OCUPA SU LUGAR.

1977 คำ
Ciudad de Guatemala. Allegra se desplomó sobre el pequeño sofá, sus piernas habían perdido fuerza al escuchar las palabras de su madre. A ella el dinero nunca le había importado, pero saber esta verdad cambiaba su perspectiva de las cosas. Alessia no se estaba casando por amor, seguramente lo hacía para complacer a su padre, como si no tuviese otra opción. ¿Por qué aceptar algo en contra de su voluntad? Era algo que jamás comprendería de su hermana. Se preguntaba si Alessia alguna vez había tenido sueños o anhelos. Parecía vivir únicamente para complacer a su padre. Se lamentaba profundamente por ella; porque ante la actitud de sus padres, solo podía pensar que todo eso de la boda era una obligación para Alessia. Pensó en Lucca, el hombre con quien su hermana iba a casarse en dos semanas. ¿Para él la boda también suponía un mero trámite comercial, o estaba sinceramente enamorado de Alessia? Recordó la llamada de hacía apenas unos minutos, llegando a la conclusión que Lucca amaba realmente a Alessia, su tono de voz había sido dulce y amable. ¿Por qué Alessia se prestaba a ese juego cruel? ¿Qué se había perdido ella en los cinco años que había estado alejada de la familia? —No quiero que nos juzgues a la ligera, Allegra. Esto no ha sido fácil para ninguno de los tres, no sabes lo difícil que fue convencer a Alessia de aceptar salir a cenar con Lucca la primera vez, pero luego ella lo conoció y puedo jurarte que se ha enamorado de él. Siempre es atento y cariñoso con ella. ¿Quién no se enamoraría de un hombre como él? —preguntó Consuelo, acomodándose en la cama. Allegra tenía dudas al respecto, pues su hermana no se había mostrado tan efusiva al darle la noticia de su matrimonio y se lamentaba no haber preguntado e insistido para conocer un poco más de su relación. Ahora era tarde, Alessia estaba en coma y sus padres solo buscaban una manera de no cancelar la boda. —¿Qué esperas que piense? Alessia está en coma y ustedes se niegan a decirle la verdad a Lucca. ¿Sabes lo que sufrirá si llega a enterarse por otras personas? Debemos ser nosotros, la familia de su prometida, quienes debemos hacerlo de su conocimiento y que sea él quien elija esperar o no a Alessia. Si la ama tanto como dices, sabrá esperar —insistió Allegra, pero sus palabras parecían caer en saco roto. Su madre negó con un movimiento de cabeza. —¡No lo entiendes! Si Lucca decide dejar a Alessia, no tendremos cómo pagar su tratamiento y su estadía en esta clínica. Tendremos que desconectarla del respirador. ¡No seas egoísta, Allegra! Por una vez, por una maldita vez piensa en tu familia. Te marchaste hace cinco años y no dije una sola palabra. Hiciste tu vida lejos de nosotros, sin importar si tu padre podía o no sostener el negocio familiar, si no fuera por Alessia, estaríamos en la ruina desde hace mucho tiempo; pero ella ha conseguido un importante contrato que solo se firmará entre Lucca y tu padre, un día antes de la boda. —¿Y qué esperas que yo haga? No sé nada sobre telecomunicaciones y no es ningún secreto para ustedes, fui siempre sincera, jamás les he mentido al respecto. ¿Qué pretendes? —preguntó Allegra con el corazón desgarrado. —Ocupa su lugar, hazte pasar por Alessia mientras ella se recupera y pueda volver a su vida normal. Allegra agradeció seguir sentada en el sillón, porque difícilmente podría mantenerse en pie. Su madre estaba perdiendo la cabeza, únicamente de esa manera podía explicar su loca petición. —Lo siento mamá, pero no puedo hacerlo y no lo haré. No conozco a Lucca, pero creo que esto que pretenden hacer es una bajeza. Dile lo que ha ocurrido, dale el beneficio de la