Capítulo 6: Melody

1746 คำ
Narra Céline Las palabras de mi padre empezaron a tener poder sobre mí, no han pasado veinticuatro horas y empiezo a sentir el peso de mis actos. —Richard, necesito hablar contigo. Cariño, me ha pasado algo y las cosas no están bien en casa, ¿es posible vernos ahora? No tengo mucho tiempo, por favor responde apenas veas este mensaje. Miraba la pantalla de mi móvil ansiosa, esperando que el tren no se pusiera en marcha. No sé por qué tenía esa sensación de que no iría a Francia, que tenía una oportunidad de quedarme aquí, pero esperé y esperé y Richard solo vio mi mensaje y no respondió. —Richard, por favor. Necesito que me ayudes, estoy en un tren justo ahora. Miraba como él leía mis mensajes y seguían sin responder. —Cariño, por favor. La palabra “escribiendo” aparece en su chat y mi corazón saltó, tenía una sonrisa nerviosa, pero luego esta se fue borrando con el paso de los segundos. —Lo siento, no puedo ayudarte. —Es de vida o muerte, te necesito. Puedo contarte cuando nos veamos, me voy a ir de Madrid, no quiero alejarme; no tengo a donde ir. Estoy desesperada. —Ya sé lo que pasó y no puedo hacer nada. No debería ser yo quien resuelva tus malditos problemas; aun me cuesta creerlo, es una maldita zorr*. —No es lo que crees, puedo explicarlo. —Lo siento, Céline. Solo no escribas, ¡jódete! Le seguí enviando mensajes, pero no llegaban, creo que me ha bloqueado. El tren empezó a moverse y con el mis lágrimas. Subí mis piernas a mi asiento y abracé mis rodillas, tenía el corazón destrozado y lo único que quería era el abrazo de alguien; pero me tengo solo a mí en este momento. En medio de lágrimas me quedé dormida, creo que estaba soñando con mi madre, no estoy segura. Tengo pocos recuerdos de ella y hay días en los que simplemente olvido su rostro. —Señorita, señorita hemos llegado; debe bajar del tren. Señorita ¿me escucha? Mueve mi hombro y salto de inmediato. —¿Qué pasa? La mujer que iba a mi lado me observa confundida y repite sus palabras: —Ya llegamos. —Oh… Oh, me quedé dormida —respondí tomando mis cosas para bajar. Tragué sonoramente y caminé entre las personas, no sé en qué dirección exacta irme o por lo menos quien me está esperando. Miraba a todos lados y veía a algunas personas siendo recibidas por sus familiares. —¿Céline? —escucho que alguien me llama. Del otro lado de donde estaba había una mujer sonriéndome. —Eres Céline ¿verdad? Asentí y di pasos cortos hacia ella. —Usted es la esposa de Francis. Ella sonríe ampliamente y asiente, la mujer se acerca y abre sus brazos para abrazarme con fuerza. —Bienvenida a Francia. Mi nombre es Margarita. —¿Cómo me reconoció? Yo no la conocía, es la primera vez que la veo. —Francis me ha mostrado fotos de ti y tu familia, te conozco desde que eras una bebé. La mujer toma mi morral y me ayuda a llevarlo. —Oh, no tenía idea. —No tiene por qué saberlo. Ahora vamos, en casa tengo una rica sopa para ti, debes tener hambre. Margarita me lleva a su casa, un lugar pequeño, pero muy cálido. —Gracias por recibirme —dije sentándome en su mesa. Aquel plato de sopa despertó mi apetito y lo devoré en menos de nada. —Francis me ha contado que lo que pasó con tu padre, así que no te preocupes, puedes quedarte aquí el tiempo que necesites. —Gracias. Ella asiente y me sirve un poco más de sopa. Mientras comía, se me nubló la vista y no pude evitar soltar el llanto, estar en este lugar, muy diferente a mi hogar, siendo ayudada por una desconocida, remueve todas mis fibras y me hacen quebrar. —Un bebé es una bendición, mi niña —dice la mujer tomando mi mano—. No te sientas mal, la vida no se acaba, todo lo contrario; conocerás el amor más grande y puro. Con esto no te digo que no sentirás miedo, porque sí, muchas veces no sabemos cómo lidiar con un ser tan pequeño, no somos expertos; pero el tiempo te enseñará. Yo puedo enseñarte muchas cosas, soy mamá de tres varones y una niña. La mujer se levanta de la mesa y me muestra unas fotografías. —Estos son mis hijos. Ahora todos están adultos y tienen sus familias. Fui mamá muy joven, pero tuve la fortuna de encontrar a un padre muy responsable. Francis ha sido muy bueno conmigo. Aunque, también he sido muy fuerte, se requiere de mucha valentía. Me quedaba en casa mientras él trabajaba y mira, el tiempo pasó en menos de nada. Miraba su fotografía y sentía miedo. —No sé si sea igual de valiente. —Con ver tus ojos, lo sé. Se requiere de mucha valentía para tomar la decisión de traer a un bebé al mundo, así que no lo pongas en duda. No sé qué tanto sabe Margarita sobre lo que pasó, pero le agradezco que no me haga preguntas y más que no me cuestione. Los primeros días no fueron fáciles, no voy a romantizar la situación porque obviamente adaptarme a una