Madison no podía creer la cantidad de personas que estaban reunidas, por encima de la música de fondo se escuchaba la mezcla de conversaciones animadas, y risas. Los hombres, con sus trajes elegantes y las mujeres con sus vestidos de noche, se movían de un lado a otro por el salón con gracia y sofisticación, conversando y disfrutando de la compañía y la atmósfera de opulencia y festividad. Por supuesto, atendidos por el personal de una manera exagerada, lo que aseguraba que cada invitado fuese asistido con cortesía y eficiencia.
No podía negar que ella sentía una mezcla de emoción y nerviosismo. Su vestido era acorde al evento, de color plateado, que se ceñía a su figura de manera perfecta. Negó con la cabeza al recordar que antes de ponérselo había dudado, puesto que pensó que iba a ser muy llamativo. Pero al final se trataba de eso, hacer que todos los presentes supieran de su regreso que lastimosamente era en una triste circunstancia. No sabía que iba a responder cuando le preguntaran por la ausencia de su abuela, porque los que la conocieron estaban muy seguros de que ella nunca se perdería un evento como ese. Esperaba sinceramente que Cameron estuviera cerca para que le diera una mano.
Durante unos segundos, la melancolía la invadió puesto, puesto que no pudo evitar pensar que aquella fundación era un proyecto de su madre que su abuela puso hacer realidad, y que ahora ninguna de las dos estaban con vida para poder disfrutar desarrollándolo. Entornó los ojos al aceptar que habían dejado aquella responsabilidad en sus manos. Mirando por encima, observó que estaban personas influyentes y reconocidas, así que por muy triste que estuviera esa noche, tenía que estar a la altura de las expectativas.
«¡Todo saldrá bien!»,
Recordó las palabras de Cameron para animarle. Puesto que desde que se conocieron le dejó claro que la apoyaría en todo momento. Por esa razón cuadró los hombros y alzó la barbilla, porque no le quedaba otra opción que brillar a su lado y demostrar a todos los presentes que era la nieta de Margot Bennett, y aunque no compartieran la misma sangre, sabía que su abuela estaba muy orgullosa de ella.
—¡No lo puedo creer! —exclamó una voz grave a espaldas de la pareja.
Esto hizo que Madison se sobresaltara un poco, y Cameron para tranquilizarla apretó suavemente su mano. En el segundo en el cual sus miradas se encontraron, ella le sonrió y se aferró más a su brazo. Tragó grueso porque no quería parecer torpe.
«¡¿Desde cuándo eres tan insegura, Madi?!», se regañó mentalmente.
—¿Rocco? —Cameron frunció.
—¡Qué mal que te olvides de tu mejor amigo! —expresó el recién llegado, se acercó y le dio un fuerte abrazo—. Te lo perdono porque es obvio que te olvides de ciertas cosas con una mujer tan hermosa a tu lado.
—Te presento a Madison Bennett, mi socia —los presentó.
Ella no pudo evitar sentirse un poco incómoda ante aquel comentario.
—¿Socia? —Rocco no pudo evitar preguntar con sospecha, y agregó guiñándole un ojo, agregó: —Ya quisiera una sociedad de esta manera.
Los pensamientos de Madison volvieron de golpe a la gala benéfica, recordando la importancia del evento, y sobre todo hacerles sentir a los demás que la causa que estaban apoyando era noble y significativa. Sin dudas quería asegurarse de que aquella noche se hiciera una diferencia.
—Es un placer para nosotros que esté aquí esta noche —ella lo cortó extendiendo la mano, para que lo apoyara.
—No dude, señorita Bennett, que el placer es mío —le besó los nudillos como el caballero que era.
Cameron se aclaró la garganta, y cuando Rocco iba a decir algo más, una pareja de invitados se acercó a ellos.
—¡Oh, Madi! —expresó una mujer con el diminutivo de su nombre.
—¡Por fin regresaste a la ciudad! —agregó el acompañante de esta.
Madison parpadeó un par de veces, porque la pareja era muy amiga de su abuela. La saludaron con cariño, y aquello la puso muy nerviosa.
