◦✧◦OFICINA VACÍA◦✧◦

2207 คำ
Sin mirar atrás, Cameron salió casi de manera inmediata de las instalaciones del hotel. Todavía continuaba riéndose como un niño que se había salido con la suya en una travesura. Su chofer y escolta personal le estaba esperando con la puerta trasera del vehículo abierta. Le hizo un gesto al montarse, al montarse. —¿De camino a la oficina? —el hombre comprobó hacia donde se dirigían. —Sí —respondió chasqueando los dientes—, no pensé en tardarme tanto. La improvisada charla con Chris, lo había dejado con un mal sabor en la boca. Odiaba la oscuridad en la que se encontraba, parecía que Margot Bennett era una araña reina y tenía su propio estilo de tejido para hilar su red. Cameron estaba seguro de eso, si no como logró su imperio. Aquello incluía también a su abuelo, quien le habían pedido que tuviera un poco de compasión con ella. —Señor King —la voz del hombre lo sacó de sus cavilaciones—, tengo algunas noticias sobre lo que me pidió que investigara. Ambos hombres cruzaron las miradas a través del espejo retrovisor. —¡Perfecto! —asintió— ¿Qué información me tienes? Justo en el instante en que su hombre de confianza, se aclaró la garganta, se dio cuenta de que no le iba a gustar, lo iba a decirle. —La policía está tratando el fallecimiento de la señora Bennett como homicidio, puesto que hace algunos meses fue víctima de un delito cibernético en el hotel. Lo cual fue inmediatamente denunciado… —¿Supieron quién fue? —interrumpió al chofer, y luego le dio un puño al asiento—. No estaba al tantos de lo sucedido. —No, según es una organización. La situación fue controlada, más no se encontró al culpable. La respuesta no le satisfago. —Pero la señora Bennett sí tenía algunos enemigos —manifestó el guardaespaldas. —Supongo que sí, era muy audaz, por eso siempre se salía con la suya —Cameron chasqueó los dientes—. ¿Qué otra información tienes, Karl? —Es importante que sepa que ya la policía tiene en su poder una lista de sospechosos, por la muerte de la señora Bennett. De los labios de Cameron se escapó un silbido. —Eso solo quiere decir que alguien muy poderoso e influyente está detrás de este asunto —inquirió. —Temo decirle, señor, que en esa lista de sospechosos se encuentra su abuelo. —¿Qué has dicho? —él preguntó con cierto tono de incredulidad— El abuelo no está en buenas condiciones de salud… Esto debe tratarse de una broma de mal gusto, ¿en qué se basa la policía para sospechar de un anciano enfermo? —Días antes de que la señora Margot muriera, el señor Nathan pidió verla en el hospital —respondió Karl. Aquella información lo tomó de sorpresa. —¿A mis espaldas? —preguntó indignado. —Desde su punto de vista puede que tenga razón, pero usted no se encontraba en el país en ese momento, estaba en Italia. «¡Par de viejos tramposos!», se quejó mentalmente. Cameron no podía creer que su abuelo, pudiera estar envuelto en aquel homicidio cuando era hombre que no podía con su alma. Aunque estaba en casa, no podía dar un paso sin su bastón y su bomba de oxígeno. Algo no le cuadraba muy bien, y él iba a averiguarlo. —Pienso que no debería preocuparse, quizá querían hacer las pases —comentó Karl encogiéndose de hombros, sin apartar las manos y los ojos del volante—. Después de todos tenían intereses en común. Eso esperaba puesto a que Nathan King no le quedaba mucho tiempo de vida, y él era el único familiar de sangre directa que le quedaba. Por eso hacía todo lo humanamente posible para complacerlo, pero que no le dijera que se había reunido con Margot Bennett, le molestaba sobremanera, y se lo iba a hacer saber. A los pocos minutos, Karl estacionó el vehículo en el sótano del edificio de la empresa. Cameron estudio derecho en la Universidad de Cambridge, en donde también hizo un componente en economía y gerencia para tomar las riendas del negocio familiar al morir sus padres en un accidente en Suiza mientras estaban celebrando su aniversario de