Capítulo dos. Recuerda mi nombre

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Alexander Exactamente, veintitrés horas después aterrizamos en Kolomna, a cien kilómetros de Moscú. Afortunadamente, el ruso no se molestó en preguntar lo que tuve que hacer y como imaginé que lo haría. Había investigado mi nombre y mi origen y se encontró con un historial delictivo que superaba con seguridad sus expectativas. —Muy bien Xander, me has sorprendido y es algo que no cualquiera puede lograr, formarás parte de mi anillo de seguridad, pero hasta que no esté completamente seguro de tu lealtad no tendrás acceso a nada más que un arma de tipo militar. —Son mis favoritas —respondo con simpleza. Estaba a punto de meterme en la cueva del león e iba a despellejarlo vivo. —Responde ante Mijaíl, es mi jefe de seguridad. Asiento ante la orden, mientras estudio la zona, y al hombre a quien debía desplazar para ocupar su lugar y estar más cerca de la cabeza de Sergí. —¡Sergí! —la voz de una mujer me hizo girar casi violentamente en su dirección. Vi a la mujer correr a los brazos del ruso y todo mi cuerpo se tensó al verlos juntos. Él tenía lo que me había robado. —¡¿Qué haces aquí?! —Mijaíl me dijo lo que te ocurrió en América y me preocupé, no podía esperar para verte. Trato de mantenerme lo más cerca posible de la pareja, tenía que conocer los puntos débiles del hombre y entre más rápido sería mejor. —Tú, sube al auto —dijo el hombre en un mal español, pero lo suficiente para entenderle. Pero antes de que pudiera subir al auto. Una nueva emboscada llegó, había estudiado lo suficiente el territorio de Rusia, pero una cosa era saberlo en teoría y otra muy distinta estar en el territorio y bajo ataque. Hago mis cálculos con prisa y sé que alcanzar la capital en auto era un s******o en toda regla. —¡Maldición, todos a los autos y disparen a matar! —la orden de Sergí era clara, el problema es que no sé si eran enemigos del ruso o la mismísima policía. Las camionetas empezaron a rodear a la UAZ Hunter para proteger al líder de la Bratvá, los disparos fueron aumentando y las metralletas fueron descargándose sin piedad. —¡Hazte cargo Xander! —ordena Sergí lanzándome las llaves. La maniobra de Nueva York había estado manipulada a mi favor, ahora estaba en Rusia y una mala jugada podía terminar con mi vida y la misión en un abrir y cerrar de ojos. —¡Maldición! Acelera, están pegándose a nosotros —gruñe y pude ver como los hombres de Sergí son reducidos y el auto que los perseguía se pegaba a la Hunter. —Estamos siendo rodeados, es una trampa, señor. —Dime algo que no sepa. Maldita sea ¿Dónde está la camioneta de Fedora? —pregunta mientras mira de vez en vez hacia atrás. —No lo sé, no pude verla, pero su jefe de seguridad se ha quedado atrás, puede llamarle —le sugiero, mientras trato de recordar todo lo aprendido de la geografía —No, lo más importante es salir de la zona. —Pero ella es… —Sácame de aquí Xander —ordena y luchó para no soltar una maldición al comprobar que ha preferido salvar su pellejo, que volver por su esposa… Los disparos continuaron escuchándose en la distancia. Detonaciones aquí y allá y aunque la velocidad con la que conduzco es vertiginosa, no podía quitarme a nuestro perseguidor, desenfundo mi pistola y con paciencia espero el momento oportuno para batir a tiros al tirador del otro auto y luego me aseguro de hacerle estallar las llantas. —¿Regresamos, señor? —No, si sobrevive sabe dónde encontrarme —dice con una frialdad que me enfrío la sangre y el deseo de aniquilarlo creció como llamarada en pleno apogeo, pero antes de hacerlo debía destruir la organización completa y hacer caer a quien tuviese nexos con la Mafia roja. Tres horas más tarde… Permanezco quieto en la biblioteca de la casa Volkova, como fuera que las cosas se dieron, estaba dentro de la matriz de la Bratvá, el primer objetivo está hecho. —Xander. —Señor… —¿Sabes algo de Fedora? —Lo lamento, señor, pero Mijaíl no pudo