duda, mamá. Quizá el amor que siente por Alessia sea sincero y él quiera esperar. Puedo hablar con él —volvió a ofrecerse, pero su madre negó. —Si no vas a ayudar no te atrevas a entrometerte, Allegra. Piensa que tu egoísmo puede firmar la sentencia de muerte para tu hermana, sino hay dinero no hay tratamiento. —¡Puedo trabajar! —gritó Allegra con lágrimas en los ojos. —No me hagas reír, con tu empleo de veterinaria ¿crees que nos sacarás adelante? —preguntó Consuelo con enojo. Esperaba que Allegra se doblegara ante las circunstancias, que el amor por su hermana gemela pesara tanto en su corazón que no dudara en decir «sí», pero tal parecía que nada podía conmoverla. —Creo que debemos calmarnos, nos hemos exaltado y tú necesitas descansar. Iré por un café a la cafetería de la clínica, si necesitas algo, toca el timbre y se lo pides a la enfermera. —Salió sin mirar a su madre. Se sentía abatida no solo por la tragedia sino también por el alcance de sus padres. ¿Esperaban de verdad que aceptara? Era una locura, sobre todo porque las mentiras tenían patas cortas y tarde o temprano Lucca Giordano podía descubrir la verdad y las cosas podrían complicarse mucho más, sobre todo para ella, que estaría al frente del cañón. Caminó por el pasillo del hospital, sus manos se aferraban al bolso de su hermana. Se lamentó de no haberlo dejado en la habitación, temía que Lucca volviera a llamar y no poder contenerse y contarle la verdad. ¿Qué debía hacer? Se detuvo en medio del pasillo y recargó la espalda sobre la pared echándose a llorar desconsoladamente, pensando en las palabras de su madre. Ella no era egoísta y sabía que las palabras de su madre tenían como fin hacerla sentir culpable y acatar sus deseos sin decir una sola palabra. Pero ella no era ese tipo de persona, ella no podía actuar únicamente porque le convenía o porque sus padres se lo exigían. Debía pensar en todo lo que significaba aceptar ocupar el lugar de Alessia, no solo en la sociedad sino también en la vida de Lucca Giordano.   Palermo, Italia.   —¿Sigue sin responder? —preguntó la joven de ojos grises, sentándose junto a Lucca. —He podido saludarla por la mañana, aun así, siento que algo va mal. No puedo explicar la sensación en mi pecho, Aurora, solo espero que nada malo suceda. Estoy ansioso por volver, solo deseo que estos días terminen de pasar y poder reunirme con ella —mencionó Lucca mientras movía la copa de vino en su mano. La inquietud dentro de su pecho crecía hasta el punto de sentir que empezaba a asfixiarlo. —Tranquilo, nada malo sucederá. Las cosas malas siempre son las primeras en saberse. Creo que son los nervios de la boda, en dos semanas iniciarás una nueva vida y yo estaré lejos de ti —mencionó colocando la mano sobre la mano de su hermano. —¿Por qué insistes en lo mismo, Aurora? —preguntó recargando la espalda en el sillón de cuero. —No quiero que te molestes conmigo, pero sabes que me gusta ser sincera y no veo a Alessia tan feliz como tú. Siento que en ocasiones se siente obligada a sonreír o incómoda con tus atenciones. No me gusta nada que encima tengas que firmar un contrato de fusión con la empresa de su padre. ¿Qué tiene que ver el dinero con el amor? —preguntó con seriedad. Aurora tenía la sospecha de que Alessia no era sincera en sus sentimientos y temía que su hermano sufriera a causa de eso. —No veas cosas donde no las hay, pequeña. Quizá tus celos te estén jugando una mala pasada. Estoy seguro del amor de Alessia y podrás ser testigo de nuestra felicidad porque no pienso dejarte marchar de casa. —Eres tan insistente, Lucca. En verdad prefiero hacer mi vida lejos y llevarme a Mandy conmigo, Alessia ni siquiera