CAPÍTULO VEINTIUNO Aidan caminaba por las calles de la capital con asombro, sin importarle el ser empujado por las multitudes e impresionado el ver los edificios más altos que jamás había visto. Había visto los grandes fuertes de la fortaleza de su padre, pero no sabía que los edificios podían llegar a ser tan altos. Todo aquí era diferente y nuevo; las formas de los edificios, los ángulos de las puertas, sus ventanas, las inmensas estatuas con fuentes enfrente de ellas, y apenas podía concebirlo todo. Giraba en todas direcciones viendo todas las cosas. No recordaba nada de esto de cuando era un niño al ser todo memorias vagas. Y mientras caminaba por calles de adoquines pasando plazas y templos, con Blanco a su lado oliendo toda la comida de los vendedores, sentía como si pudiera caminar