hacer nada por ella. La señora recibió varios impactos que terminaron con su vida —anuncio, esperaba alegrarme de su dolor, tener un poquito de lo que yo había sufrido, pero Sergí ni se inmutó ante la noticia. —Asegúrate que Mijaíl traiga su cuerpo a casa y prepara todo lo necesario para el funeral. —Sí, señor. —Otra cosa Xander, después de hoy ten la seguridad que mi vida solo te la podré confiar a ti. Salgo de la biblioteca con una ligera sonrisa, después de todo estaré cerca de la serpiente. Italia Irina. —Su padre está en la línea señorita Volkova —miro de mala gana a Annika, mi perra guardiana. Hablar con mi padre no es en lo absoluto lo mejor del mundo, pero supongo que no puedo negarme a contestar la llamada. —Padre —le digo a modo de saludo sin mucho interés, estoy esperando a que me recriminé por el auto que me compré hace pocos meses o por el viaje a la India que hice sin su permiso. Realmente el motivo de su llamada me tiene sin cuidado hasta que… —Fedora está muerta. Su voz es gélida y la noticia devastadora, ¿de verdad ese hombre no es capaz de sentir? Me da la noticia de la muerte de mi madre como si me estuviera dando la hora. Me pregunto ¿Qué clase de hombre es Sergí Volkova? —No es verdad —respondo, me niego a creer que mi madre está muerta, apenas unas horas atrás habíamos conversado e incluso habíamos hecho planes para vernos luego de un año. —No estoy para bromas, fuimos emboscados por los hombres de Kesar Sokolova, mientras volvía de América, no pudimos hacer nada por ella. —¿Qué no pudieron hacer nada por ella? Estoy segura de que ni siquiera lo intentaste papá. ¡Mi madre murió por tu culpa! —grito a punto de perder la compostura hasta que las palabras de mi madre llegan a mi mente. “No dejes que nadie te vea vulnerable, así el alma se te esté rompiendo en miles de pedazos. Debes recordar esto Irina. No hay amigos en este negocio y cualquiera puede ser un traidor” No era fácil tragar el dolor que siento, mi alma se rompe en miles de fragmentos, pero los ojos de Annika están puestos sobre mí y me obligo a tomar una actitud serena, si él no llora yo tampoco debería. —Estoy volando a Rusia —le comuniqué y cerré la llamada. —Señorita. —Ahora no Annika —le interrumpo, sé que su intención es consolarme y es lo que menos necesito ahora. No quiero quebrarme ante el dolor que invade mi cuerpo. Si le permito tocarme sé que me desharé en llanto y no podré controlarme y si hay alguna manera de honrar la memoria de mi madre es no llorar. No mostrar lo herida y devastada que estoy. —Prepararé su vuelo. —Hazlo como siempre, recuerda que quien dispara una vez lo hará dos veces. —Si, señorita, le avisaré apenas tenga los permisos del hangar. Asiento, sin responder, me sirvo una copa de vodka y dejo que el alcohol queme mi garganta. Que anestesie mi dolor por el tiempo necesario. Sé perfectamente que la muerte de mi madre traerá grandes cambios y ninguno bueno para mí. Tres horas y media después puedo observar el cielo oscuro de Moscú. El cielo está en un punto que no es ni de día ni de noche, sino gris, es como si el cielo sintiera mi dolor. Volver a mi ciudad natal no era mejor que estar en un país extranjero, sin importar a donde fuera, siempre sería la prisionera de mi padre. La mujer más rica de Rusia, la única heredera de la dinastía Volkova. “Nunca pierdas el norte Irina, nunca demuestres lo afectada que puedes sentirte o le darás a tus enemigos justamente lo que esperan. Piensa como una Volkova y vive como una princesa” Las palabras de mi madre son como un mantra en mi cabeza. No puedo creer que mi madre está muerta. Fedora era todo lo que yo necesitaba para sonreír. Sin ella mi vida no tiene sentido, nuestros lazos no eran sanguíneos, pero eran mucho más fuerte que ese espeso y rojo líquido. Y ahora la había perdido y todo por la necedad de mi padre, por mantenerla a su lado. Si él la hubiese dejado venir a mi lado, ella no estaría muerta. El resentimiento aumentó dentro