CAPÍTULO VEINTE Alec estaba sentado dentro de la humeante forja y frente a un yunque, rodeado de muchachos y hombres en todos lados que se acomodaban en una habitación caliente y llena de vapor en la que sólo se oía el golpe de los martillos contra el acero. Alec golpeaba con su martillo también, aplastando una espada al rojo vivo una y otra vez mientras se ponía blanca y chispas volaban en todos lados, sin que a Alec le importara ya el sudor que le lastimaba los ojos. A su lado estaban Marco y sus nuevos amigos, todos siendo parte de la resistencia y todos alistándose para tomar las armas contra Pandesia. Mientras Alec martillaba, pensaba en la venganza con cada golpe de su martillo. Pensaba en los Pandesianos que morirían gracias a esta arma; pensaba en su hermano y madre y padre. Reco

