Capítulo 7: Empezamos con el pie izquierdo.

1717 คำ
Narra Fernando —¿Me quiere decir que hace? —Lo sé, parezco alguien incoherente; pero tuve una revelación, esta vez lo pensé mejor y tiene razón, usted tiene razón. Esa vacante es mía, estoy destinada a ser la mejor diseñadora del país. No puedo huir de mi destino. Frunzo mi ceño confundido, ¿Qué hace esa mujer? —¿Después no se arrepentirá? Digo, mañana no dirá lo mismo que dijo en el elevador, ¿verdad? —No, esta vez es un sí, uno rotundo. ¿Será bipolar? Cada vez se me mete ese pensamiento culposo de que es una mala idea. —Bien, entonces escuche. Anna se sienta en la silla libre de la oficina y me observa con atención. —Pronto haré algo para formalizar el compromiso. —¿Qué hará? —Le voy a estar avisando, aun no pienso en nada. La verdad no quiero decirle, siento que si le anticipo detalles podrá echarlo a perder, me da esa impresión. Prefiero ir a lo seguro, en cualquier momento le pediré que sea mi esposa. —Está bien, estaré atenta a lo que usted planee. Parece que es alguien que se deja llevar, por lo menos en eso no estamos mal. —Por ahora, quiero que sea cautelosa, si le preguntan sobre nuestra relación dirá que estamos juntos hace un año aproximadamente; que nos conocimos aquí en Madrid, un día que… que fuimos a un café que está a las afueras de la ciudad. Nos vimos un par de días seguidos y luego yo le invité la comida, hablamos un rato y cambiamos número telefónicos. Por cierto, deme el número de su móvil. Le paso mi teléfono celular para que guarde su número, luego la agrego en mis contactos con el nombre de “Cariño” —Puede poner un apodo, el que quiera, algo que sea de parejas. —Si señor. La vi teclear algo en su teléfono, no quise preguntar, me resultaba incómodo. —Bien, estoy seguro de que tendrán curiosidad sobre la forma en que llegó a la empresa, quiero que sepa que por más que sea; todos apostarán en que sus méritos no fueron vistos, que está aquí por mí. Quiero que por favor ignore cualquier comentario, diga que se postuló y afortunadamente está aquí conmigo. Aunque muy en el fondo sepa que todos tendrán un concepto contrario y esto no cambiará cuando la nombre en el equipo de diseño, desde ya tiene que prepararse, porque eso es lo que se le vendrán encima. —¿Y si muestra mi trabajo? Digo, tengo muchos libros repletos de mis diseños, si el personal encargado de seleccionar al nuevo diseñador ve el talento que tengo; no tendrán que suponer cosas. Sabrán que, si entro a ese equipo, es porque realmente lo merezco. —Anna, ya. Debe saber que no podemos mantener contentos a todos, deje de darle importancia a lo que otros piensen; porque, aunque haga las cosas bien, aunque sea buena en lo que hace, nunca van a aplaudirla, aunque estén sorprendidos por dentro. Así es el mundo real, Anna. Preocúpese en usted y en lo que solo a usted le conviene. —Si señor, tendré en cuenta lo que dice. Continue con lo que decía. —Tendremos citas, ya sabe, lo que hacen las parejas normalmente; ir a cine, comer juntos, tomarnos muchas fotografías, viajar, conocer nuestras familias y todas esas cosas. El tiempo que estipulo para recolectar por lo menos uno o dos álbumes son una semana o quizás semana y media. Todo eso lo podemos hacer en las salidas del trabajo, en las tardes y estos fines de semana, aunque debo abrir espacio porque con esto del ascenso tengo el tiempo limitado. La chica solo asentía, sé que debe estar nerviosa, también lo estoy; pero alguien debe tener todo bajo control. Siempre he sido bueno para planificar todo, me gusta hacer esquemas y cronogramas que seguir al pie de la letra. —Por ahora es todo lo que puedo decir, ya tendremos momentos y espacios apropiados para hablar más sobre datos personales ¿Tiene algo que decir? —No señor. Anna se limitó a decir las mismas palabras de siempre, por un momento creí que diría algo contradictorio o que explotaría como lo hizo en la mañana, pero parece que solo fue un impulso de emociones. Ella se pone de pie y acomoda su falda, se da la vuelta y camina en dirección a la salida. —Anna, ¿puedo hacerle una pregunta? —cuestiono antes que salga. —Si, dígame. —¿Cuántos años tiene? Luce joven, pero no sé que tan joven pueda ser. —Tengo veinticinco años, señor. —Oh, bien. Eso es todo, por favor vuelva a su lugar de trabajo. Le llevo cinco años, no hay mucha diferencia o por lo menos eso parece. Para la hora del almuerzo decido salir con quince minutos de anticipación, será una oportunidad para comer por primera vez con mi secretaria. Descolgué mi saco que estaba en el espaldar de mi silla y salgo de la oficina, caminé por el pasillo de mi piso hasta llegar