bodas. Eran un matrimonio sumamente joven y por eso se divertían de esa manera. Los hombres caminaron hasta el elevador en silencio, Karl, que tenía más de tres años trabajando para Cameron, sabía que no era el momento de entablar una conversación para profunda con él. En el instante en que las puertas se abrieron en el piso de gerencia, Cameron recordó el caos en que su área de trabajo se encontraba, por el hecho de que había acordado con Margot Bennett, que como su socio del Santoria Palace, lo mejor era establecerse ahí. Así que se encontraba en plena mudanza, por su puesto que su asistente estaba dando órdenes a diestro y siniestro. —¡J0der! Debí tomarme el día libre —susurró él. —Buenos días, señor King —su asistente tenía su tablet en la mano. —Buen día, Hanna, veo que tienes todo en orden —Cameron hizo un gesto con la mano. —Lo siento, señor —se encogió de hombros—. Teníamos que hacer este desorden. En el momento en que Cameron abrió la puerta de su oficina, se dio cuenta de que todas las cosas de la oficina estaban en cajas. Su intención era trabajar un poco, pero era imposible. Ya que la eficiente de su asistente, había desconectado su computador. Sin embargo, fue directo a su escritorio y se reclinó la cabeza en su sillón. A veces pensaba que su asistente era su pesadilla, porque la mujer de estatura baja se encargaba de echar a perder los pocos momentos de tranquilidad que tenía. —¿Señor? —Dime, Hanna —respondió con los ojos cerrados. —Ángela ya recogió algunas de sus pertenencias personales, para llevarlas al Santoria. —De acuerdo, todo está saliendo según lo previsto. —Sí, puede que después de la hora de almuerzo todo esté allá. —¿Qué habitación me fue asignada? —quiso saber con curiosidad. —La dieciséis catorce —la chica de manera eficiente chequeó su tablet. —¡Perfecto! —exclamó abriendo los ojos de golpe, haciendo que su asistente diera un saltito. Le sonrió de oreja a oreja, ya quería ver la cara de Madison cuando se enterara de que era además de ser su nuevo socio, era si vecino. Estaba a punto de decirle algo a Hanna cuando la puerta se abrió de par en par y un perfume demasiado dulzón para su gusto inundó el ambiente. —¿Qué es todo esto? —preguntó una voz de mujer con acento sexi. Hanna miró a su jefe en modo conteniendo la respiración. —Lo siento, señor King —susurró y luego bajó la cabeza. —Está bien, no fue tu culpa, estábamos ocupados… Se escuchó el taconeo de la recién llegada, Cameron no le quedó de otra que levantarse y hacerle señas a su asistente de que todo estaba bien, y que podía continuar con lo que estaba haciendo. —Vine porque tengo una semana en Londres y no has ido a saludarme —la recién llegada no perdió tiempo en lanzarse a los brazos de Cameron, y darle un sonoro beso en la boca. —Lo siento Brigitte, he estado muy ocupado —respondió él, el dedo pulgar por el labio inferior, cerciorándose de que no quedaran rastros de su labial. —Sí, ya lo noté —le sonrió con ternura—. Parece que estás de mudanza. —Así es, ya sabes que me encantan los retos y eso trae consigo grandes cambios. —Espero que todo sea para mejor —manifestó batiendo las pestañas, y sentándose en la esquina del escritorio vacío, con las piernas cruzadas, dejando ver sus torneadas piernas debido a la abertura de su vestido color rojo ceñido al cuerpo que resaltaba cada una de sus exuberantes curvas. Brigitte Le Point, era una joven mujer muy hermosa. De profesión modelo, y que trabajaba para una de las grandes casas de moda de Europa. La conoció en su país de origen, Francia, durante un evento de beneficencia en donde las grandes industrias de diferentes rubros fueron invitadas. —Creo que este no es el momento —expresó Cameron al ver sus intenciones. La mujer hizo un puchero, pero estiro los brazos y a él no le quedó de otra que ceder. —Cenaremos juntos esta noche —resolvió Brigitte dándolo como un hecho. —No, esta noche no podrá ser —aprovechó para soltarse de su abrazo— ¿Por