casa que no es la mía, es muy difícil. Aquí todo es distinto y para alguien que ha crecido en cuna de oro, es complejo, pero intento hacerlo bien. Margarita me ha estado enseñando algunas cosas, hice por primera vez actividades que nunca aprendí y que son necesarias; como cocinar, lavar mi ropa, etc. Con ella he aprendido a ser autosuficiente, jamás pensé que ese tipo de cosas me harían una verdadera mujer independiente. Mi panza crecía lentamente y también aprendí a manejar mis síntomas, Margarita me ayudaba con eso. Tenía la experiencia de una mujer que ha tenido cuatro hijos. Con el paso de los días la esperanza de recibir una llamada de mi padre se fue muriendo, sabía que su orgullo y la mala junta de mi tía Amelia, no se lo permitirían. Le ayudaba a la esposa de Francis en todo lo que podía, no quería ser una carga para ella, hasta le ayudaba con su trabajo; ella hacía tejidos y también aprendí a tejer; vi por primera vez marcas en mis dedos por realizar algo y nunca me sentí tan bien de ver unas ampollas. Empecé mis controles médicos en Francia, todo iba bien con mi embarazo, aunque debo confesar que era extraño ir a mis citas y ver a las demás mujeres acompañadas de sus parejas, pero al final no estaba sola, alguien dentro de mí me hacía compañía. Los días tristes algunas veces llegaban, pero la mañana siguiente me recargaba y me daba ánimos. —Vamos, yo puedo, nada me queda grande; debo ser fuerte por mi hijo —me decía cada vez que mis ojos se cristalizan mientras tocaba mi vientre. Empecé un trabajo de medio tiempo en un restaurante cercano a la casa de Margarita, ella tuvo que interceder por mí porque en mi estado es complejo encontrar un empleo, pero luego de tres meses; ya conocía el manejo de todo el lugar y me había ganado el cariño de mis jefes. —Céline, ¿ya terminaste? —Sí, solo me queda organizar esto y es todo. —Déjalo así, por favor ven; tengo que hablar contigo. Mi jefa, la señora Nora, es muy amable; me da momentos de descanso y me permite comer lo que se me antoje. —¿Pasa algo? —Céline, ¿recuerdas lo que hablamos el otro día? Que me contaste que querías estudiar y que tras tu embarazo debiste aplazar tus planes… —Sí, lo recuerdo. —Bien, quería entregarte esto. La mujer me entrega unos folletos con la información que necesitaba para inscribirme. —Allí están las carreras disponibles, deberías mirarlo y animarte a estudiar. Lo primero que vi fue el valor de la inscripción y de los semestres. —Vaya, es grandioso, pero… pero no tengo como pagar esto. En este momento es complejo para mí. —Bien, justo hablaba con mi esposo sobre esto y él por su negocio necesita a alguien que sea bueno con los idiomas y tú obviamente eres la mejor, nos has ayudado con los turistas y él necesita de alguien que lo apoye; su negocio ha crecido y tiene algunos clientes de Estados Unidos, podrías ayudarle con eso y recibir un pago extra ¿Qué dices? Eso me gustaba, pero a la vez sentía temor. Una mujer joven y embarazada iniciando la universidad, era complejo. Tendría menos tiempo, debo trabajar y cumplir con mis deberes académicos, no sé si pueda. ¿Qué pasará cuando nazca el bebé? Alguien debe ayudarme a cuidarlo si seguiré estudiando. —Lo pensaré —respondí. —Espero que te animes, Céline. —Gracias, señora Nora. Me tomó unos días pensarlo, pero al final, Margarita terminó de convencerme. —Yo te puedo ayudar con el bebé, me queda mucho tiempo libre en el día. Por las noches que vengas de estudiar puedo hacer mis tejidos. Inscríbete, no pierdas la oportunidad, estoy segura que puedes hacerlo. —Dios, sé que no será fácil —susurré mirando aquellos folletos. —Nada en la vida es fácil, pero no hay momentos duros eternos; ya verás, un día estarás sentada en tu oficina recordando este momento. Todo pasa, solo tienes que empezar si quieres terminar. Y así empecé todo, me inscribí en algo que realmente me gustaba, y no, no era la medicina; me inscribí en arquitectura. Tal como pensaba, no iba a ser fácil, trabajaba y estudiaba mientras mi vientre crecía y crecía al punto de andar con mis pies hinchados; por fortuna, mi bebé, se ha portado muy bien. El tiempo pasó y los nueve meses llegaron antes de lo que imaginé, el día de conocer a mi pequeña llegó. Sí, es una niña, a quien llamé Melody. La señora Margarita no se equivocaba en sus palabras, es el amor más grande que se puede sentir. Tener a mi hija en brazos, verla sana, tan pequeña y tan bonita, me hacía sentir nostalgia. Tanto esfuerzo, tantos momentos difíciles, sin duda han valido la pena porque ella lo es todo, ahora es mi impulso y lo que me anima a seguir adelante.
อ่านฟรีสำหรับผู้ใช้งานใหม่
สแกนเพื่อดาวน์โหลดแอป
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    ผู้เขียน
  • chap_listสารบัญ
  • likeเพิ่ม