Capítulo 6: Señal del destino

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Narra Anna Tengo el tiempo limitado, tras eso, esta mañana mi plancha de ropa se averió y no tuve más opción que pasarle a mi camisa y mi falda; la plancha de cabello. Espero que el cuerpo termine de quitar un par de arrugas que quedaron marcadas en la ropa. Parece que este día es uno de esos en los que todo te sale al revés. Style industries, al ser una empresa dedicada a la moda y estilo, exige a sus trabajadores una excelente presentación. El señor Pablo nos recalca sobre la forma correcta de llevar las prendas, de siempre lucir impecables, pues todo entra por los ojos —eso dice a cada momento. Al llegar a la empresa, con el estómago vacío por no alcanzar a prepararme nada, me doy cuenta de que mi zapato de tacón oscuro tiene una ligera marca de color blanco; también me olvidé de limpiarlos, ¡Ash! No creo tener paños húmedos en mi cartera. Miré hacia el frente y parece que puedo solucionar ese problema en este instante, un poco de mi saliva puede resolverlo. Rápidamente paso mi dedo pulgar por mi boca y en un movimiento rápido me inclino para desaparecer la mancha. —No haga eso. Esa voz, no otra vez ¿Por qué me pasan estas cosas frente a él? Intento mirar de reojo y lo que veo son sus impecables y relucientes zapatos de estilo clásico. —¡Oh! Señor Fernando, me asustó —digo poniéndome en postura recta. —¿Qué hace, Anna? —Estaba… estaba acomodando mi zapato, creo que hay algo en su interior. Levanto mi pierna y me quito el tacón, aprovecho y paso mi dedo por la pequeña manchita. Doy pequeños saltitos para mantener el equilibrio, luego sacudo un poco mi zapato en el aire, miro su interior y me aseguro de que todo esté en orden. —Ya, problema resuelto —digo con una sonrisa. El hombre me mira y frunce su boca al tiempo que niega con su cabeza. —No sé que estoy haciendo —dice con desanimo. —¿Qué? —cuestiono mientras me vuelvo a poner mi tacón. —Olvídelo, hay que entrar. Fernando me toma de la mano, entrelaza nuestros dedos y dice: —Entremos. Miro nuestras manos y en un reflejo intento soltarme, pero hace más fuerte su agarre. —Espere, ¿Qué hace? —Estoy tomando de la mano a mi futura esposa, solo camine a mi lado y ya; actúe normal. —No, pero… Sentía algo de pena, no creí que fuera a ser tan rápido todo esto. ¿Qué pensarán los demás? Parece que estaba dejando pasar una parte muy importante, mi relación laboral. Mis compañeros, los chicos atractivos a los que ya les había sonreído en estos días, ¿Por qué tan de repente? —¿Qué sucede? —cuestiona al notar que retenía mis pasos. —¿No cree que sea demasiado pronto? Digo, apenas ayer me vieron como su secretaria y ahora… ahora esto —menciono mirando nuestras manos unidas—. ¿Y Si esperamos hasta final de semana? Será muy extraño que de la noche a la mañana somos pareja, quizás debemos darle un pequeño tiempo y yo pueda charlar con alguien o ir comentando de apoco, pero es que así... —¿Eso es lo que le preocupa? Anna, el tiempo me respira en el cuello, no puedo dejar pasar una semana. Así que hagamos las cosas con prisa, recuerde que la boda debe ser lo antes posible; si luego alguien le pregunta, diga que somos pareja hace un tiempo, ahorre los detalles o explicaciones. —Señor, pero… Es mi jefe, me acabarán con los comentarios, no quiero quedar mal —pronuncio en voz baja al notar que otras personas ingresan al edificio. El hombre se detiene y se ubica frente a mí, me mira a los ojos con mucha fijación. —No piense en los demás, piense en que dentro de poco tiempo estará con un equipo de diseñadores increíbles; que una oportunidad como esta no se le volverá a presentar nunca más. Debe estar preocupada por eso y no por lo que piensen terceros de usted. Tiene razón. Fernando me hala hacia él y caminamos en dirección a la entrada principal, sentí como las miradas se posaban en nosotros, como los susurros aparecían y como mis mejillas ardían. —Buenos días —saluda él como de costumbre. Notaba como miraban nuestras manos entrelazadas y hacían esos gestos de confusión. Lo sé, también yo estoy confundida. Entramos al elevador y miré hacia su lado, él estaba concentrado en su móvil, lo sostenía con su mano libre; actuaba con tanta naturalidad, como