cuánto tiempo te quedarás en la ciudad? Él no quería comportarse como un patán, pero realmente no tenía tiempo para atenderla. Estaba enfocado en otras cosas, que eran un poco más importantes no para el crecimiento de su fortuna, sino a nivel personal. —Estaré en Londres hasta el domingo —respondió, luego enarcó una ceja y preguntó con sospecha: —¿Por qué no podemos vernos esta noche? —Tengo un evento, al cual no puedo faltar —le soltó sin un poco de sutileza. —¿Y no me invitas a acompañarte? —cuestionó la modela frunciendo el ceño. —Eh… lo cierto es que ya tengo con quién ir. Después de responder aquello, Cameron dio un suspiro justo en el momento en que la vio parpadear por la sincera respuesta. Estaba seguro de que comenzaría con uno de sus dramas, esa era una de las razones por las cuales se había alejado de ella. Era obvio que la chica quería más, y por supuesto él no. —¿Estás saliendo con alguien, Cam? —Brigitte formuló la pregunta con voz calmada, al mismo tiempo que se bajaba del escritorio. —¡No! —respondió tajante, estaba predispuesto esperando algún berrinche por parte de ella que nunca llegó—. Pero mi acompañante de esta noche es mi recién socia. —¡Socia de sábanas, querrás decir! —exclamó la joven modelo alzando las manos. «¡Aquí vamos!», se dijo Cameron. —Estás equivocada —la tomó de la cintura y la atrajo a su pecho para calmarla un poco—, es mi nueva socia porque tomará el lugar de la anterior, de hecho no nos conocemos. Por esa razón será mi acompañante esta noche. A él no le quedó de otra que devorarla en un beso, al cual Brigitte no se resistió. —Voy a cerciorarme personalmente de que lo que dices es cierto —inquirió ella, rompiendo el contacto por la falta de aire, y lo tomó de la corbata para acercarse más. —¿A qué te refieres? —cuestionó frunciendo el ceño. —No cenarás conmigo —respondió pasando la lengua sensualmente por su labio inferior—, pero pasarás la noche en mi cama. Una sonrisa se dibujó en el rostro de Cameron, después de todo necesitaba drenar un poco el estrés de la semana, y Brigitte era buena amante. Así que no le caería nada mal, una buena noche de s3x0. —Es muy buena idea… —Ahora debo marcharme —la modelo entornó los ojos—, estoy segura de que Betty no tardará en reventarme el teléfono —soltó una risita, refiriéndose a su asistente personal y luego besó de nuevo a Cameron— ¡Nos vemos esta noche! Él la vio marcharse, contoneando las caderas más de la cuenta. Recordándole que de la misma forma podía hacerlo sobre su cuerpo. Negó con la cabeza, las mujeres podían lograr lo que quisieran. Luego le pidió a Hanna que le hiciera llegar su portátil, puesto que no podía perder el día de trabajo, y quería por lo menos ponerse al día respondiendo correos. A la hora del almuerzo, decidió ir a visitar a su abuelo. No le preguntaría de frente el motivo de su reunión con Margot Bennett, pero sí le daría indicios de que podía perfectamente continuar confiando en él. Cameron chasqueó los dientes, cuando recordó que su abuelo estuvo a punto de morir llevándose aquel secreto a la tumba. Uno que ni siquiera su padre lo supo, y eso que fue uno de los más afectados. —Promete, Cam —el hombre mayor lo había tomado fuertemente del brazo—. Prométeme que nunca tomarás represalias contra Margot. —Pero esa mujer… —Fue… es y será el amor de mi vida, Cam… —Abuelo… —El culpable fui yo… Si tan solo hubiera tenido el valor para enfrentarme a todo y a todos… Nunca la hubiera perdido… Las palabras de Nathan King resonaron en su cabeza, todavía se le hacía imposible entender como aquel hombre que para él era una modelo a seguir solo hubiera amado a una sola mujer, Margot Bennet. ¿Sería capaz de hacer lo mismo? Aquella era una duda que tenía, puesto que su padre, Thomas King, solo había amado a una sola mujer, Elizabeth, su madre. No podía creer que los hombres de su familia amaran con tanta fuerza y devoción.
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