ella me observa directo a los ojos y me siento intimidada. —Quizás, pero no sabría con exactitud. Es que trabaja demasiado y… Sus ojos me impiden destrozarle el corazón. —En realidad está muy lejos, muy, muy lejos. Y Además de trabajar ayuda a las personas y niños necesitados. —¿De verdad? O sea ¿Es como un héroe? —Algo así, así que se le hace un poco difícil venir y abandonar a todos esos niños que lo necesitan. Ella me observa esperando más, pero mi conciencia me impide seguir. —Listo, es hora de dormir, señorita. —No, quiero saber más. —Es todo por hoy. Cubrí su cuerpo con la cobija y le di un beso en la frente. De saber que todas esas mentiras me saldrían caras, creo que hubiese reconsiderado la posibilidad de decirle la verdad, claro, de una forma más romantizada.
อ่านฟรีสำหรับผู้ใช้งานใหม่
สแกนเพื่อดาวน์โหลดแอป
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    ผู้เขียน
  • chap_listสารบัญ
  • likeเพิ่ม