Lizzy bajó la velocidad cuando divisó a Silas esperando por ella mientras corría. Estaba vestido con un traje deportivo que le hacía lucir espectacular, sus ojos de un gris profundo.
—Tengo la información, señorita Lizzy —dijo, siguiéndole el paso—. Carson Carter estuvo preguntando por usted luego de que abandonara el baile —continuó.
Lizzy asintió.
—¿Investigaste sobre Camila Jackson? —preguntó, deteniéndose cuando el reloj indicó que su rutina había terminado.
—Sí, puede revisar los detalles —respondió, entregándole los documentos.
Lizzy miró los papeles como si fuera una serpiente que iba a saltarle encima en cualquier momento; pero recordó que había perdido el miedo y olvidando el lazo que la unió a Camila en el pasado, extrajo la información.
Leyó con cuidado cada línea escrita, con un trago amargo se enteró de que Camila trabajaba para Carson, era su asistente personal, el puesto que un día ocupó Susan. Se había unido a la empresa una semana después de su muerte.
—Qué conveniente —murmuró con veneno. Lizzy no podía disimular el malestar que le retorció las entrañas.
Carson y Camila eran un par de traidores. De Carson, podía esperarlo, lo había encontrado besándose con Susan ese fatídico día en que su vida como Felicity terminó, pero ¿de Camila? Ese sí, era un golpe bajo.
—Camila Jackson y Carson viven juntos —añadió Silas, colocando su mano detrás de su espalda, apretando los puños y controlando el enojo que sentía con cada gesto de disgusto que desfiguraba el hermoso rostro de Lizzy.
—¿Viven juntos?
—Sí, lo he confirmado apenas recibí la información —respondió Silas, tan eficiente como siempre.
Lizzy devolvió los papeles al sobre y se los entregó a Silas, tomó la pequeña toalla que descansaba sobre la mesa y se limpió el sudor.
—Beba un poco de agua —le sugirió Silas, entregándole la botella.
—Gracias. ¿Tienes el horario de Carson?
—Por supuesto, se lo envié a su móvil, ¿necesita que la lleve?
Lizzy colocó su mano sobre el pecho del guardaespaldas y le sonrió.
—Te lo agradezco, pero no es necesario.
—¿Irá sola?
—Claro que no, irás conmigo, pero no iremos juntos. Quiero que Carson Piense que soy una presa fácil.
—Cómo usted ordene, señorita Ford. No olvide que estaré cerca, cualquier cosa bastará una señal para tenerme a su lado.
—Lo sé y te lo agradezco —dijo, apartándose de Silas—. Me daré un baño y me reuniré con Owen para el desayuno.
—El señor Ford se ha marchado muy temprano está mañana. Dijo que la esperaba en la oficina.
Lizzy asintió y se extrañó de que Owen se fuera sin despedirse. Normalmente, iban juntos a la oficina; ella era su asistente personal.
—Entonces, acompáñame a desayunar —lo invitó.
Silas asintió y un segundo después cada uno tomó su camino. Lizzy subió a su lujosa habitación, cerró la puerta y recargó la espalda contra la fina madera. Así que vivían juntos.
Jamás se hubiera esperado tremenda traición. Camila no solo fue su mejor amiga, sino también su dama de honor, y hasta le había propuesto ser la madrina de sus hijos. ¡Había sido una tonta! Seguramente sabía de los planes de Carson, estaba al tanto de lo que iba a hacerle. Era por eso que ese día no le tomó ninguna de sus llamadas.
¡Tan falsa!
La rabia corrió por sus venas, hasta sentir el agrio sabor en la boca. Iba a vengarse de los dos, les haría ver su suerte. Los dos iban a arrepentirse por su infame traición.
Con enojo se apartó de la puerta y se fue directo a la ducha, tenía que ir a la oficina y luego buscar encontrarse casualmente con el miserable de Carson.
Una hora más tarde, se reunió con Silas. El hombre ya la esperaba en el umbral de la puerta del comedor, vestido con su elegante traje n***o, su equipo de seguridad y una sonrisa torcida.
Si no estuviera tan malditamente concentrada en su venganza…
—El señor Ford ha llamado cuando estaba en la ducha. Ha dicho que no es necesario que vaya a la empresa hoy y que se tome el tiempo para que haga lo que tenga que hacer —le informó, corriendo la silla para Lizzy.
—Son ideas mías u Owen está evitándome. Desde que volvimos de la fiesta, lo he notado demasiado serio.
—Está preocupado —respondió Silas, sentándose en la silla contigua a Lizzy, tomando la jarra de jugo para servirle.
—Gracias, Silas —dijo—. ¿Preocupado?
—Sí, sabe muy bien que al principio se opuso rotundamente a que volviera para vengarse. Si por el señor Ford hubiera sido, la habría dejado en Inglaterra. Él podía manejar el asunto con Carson, y…
—No, esa no era una opción, Silas. Seré yo personalmente quien lleve a Carson Carter a la ruina. Le quitaré todo lo que me pertenece y luego, lo lanzaré a la calle como el perro cobarde que es.
—Sabe que cuenta conmigo, señorita Lizzy —le recordó, colocando sus manos sobre el dorso de la mujer.
