CANTO XVIII Terminado que fué el razonamiento, el gran doctor atento me miraba para observar si hallábame contento; y yo, que aun de saber sediento estaba, fuera callaba y dentro me decía si el mucho preguntar le fastidiaba; pero él, padre benigno, que veía la timidez que me quitaba aliento, me habló y me hizo hablar con osadía. Y así dije: «Se aviva el pensamiento con tus luces, que veo claramente cuanta razón comporta en su elemento; »pero te ruego alumbres aún mi mente, explicando ese amor que nos desvía del bien y el mal, alternativamente.» «Alza y fija tu mente en la luz mía», contestó, «y verás de una mirada, del que, el error ciego, se hace guía. »El alma para amar ha sido creada, mas se complace en cosas pasajeras, cuando por los placeres es llamada. »Vuestra

