CANTO XXVI

943 คำ

CANTO XXVI Mientras uno en pos de otro iba en hilera, al borde del barranco, nuestro guía: «Guarda y sigue mi ejemplo», repitiera. El sol que mi siniestro flanco hería al descender radiante al occidente, el celeste color emblanquecía. Retornaba mi sombra más rubente al parecer la llama; y a este indicio, vi a las sombras errantes, poner mente, sin poder aún formar del caso juicio; y a murmurar entre ellas comenzaron: «¡No parece, el de aquél, cuerpo ficticio!» Y poco a poco a mí se aproximaron, observándome siempre con resguardo, y, sin salir del fuego, así me hablaron: «¡Oh, tú!, que vas detrás con paso tardo, porque tu escolta esa atención merezca, respóndeme, que en sed y llamas ardo; »y tu respuesta, más que a mí se ofrezca a esta mesnada, que sedienta se halla, má

อ่านฟรีสำหรับผู้ใช้งานใหม่
สแกนเพื่อดาวน์โหลดแอป
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    ผู้เขียน
  • chap_listสารบัญ
  • likeเพิ่ม