—No he visto a Margot —la mujer hizo gestos con las manos—, no me digas que hará su entrada de manera espectacular… como siempre.
Cuando la mujer terminó la frase, ella sintió una opresión en el pecho. Por el hecho de que la alegría y la energía de su abuela no la trataría de contagiar nunca más. Se calmó y miró a Cameron, quien también había quedado un tanto desconcertado con la pregunta.
—A pesar de que esto fue organizado por mi abuela —hizo una pausa—, no vendrá.
—¿Está enferma? —preguntó el hombre mayor.
«¡No, está muerta!», quiso gritarles.
La pareja los miró un poco confundido, puesto que no entendieron a lo que Madison se refería. La mujer iba a decir algo justo en el instante en que pasaba uno de los camareros con una bandeja con copas con champagne. Cameron hizo gesto al joven que enseguida les ofreció la bebida.
—Esta noche brindaremos por Margot Bennett —él inquirió, alzo su copa—, una mujer excepcional. ¡Salud!
«Justo a tiempo», se dijo Madison soltando el aire que tenía atrapado en los pulmones.
Agradeció que Cameron, como quien no quiere la cosa, la guio hasta otro grupo de invitados. Habló con un grupo de posibles inversionistas del proyecto Two Hands que querían más información.
—¿Están seguros de que solo son socios? —preguntó guiñándoles un ojo una famosa diseñadora de modas.
—Yo no me creo eso —inquirió la mujer que esta tenía al lado.
—Se ven muy bien junto —se escuchó otra voz femenina.
«¡¿Qué rayos les pasa a este trío de urracas parlanchinas?!»
«¿Será la edad?»
«¿Tan sola me veo que todo el mundo quiere emparejarme?»
Se cuestionaba, mientras sonreía, en modo automático. Pudo cambiar de tema fácilmente en el instante en que le preguntaron por su abuela. La diseñadora de modas, que era contemporánea con Margot, entre risas contaba anécdotas compartidas. Madison sintió un nudo en la garganta, y como siempre, Cameron se hizo cargo de la situación.
Su corazón comenzó a latir fuertemente cuando las cámaras se enfocaron en ellos, capturando el momento en que Cameron se inclinaba y le decía que todo iba a estar bien. Sintió las luces de algunos flashes que la hizo parpadear y ladear un poco más el rostro, haciendo el gesto más íntimo.
Sabía que aquello tendría consecuencias, sobre todo el ocultar esa noche a todo el mundo que su abuela había fallecido. Además de que mentir de esa manera tan descarada no era lo suyo, de pronto sintió que el cuerpo de Cameron se tensó a su lado, y susurró una maldición que quizás pensó que ella no lo había escuchado. Se giró para mirarlo a la cara y se dio cuenta de que un músculo en su mandíbula temblaba, lo que le hizo saber que estaba incómodo.
—¿Sucede algo? —Madison se puso de puntillas para preguntarle muy cerca de su oído.
—Complicaciones de última hora —Cameron respondió con el mismo tono de voz, y luego de dar un trago largo a su bebida, agregó: —Espérame un momento, no tardaré.
El cuerpo masculino de más de un metro con ochenta y siete centímetros serpenteó entre los invitados, hasta que lo perdió de vista.
«¿Qué habrá pasado?», no pudo evitar cuestionarse.
«¡No es tu problema, Madi! Tienes que respetar su intimidad, mucho hace ya el hombre haciéndote de niñera», terminó regañándose mentalmente.
Sacudió la cabeza para alejar de su mente aquellos pensamientos y recordó que era la anfitriona del evento, así que se dispuso a dar una vuelta por el salón saludando. De todos modos conocía más de la mitad de ellos, porque eran conocidos de su abuela.
Estaba conversando con un amigo de esta de Arabia Saudita, el cual con una sonrisa le decía que estaba invitada a su país. Cuando de pronto giró el rostro, ahí estaba Cameron. Acompañado con una mujer muy hermosa, el cual su rostro se le hacía un poco familiar, pero como cosa rara no sabía de donde.