al final; lugar donde se encuentra el puesto de trabajo de Anna. Me detuve frente a su escritorio y noté que no había nadie. Saqué mi móvil y le envié un mensaje. —Cariño, ¿Dónde estás? Sería mi primer mensaje como el novio de Anna, uno bastante normal en pareja. —¿Hola? Responde muy cortante. —Cariño, fui a tu oficina y no estabas. Quería saber si quieres almorzar conmigo, ¿puedes? —¿Señor Fernando? —¡Por el amor de Dios, Anna! Sí, soy Fernando ¿quiere decirme dónde está? Debo tenerle paciencia a esta mujer. —Oh, señor estoy en la cafetería. Parece que debo seguir coordinando muchas más cosas con ella. Caminé en dirección a la cafetería de la empresa, muchos comen aquí en vez de salir, parece que esta vez me quedaré; resulta conveniente almorzar con ella en frente de todos. —Fernando, ¿no vas a almorzar? Ahorita voy en camino al restaurante chino que fuimos la otra vez, ¿no quieres venir? —dice Diego rodeando mis hombros. —No, esta vez no te acompaño, me quedaré a comer en la cafetería. —¿Qué? ¿Por qué? —Comeré con mi… con mi novia. Diego suelta una carcajada y me da unas palmadas en la espalda. —Ya deja el chiste, vamos a comer una sopa de fideos; apresúrate porque tengo hambre. —Diego, es enserio —respondo con semblante serio. Diego se ha convertido en mi mejor amigo, sin duda hizo mucho más fácil el adaptarme a Madrid, ha sido de ayuda y eso lo valoro. No soy de contar mi vida privada, suelo ser muy reservado; sin embargo, a él le he contado algunas cosas de mi vida y hasta el momento no le he mencionado nada sobre una casi prometida. —Vaya, empezaste a salir con una chica de la empresa, te lo tenías bien guardado. —No, llevo aproximadamente un año con ella. Solo que recién trabaja aquí, no te lo dije antes porque bueno, ya sabes como soy. —¡Joder, tío! Pero dime, ¿Quién es la afortunada? Espera, ¿dices que recién trabaja aquí? Diego mira a todos lados como si la respuesta estuviera en el aire. —¿Es Gloria? La abogada que contrató el señor Pablo hace unos meses, ¿verdad? —No, es Anna, la… la secretaria. —Oh, ya veo. Vaya, no dejas de sorprenderme. Parece incoherente mi respuesta, su reacción es la apropiada, pues en algún momento en una conversación de hombres; charlamos sobre el tipo de mujer que nos gusta y la descripción detallada que di claramente no encaja con la de Anna. —Bien, entonces voy al restaurante; espero que tengas buen provecho. Diego me da una palmada más en los hombros y se aleja. Sigo mi camino hasta la cafetería, algunos me miraban con rareza porque no acostumbro a venir. Miro con disimulo todas las mesas y desde donde estoy veo a mi objetivo, Anna. Me acerco a ella y con cada paso que doy, noto que en su mesa están secretarias de otros departamentos de la empresa y otras mujeres que no distingo. —No lo podía creer, cuando lo supe en la mañana, pensé en lo afortunada que eres por estar con el que será el nuevo director de Style. ¡Es asombroso! —Casi no lo creo, por eso vinimos a preguntarte, porque se le veía a cada uno por su lado y hoy dan de que hablar. Si que eres afortunada. —Afortunado él por estar con una chica como yo, es que soy muy guapa. No saben todos los admiradores que tuve que dejar a un lado por darle la oportunidad a Fernando. Insistió demasiado, hace un año atrás él… Una de las mujeres se da cuenta de mi presencia y le da un leve empujón a Anna, la cual se queda callada y me sonríe. —Mi amor, aquí estas —menciono interrumpiendo la “interesante conversación” —Jefe, digo, cariño. Anna parece incomodarse, así que rodeé al grupo de mujeres con pasos lentos, pero seguros. Me acerqué a ella sin desconectar nuestras miradas y me detengo justo a su lado. —Si, soy un afortunado —menciono conteniendo mi disgusto—. Ella es tan increíble, tan comunicativa y tan… tan ella, que no sé cómo describirla —suelto de manera forzada. Me inclino un poco hacia ella, la tomo del mentón y dejo su rostro justo frente al mío, sus mejillas se sonrojaron de inmediato; parece que ahora su confianza se ha visto interrumpida. Ladeo un poco su rostro y dejo un beso en su mejilla. —No lo haga difícil, esto no fue exactamente lo que charlamos en la oficina, mi amor —susurro. —Sé lo que hago —responde entre dientes—. No todo puede ser a tu manera, cariño. Me alejo un poco y su mirada era diferente a la que vi en la oficina, mi corazonada no se equivocaba; esto no será sencillo. —Bien, nosotras nos marchamos, no queremos interrumpir —dicen las mujeres. Claramente el ambiente se hizo pesado.
อ่านฟรีสำหรับผู้ใช้งานใหม่
สแกนเพื่อดาวน์โหลดแอป
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    ผู้เขียน
  • chap_listสารบัญ
  • likeเพิ่ม