CANTO XXV Forzoso era subir: que el meridiano cedía el sol a Tauro, y traspasaba la noche opuesta al Escorpión lejano. Por lo que, como nada nos fijaba, cual sucede al que sigue a la ventura, necesidad los pasos impulsaba. Y entramos del peñón por la abertura, uno a uno trepando por su escala, que a quien sube separa su estrechura. Cual pichón de cigüeña mueve el ala cuando intenta volar, y dentro al nido en vanos aleteos se desala, tal sentía, apagado y encendido, el anhelo de hablar, que se suspende antes de articular algún sonido; mas dijo el dulce padre: «Habla y desprende la flecha que la lengua te sofoca y el arco de tu labio firme tiende.» Y entonces con firmeza abrí la boca: «¿Cómo puede un espíritu ser magro, donde alimento al alma no provoca?» «Si recordases