«¿Así que esa hora la complicación de última hora?», se dijo chasqueando los dientes.
Las luces de color dorado hacían un juego espectacular sincronizado con la música suave, los murmullos de las conversaciones animadas llenaban el aire, pero sobre la pareja que en ese momento ella estaba mirando, parecía mágico.
«Era de esperarse que estuviera ocupado», pensó dando un suspiro.
Se giró en una posición para poder observar de manera discreta lo que estaban haciendo. Era obvio que Cameron estaba de mal humor, ya que su exuberante acompañante trataba de poner las manos sobre su pecho y este se las quitaba.
«¡Hombres!»
Negó con la cabeza, para luego enfocarse en lo que era importante: el proyecto de años de su madre. Estaba saludando en una mesa, cuando de pronto sintió la palma de una mano caliente en el escote de su espalda, haciendo que su piel se erizaba con el suave contacto.
Durante unos segundos se quedó inmóvil por aquel atrevimiento, pero cuando su perfume de hombre llegó a sus fosas nasales supo inmediatamente de quién se trataba.
—¿Todo bien? —preguntó por encima del hombro.
—Sí, era algo sin importancia —fue la respuesta del descarado.
Madison no pudo evitar girarse para quedar de frente a él, luego irguió el cuello para tratar de ver por encima del hombro, y vio a la mujer con quien Cameron estuvo hablando. Se veía además de molesta, triste y con una copa en cada mano. Si ella continuaba tomando licor de esa forma, podía surgir algún momento incómodo.
Pero decidió no hacerle caso y mantenerse fuerte y confiada, ya que realmente no era su problema. Confiaba en que Cameron le hiciera entender que solo fueron al evento juntos porque eran socios y además anfitriones. Era obvio que tenían que apoyarse mutuamente para lograr su objetivo.
Una mujer menuda, con la piel blanca como porcelana y de rizos rojos elegantemente arreglados y con un vestido de noche, se acercó a ellos.
—Señor, disculpe en ocho minutos debe acercarse al podium.
—Muy bien, Hanna, gracias.
La chica se marchó de la misma manera en que llegó, Madison frunció el ceño. Porque aquella escena fue tan robótica, que no sabía si reírse o estar maravillada por la eficiencia.
—¿Lista para que demos un discurso? —preguntó Cameron, extendiendo su brazo para que lo tomara.
Por unos segundos el pánico se adueñó de ella, no iba a ser la primera vez que hablaba en público. Pero sí, improvisado, las veces que lo hizo se sentía confiada, porque días antes repasaba lo que iba a decir.
—Nunca me dijiste que tenía que hablar delante toda esta gente —respondió en voz baja mientras iban caminando y las luces los enfocaban.
—Relájate, y solo se tú misma —él le dio suaves palamaditas sobre su mano—. Yo daré el discurso si quieres, pero de igual forma tienes que decir algo al final.
Antes de subir, la asistente de Cameron se acercó a ellos.
—Señor, hemos recaudado esta cifra —le entrego una hoja impresa.
—¡No lo puedo creer! —exclamó Madison—. Esto es un logro, mi abuela estaría muy contenta con esto.
—De eso estoy seguro, por eso tienes que dar las gracias en su nombre.
Madison solo asintió.
—Señor, solo tiene dos minutos —les interrumpió Hanna.
Ella la miró muy sorprendida al darse cuenta de que en realidad la mujer era la responsable de que toda la logística del evento. Inmediatamente, pensó en su asistente personal, Iris. Con todo lo que estaba por suceder inmediatamente se le vino a la cabeza ofrecerle un traslado a Londres.
Dio una respiración profunda, y sincronizando sus pasos con los de Cameron, subió las escaleras hasta el podium. Segundos después sintió el calor de las luces sobre su rostro, miró hacia el frente y no veía a nadie. Lo que agradeció enormemente, porque eso le iba a permitir que sus palabras no se quedaran atoradas en la garganta.
—¡Bienvenidos! —resonó la voz grave de su acompañante, llamado la atención de todos los presentes.
Madison sintió que las rodillas le temblaban en ese momento.