¡Él quería creer en la austeridad! El deseaba la vida tranquila, exenta de problemas, que había escogido para sí mismo. El Vizconde había dicho que aquélla era su oportunidad de ayudarlo, pero ella había fallado. Lo comprendió al darse cuenta, a su llegada, de que no la presentaba como a su esposa, como era lo natural, sino como a alguien con quien estaba viajando. Había sido la Duquesa de Warminster en Escocia; su hermana, lady Jabina Minster, en el yate y en Francia; su esposa de nuevo, como María Boucher. Pero ahora, era sólo una “señora” anónima: nadie de importancia. Jabina se sintió llena de tristeza, pensando que el destino la había tratado con crueldad. No había tenido, en realidad, oportunidad de hacerse amar por él, ni de cambiarlo, como el Vizconde le sugirió. Tal vez, pens

