CANTO XXXI

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CANTO XXXI «¡Oh, tú que estás allá del sacro río!», (dirigiendo hacia mí su voz en punta, cuyo filo sintiera el pecho mío, siguió Beatriz, en su oración conjunta) «di, si no es la verdad, alma culpada, tu confesión responda a mi pregunta.» Yo tenía la mente tan turbada, y en mis fauces las voces tan suspensas, que la palabra en mí quedó encerrada. Esperó; luego dijo: «Di, ¿qué piensas? Responde, ¿qué memoria aquí te atrista? ¿No ha borrado el Leteo tus ofensas?» La confusión, con la pavura mixta, débil sí arrancaron de mi boca, que escuchar no era dado sin la vista. Cual por tensión la flecha se disloca, y rompe cuerda y arco, despedida, y con menos violencia el blanco toca, así, tesa, estalló mi alma afligida, con lágrimas, brotando entre sollozos, la voz por emocione

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