Lizzy levantó el rostro y sus ojos se encontraron con los de Silas, ella le sonrió y se acercó de manera peligrosa. Sus labios se entreabrieron y antes de probar el primer bocado, estaba devorando la boca de su guardaespaldas.
Los dos eran conscientes de que estaban jugando con fuego. Los besos eran todo lo que se habían permitido, ni siquiera recordaban cómo habían empezado con esto; pero tenían el presentimiento de que, si no se controlaban, cualquier día iban a terminar en la cama.
El recordatorio fue como un balde de agua fría para Lizzy; no podía desviarse de su objetivo principal. No debía olvidarse de Carson Carter…
—Lo siento —se disculpó Silas cuando Lizzy se apartó. Ella no respondió, se levantó de la mesa y abandonó el comedor, maldiciéndose por su debilidad…
⤝♦⤞
Carson giró la silla y observó la ciudad desde lo más alto del edificio de Clifford Logistics & Transport, pero sus pensamientos estaban lejos de allí. No había conseguido apartar a la misteriosa mujer de ojos grises con quien chocó la noche de la gala. Tenía la sensación de que la había visto en algún otro lugar, tal vez años atrás, quizá solo unas semanas…
—¿Sigues pensando en la mujer del vestido azul? —preguntó Camila, entrando a la oficina sin llamar, haciendo que Carson se girara para quedar frente a ella, poniéndose de pie, cerró la distancia para saludarla con un beso en la mejilla.
—¿Cómo sabes qué estaba pensando en ella? —cuestionó, ofreciéndole asiento en el cómodo y lujoso sofá.
—Desde la noche de la fiesta te he notado muy pensativo, aunque has tratado de disimularlo, déjame decirte que has fallado estrepitosamente. Si fuera tu novia, estaría celosa —comentó con una sonrisa en los labios.
—Tengo la fortuna de que solo seamos amigos, Camila —respondió—. Aunque me sienta extrañamente fascinado por esa mujer, no estoy para mantener una relación con nadie. Me casé y todo lo que obtuve fue la traición de Felicity.
Camila negó.
—Aún me niego a creer que fue capaz de traicionarte, nunca lo esperé. Creí que te amaba.
—No fuiste a la única que supo engañar, Camila. Los tres años que duró nuestro matrimonio jamás dudé de ella, pero bastó una noche y un accidente para que la verdad saliera a la luz.
—No debí tocar el tema, sé lo difícil que ha sido para ti todo esto, sobre todo, porque jamás encontraron su cuerpo.
—Fue mejor así. Una mujer como Felicity no merece tener una tumba, ni que le llore una sola lágrima.
—Sin embargo, sigues manteniendo la empresa con su apellido, ¿has pensado en cambiarla?
—No lo hago por gusto, sino por estrategia. Cambiar el nombre de una empresa consolidada es como empezar de nuevo. Clifford Logistics & Transport, tiene historia y prestigio, no es como si pudiera tirarlo todo por la borda. Además de los últimos años empleados a fondo para mantenerla a flote.
—Eso no puedo negarlo, te has entregado en cuerpo y alma a esta empresa; pero tal vez necesites un descanso, ¿has pensado en tomarte vacaciones?
—No, y tampoco puedo alejarme de Nueva York.
—¿Lo dices por tu hermano?
Carson no respondió y Camila decidió no preguntar más. El tema de Jaxon no era de los favoritos de Carson, así que decidió tomar un camino distinto.
—¿Irás al club? El señor Ford espera reunirse contigo para tratar los asuntos de exportación, me llama la atención, un hombre como él, no necesita de nuestros servicios.
—También lo pensé, pero voy a reunirme con él, total, ¿qué puede pasar? —dijo, levantándose del sillón, caminando hasta detenerse en el minibar—. ¿Algo de beber? —preguntó.
—Gracias, pero sabes que no puedo beber —le recordó.
—Lo siento.
—No pasa nada, pediré a Susan que traiga los documentos con la propuesta para el señor Ford, saldremos al club en el momento que lo decidas.
Carson asintió, miró la hora en su reloj, había tiempo de sobra para llegar a la reunión con Owen Ford, tenía la impresión de que había escuchado el nombre del hombre en algún lado, pero no recordaba exactamente dónde. Tal vez lo había leído en alguna sección de negocios. Sabía que era un importante petrolero, así que no era de extrañar que su nombre le sonara.
Una hora después, salió del estacionamiento de la empresa en compañía de Camila. La reunión había sido reprogramada de última hora y tenía menos de treinta minutos para llegar.
Carson maldijo al darse cuenta de que hubiera sido mejor cancelar y buscar un horario adecuado para atender a Ford, pero allí estaba, acelerando y sacando a varios autos para poder llegar a tiempo a la reunión.
—¡Cuidado, Carson! —gritó Camila cuando Carson intentó sacar un auto, pero terminó empotrándose contra él, haciendo que el conductor perdiera el control.
El estrepitoso sonido hizo que Carson frenara y se bajara del coche. Corrió hacia el auto mientras llamaba al 911, deteniéndose junto a la puerta del chofer, entonces se dio cuenta de que era una mujer. Sus cabellos castaños le recordaron a la misteriosa mujer del baile.
Lizzy abrió ligeramente los ojos para encontrarse con los ojos asustados de Carson y estuvo a punto de sonreír. Lo habría hecho si su mundo no se hubiera convertido en oscuridad en ese preciso momento…