la tolera y no voy a renunciar a ella; ha sido mi compañera por tres años, es parte de mí y de nuestra familia —dijo con sinceridad. Mandy era una hermosa perrita que Aurora había adoptado del refugio para mascotas. Se había enamorado de ella profundamente y la había convertido en parte de la familia, pero su presencia en casa no era grata para Alessia, y Mandy parecía corresponder el sentimiento, pues cada vez que Alessia visitaba la casa, Mandy parecía enloquecer. —No corramos prisas, la boda es en dos semanas y la luna de miel está prevista para que sea de una semana. Quédate en casa, estoy seguro que llegaremos a un acuerdo. Eres todo lo que tengo, Aurora, y no quiero tenerte lejos. Eres mi hermana pequeña y mi deber es cuidarte y protegerte —mencionó poniéndose de pie. Estaba seguro que sería difícil convencerla, pero nada le haría más feliz que tener a las dos mujeres más importantes de su vida en la misma casa; quizá con el tiempo ellas pudieran llegar a entenderse y entablar una buena amistad.  —Está bien, Lucca, voy a darle el beneficio de la duda, pero si la convivencia es insostenible, no podrás obligarme a permanecer allí —pronunció esperando realmente no tener que separarse de su hermano. —Gracias, Aurora. Ahora te dejo, tengo que reunirme en media hora con un socio muy importante. Te veo mañana —se despidió después de dejar un beso sobre la frente de Aurora, esperando terminar pronto con sus negocios para volver a Guatemala. —Ve con cuidado, Lucca —murmuró Aurora sintiendo una opresión en el pecho. Como si una mano le estrujara el corazón.   Ciudad de Guatemala   Allegra volvió de la cafetería una hora después, había querido retrasar su regreso, pero había sido imposible. Estuvo sentada por un largo tiempo en una de las mesas más alejadas meditando sobre los hechos, haciendo cuenta de sus ahorros. No tenía una fortuna, pues su trabajo como voluntaria en la Casa de Mascotas no tenía remuneración alguna. Respiró profundo antes de abrir la puerta quedando frente a frente con su padre. —Has demorado demasiado, estaba a punto de salir a buscarte. Tu madre inclusive llegó a creer que te habías vuelto a marchar. Allegra pudo sentir el reproche en la voz de su padre, imaginaba que ya su madre lo había puesto al corriente de su negativa para ocupar el lugar de Alessia. —Fui por un café, me tomé un tiempo para pensar, eso es todo. ¿Te siente mejor, mamá? —preguntó para evadir a su padre. —No estaré bien hasta que aceptes ocupar el lugar de tu hermana. Lucca volverá. ¡Solo tú puedes ayudarnos, Allegra! No tienes otra opción —aseguró Consuelo, mirando fijamente a su hija.  —Siempre hay una mejor opción, como por ejemplo: decir la verdad, y es lo que ustedes no quieren hacer. No pueden obligarme a aceptar casarme por compromiso y mucho menos aceptar ocupar el lugar de mi hermana. Hablaré con Lucca y le haré ver la situación, no creo él sea un hombre desalmado e incapaz de comprender la situación por la que estamos atravesando, sobre todo por la que está atravesando Alessia —dijo con seriedad para molestia de sus padres. —Sigues siendo tan egoísta como siempre, pensado únicamente en ti, no debería sorprenderme. Y pudiera aceptar tu comportamiento si la vida de Alessia no estuviera en juego. ¡Vas a dejarla morir! Espero que puedas vivir con el cargo de conciencia Allegra, porque difícilmente nosotros podremos perdonarte. ¡No lo hagas por mí, hazlo por ella! ¡Es tu hermana! —gritó con desesperación Lucio al ver la negación de Allegra para formar parte de sus planes. No podían darse el lujo de dejar escapar a Lucca Giordano de sus vidas.
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