si nada le importara. Las puertas de metal se cierran y él suelta mi mano, vi como se limpió en su ropa la humedad que se había formado en nuestro tacto—sudé como puerco. —Disimule, parecía asustada. Me perdí en mis pensamientos un momento, creo que me dejé llevar por las emociones; debí pensar en otros factores que también son importantes. Sí, me darán el puesto que quiero, pero… pero que hay de mi imagen, casarme con él será el puente para llegar a donde quiero, pero será evidente; ya presiento que me apodarán la zorr* de Style industries, ¡Ay, no! “Mírala, llegó hace poco y ya atrapó al nuevo director” ya puedo escucharlas. —¿Me está escuchando? —¿Qué? —Anna, le digo que se concentre, debemos ser cuidadosos. —Señor, creo que es mala idea —digo desde mi preocupación. —¿Perdón? —Ahora que lo pienso bien, no creo poder con toda esta presión; tendré que soportar miradas y comentarios, ¿Dónde quedo yo? Quizás hasta desvaloricen mi trabajo si usted me da un cargo como diseñadora y es lo que menos quiero. Al final no creo que sea tan malo seguir como secretar… —¡Claro que no! Ya usted me dio una respuesta, dijo que sí. Aprenda a ser responsable con lo que dice y con lo que hace. Fernando cambia de actitud de manera rápida. ¿Por qué reacciona de esa manera? Hay muchos factores que no tuve en cuenta, ¿Qué le diré a mis padres? Ellos ni siquiera saben de la existencia de mi supuesto futuro esposo. A mi padre le dará un infarto y ¡Ja! Ahora viene este sujeto a indignarse por mi respuesta, esto no es fácil para nadie, al final todos me terminarán señalando a mí. —¿Qué le pasa? En primer lugar, no le pedí en un inicio que me involucrara en esto, no es mi culpa lo que pasó con su visa. Creo que es normal sentir temor, nervios y… —Tiene razón, discúlpeme. Estoy preocupado por todo esto, tengo mucha ansiedad porque no sabe cuánto me he esforzado. Vine a este país solo, vine a cumplir mis sueños y se siente terrible ver como puedo perder eso por lo que tanto me he esforzado. Pensará que soy un egoísta —suelta un suspiro—. Tiene razón en todo lo que dice, no debí hundirla en este problema. También creo que es un riesgo, lo mejor es frenarlo antes de que se haga un lío. Las puertas del elevador se abren y él sale antes que yo, parece que con sus palabras hemos dejado a un lado esa absurda idea de casarnos. —¡Aquí viene mi nuevo director! —escucho decir con emocionado al señor Pablo. Salí del elevador y guardé distancia. —Buen día, señor Pablo. Me alegro de verlo, es que tengo algo que… —Espera Fernando, antes que lo olvide. Encontré a la persona que filtró la información de nuestro lanzamiento, era Luci, del equipo de diseño; esta mañana quise encararla, pero me encontré con su carta de renuncia, lo que quiere decir que nos queda una vacante disponible. Me gustaría que te apersonaras de la situación, confío en tu capacidad para detectar potencias, talentos y capacidades en las personas. ¿Una vacante? ¿será una señal? —Claro, puede contar conmigo. Seré de apoyo en la selección del nuevo diseñador, hay que ser más cautelosos en esta ocasión. Esto no puede ser casualidad —me digo a mi misma— es muy extraño que justo en este momento que tengo la posibilidad de estar en ese equipo, esté disponible una vacante. Puede ser una señal del destino que ha movido todo de tal manera para que sea yo quien esté allí. Me acerqué un poco más a los hombres para escuchar con más claridad lo que dicen. —Vienes con tu prometida —dice el CEO—. ¡Oh! ¿lo dije en voz alta? Ya se me olvidaba que es un secreto lo de su boda —susurra poniendo sus manos alrededor de su boca. —Señor, sobre eso… quería decirle algo —menciona Fernando. —¿Pasa algo? El CEO cambia su expresión. —Si, es que la verdad es que… ¿Qué hace? Aprieto mis puños ante lo que estoy por hacer, espero no arrepentirme de nuevo ¡Carajo! —Que el señor Fernando no sabe que menú escoger para la cena —respondo interrumpiendo—. No logra decidirse entre las opciones que enviaron ¿verdad, cariño? Fernando me mira confundido. ¿Qué estoy haciendo? —Eso no es problema, podemos dejarlo todo en manos del grupo de logística, no te estreses por algo tan insignificante, mi nuevo director. —Oh, si señor.
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