CAPÍTULO VII El Marqués inició el recorrido hacia Epsom. Mientras su tiro de caballo tomaba un paso regular, se regocijó pensando en las actividades placenteras que le esperaban. Al mismo tiempo, no podía evitar sentir una irritante preocupación por Perlita. Pensó en ella y volvió a ver la expresión de su rostro, la nota de incertidumbre en su voz, que revelaban su miedo de permanecer sola. «Es ridículo» pensó. «¿Qué puede pasarle cuando está al cuidado de tanta servidumbre y su propia niñera llegará esta tarde?». Al mismo tiempo se daba cuenta de una inquietud que lo exasperaba. «Mis amigos que se burlaron de mí en el parque tienen razón», se dijo. «Me estoy volviendo un hombre de familia. ¿Quién podrá imaginarse que me inquiete tanto por una mujer que ni siquiera es mi esposa legal?»

