A la mañana siguiente me sentía con mucho ánimo, baje por las escaleras cargando la pequeña maleta que llevaría a nuestro paseo. Ernesto, Erik y Ciro ayudaban a papá a subir las cosas que llevaríamos. Mi hermano se acercó a mi dándome un beso de buenos días en la mejilla. Le pasé la maleta para que la subiera a la camioneta. - ¿Y esa camioneta, de donde la sacaron? - pregunté, ya que nunca la había visto en la casa. - Es de la fábrica, ayer, Erik y yo fuimos por ella cuando ustedes desaparecieron – dijo mi hermano divertido - ¿dónde estaban? - En tu escondite favorito – le respondí con ironía. Mi hermano soltó una carcajada incontenible. Recordé que cuando Ciro y Marion estaban en preparatoria y su relación era más madura, pasaban muchas noches en la casa de huéspedes, n

