HADES —De rodillas —le ordeno con voz baja, grave, cargada de autoridad a la mujer que tengo enfrente. —Sí, mi dios —responde con la docilidad de quien ya ha sido domada la sumisa. —Ahora chupa — demando. Le agarro del cabello. La tomo del cabello y la obligo a abrir bien la boca. Comienzo a embestir. Mis caderas se mueven con ritmo firme y posesivo mientras le follo la boca como me gusta: sin pedir permiso, guiándola, dominándola. Ella pasa la lengua por mi glande sacándome un jadeo. Chupa, lame como si mi m*****o fuera el bocadillo más exquisito que se haya comido, como si se alimentara de mi placer. La tengo del cabello indicándole como es que me gusta que me la chupen y como buena sumisa se deja guiar. —Trágatelo completo —gruño, consciente de lo que le estoy pidiendo. Mi p