de mi pecho y aun así me niego a llorar. Fedora me hubiese regañado por mi debilidad. “No juzgues tan duramente a tu padre Irina. Él te ama, pero para un hombre como Sergí, es muy difícil expresar lo que siente, sobre todo, siendo quien es. Un día vas a comprender mi querida Irina, el día que tengas hijos y tengas que elegir entre matar o verlos morir” —El avión está a punto de aterrizar, señorita Volkova, abróchese el cinturón —Annika, interrumpiendo en el momento clave, pienso. —Annika, qué tan seguro es aterrizar en un Aeropuerto público. Me parece una estupidez por parte de mi padre, pondrá a miles de personas en peligro únicamente para salvarme y ni así podrá garantizar que uno de todos ellos no meta una bala en mi cabeza —digo sin interés a mi guardaespaldas. —Irina —Annika se atreve a tutearme. —Son miles de personas que van y vienen, muchas de ellas saldrán heridas, ¡¿Qué tan difícil es comprender mi punto?! —exclamo irritada, luego de recibir las indicaciones de mi padre para aterrizar. —Esos miles de personas no son importantes para el señor Volkova. Su única prioridad es que usted llegue a salvo, no importa las vidas que pueden perderse en el camino. Hombres a su servicio y personas que simplemente estaban en el lugar y a la hora equivocada. Las palabras de Annika son frías y devastadoras, pero era todo lo que se esperaba de una mujer que mata por dinero, el seguro por proteger mi vida es lo suficientemente millonario para que valga la pena recibir una bala en mi nombre. Minutos después escucho por el intercomunicador el desastre que se arma en el aeropuerto Internacional de Sherétievo. Sería mejor decir el infierno que se desata por gracia de Kesar, pero para su mala suerte, estoy viva y dispuesta a vengar la muerte de mi madre. Una vez que bajo del avión privado en el aeropuerto de Domodédovo, al sur de Moscú, camino hacia las camionetas que esperan por mí. Las camionetas que me llevan a mi nueva prisión. Mis pasos son los de una puta princesa, la que no llora, la que no sufre. La imagen perfecta de Irina Volkova. —¿Dónde está Mijaíl? —pregunta Annika al notar que el hombre de mayor confianza de mi padre no está presente para recibirnos. —Mijaíl fue enviado al norte de la ciudad, fue el señuelo para los hombres de Sokolova y vaya que lo picaron, los muy idiotas han secuestrado una aeronave pensando que la señorita Volkova iba en él —explica el hombre con evidente satisfacción. —No cabe duda que mi padre sigue siendo el mismo de siempre. Exponer la vida de miles por una vida y encima ni se ha tomado la molestia de venir personalmente —me quejo sin sentido, quizá por decir algo, para apartar la culpa de aquellos inocentes que murieron este día por mí. Me quito las gafas, ya no me eran necesarias, no había nada que ocultar de cualquier manera, miro al auto donde uno de los hombres no se ha molestado en bajar y no es que me importe, pero mi maldita curiosidad me hace preguntar: —¿Quién es él? —Xander, el nuevo guardaespaldas y brazo derecho de su padre —responde uno de los hombres. Frunzo el ceño. Estoy segura de que nunca he escuchado su nombre antes, no sé lo que hizo para llegar a un puesto importante tan rápido, pero mi instinto me dice que bueno no es. —¿Qué habrá hecho para llegar tan lejos? —pregunto en voz alta para que me escuche. —Hasta el día de hoy no solo le he salvado el culo a tu padre, sino también me he asegurado de salvar tu precioso trasero esta noche, princesa —su voz me hace estremecer y por alguna razón siento que ya la he escuchado antes, pero no logro recordar donde. Pero su arrogancia no es algo que pueda tolerar. —¿Y esperas que te dé las gracias? —Me pagan por esto, señorita, no tiene nada que agradecer —responde olvidándose de quien soy yo. —Soy Irina Volkova, recuerda mi nombre —le digo y sé que en mis ojos hay el mismo desafío que pude ver billar en sus ojos grises, fundidos como la plata.
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