POV. Noah
Siempre supe que Logan era un imbécil, nunca pensé que en estas medidas.
Tenía frente a mí a unas de las mujeres más lindas que había visto en mi vida. Ella Clark, era mi karma: periodista, atractiva, cuerpo de infarto y humor ácido. Y no entendía que le había visto a Logan Morin.
Puede que odiase a su ex, pero en verdad no entendía que hacía con él, era inteligente ¿Acaso eso moría cuando te enamorabas?
No tenía idea, pero ella me ofreció esto y estaba dispuesto a probarlo antes de que ambos nos convirtiéramos en dos extraños. Tal vez la única parte positiva de esto era esa: Ella no lloraría por más.
—¿Lista para continuar?
Pasé mis dedos comprobando su humedad. Estaba lista para esto y eso era importante; disfrutaría. Todas lo hacían.
—Sí, pero no aquí.
Sonreí un poco por sus palabras, no importaba donde lo hiciéramos, nadie nos vería. Mi casa era sagrada. Aun así, la levanté y comencé a subir con ella.
Tuve que acomodarme la erección dos veces mientras la saboreaba, ahora planeaba hacer uso de ella. Tenía los suficientes preservativos para mantenerme la noche ocupado.
Entré en mi cuarto, caminé directo a mi habitación dejarla sobre mi cama. Sus pupilas dilatadas casi se mezclaban con el marrón de sus ojos; aquel par de labios carnosos hinchados por morderse.
—¿Estás segura?
Tomé la parte baja de mi camisa para desprender la prenda.
—Segura —parecía menos ebria, lo que era grandioso, no quería una demanda.
Desprendí mi camisa, relamió sus labios y observó hacia abajo. Esperaba que me desprendiese el pantalón y lo haría, pero estaba divertido con su ansiedad.
Apenas termine de sacar la prenda superior, su cuerpo se irguió, su piel chocolate brillo con la luz del ambiente y mis ojos fueron a sus pechos: medianos, pesados y perfectos.
Morin era un imbécil, no había dudas.
Sus dedos fueron directo a mi pantalón, hurgando con sus dedos el botón de mis jean lista para desprenderlos y bajarlos, pensé que se dormiría después del orgasmo, pero no, seguía acá, lista para jugar y vengarse.
Sus uñas pasaron por mi cadera bajando la prenda y liberando mi erección frente a sus ojos, tomó aire, se relamió y me observó con cierta expectativa.
—No come, si es lo que te preocupa —pensé un momento—. Bueno, lo hace, pero de una forma placentera.
—Eres un imbécil, Campbell.
—Acabas de aceptar tener sexo con este imbécil.
—Siempre se necesita uno en la lista.
Quise preguntar por ello, pero me callé cuando su boca tomó poder sobre mi anatomía. Mis ojos se cerraron y elevé mi rostro intentando encontrar algo de cordura en toda la situación, pero no podía.
Ella estaba provocando un estrago en mi sistema.
Su mano comenzó un vaivén, su lengua giró y la maldición que dejo mi boca se escuchó en todo el lugar. Algo que al parecer motivo a la mujer que ahora me tenía agarrado de las pelotas, literalmente hablando.
—Maldición, Clark.
Gemí y sostuve su cabello con mi mano. Mis caderas cobraron vida propia moviéndose de adelante hacia atrás lento, pero firme.
No quería acabar así. Ella no duraría mucho.
Tomé su rostro, le pedí que tome aire y comencé a moverme con fuerza; se ahogó, pero no me pidió que pare, tampoco se quejó cuando me aparté. Solo me observó llena de deseo y lo agradecí.
—No pienso terminar así.
Se subió de nuevo a la cama mientras tiraba mi ropa a un costado, tomé uno de los preservativos de la mesa de noche, me lo coloque sin esperar mucho y me lance sobre ella sin pensar.
La bese apenas mi cuerpo toco el suyo, el contacto entra ambos era embriagador, de esos que pocas veces sientes. Teníamos piel, no iba a negarlo.
Elevó sus caderas, moví las mías y segundos después me encontraba dentro de ella, siendo exprimido y gimiendo de placer.
Siseé una maldición, besé su cuello y volví a moverme mientras mi mano pasaba por su pierna. Planeaba disfrutar de esto tanto como fuese posible.
Solo mantuve nuestros cuerpos unos segundos más en contacto antes de arrodillarme y elevar sus pies por encima de mis hombros.
Gimió cuando provoque un nuevo contacto, se aferró a las sanabas. Era perceptiva, no hacía sonidos excesivos para parecer actriz porno, lo que para mí era grandioso.
Cerré mis ojos y me permití disfrutar del calor que me recorría el cuerpo, la manera en que encajábamos y como se acoplaba o me pedía que lo hiciera más fuerte.
Se tensó, supe que otro orgasmo venía, pero en lugar de ello me lanzo sobre la cama haciéndome abrir los ojos y cortándome la respiración casi automáticamente cuando tomo la iniciativa de llevar el control.
—Es mi turno.
Sonrió con picardía, con sus manos en mi pecho trazando mis músculos y los dientes a la vista. Era linda.
—Entonces, veamos que tienes.
Pase las manos por sus piernas y me deleite con la imagen de sus pechos rebotando mientras el calor se multiplicaba. Me impulse hacia adelante haciendo se nuestros pechos se choquen y la ayude a moverse mientras nuestras bocas se exploraban.
Rasguño mi espalda, apreté su trasero y terminamos de nuevo en el colchón con ella marcando un ritmo demoledor que nos llevó a los dos a estar transpirados y con el cuerpo erizado.
—Noah —gimió mientras intentaba liberarse—. Necesito… yo…
—Ahora.
Apreté mi agarre en sus caderas y comencé a moverme, se tensó, clavó sus uñas en mi pecho, bajé a su cuello para chupa, la corriente creció, mis músculos se tensaron y caí, con ella apretándome, gemidos bajos y una sensación de placer extremo.
Ella se derrumbó sobre mi pecho, con la respiración agitada y flácida. Escondió su rostro en mi cuello, dejo una mano en mi pecho y mis caderas se movieron nuevamente provocando otro de sus sonidos.
Me faltaba el aire, pero no había hecho tanto ejercicio para estar en ese estado. No lo entendía.
—Tengo sueño.
Balbuceo y puse los ojos. Mi cuerpo giró con ella para dejarla en la cama antes de levantarme y sacar el preservativo. Pasé al baño para tirarlo y busque unas toallas húmedas para que se limpie, pero al regresar ya estaba dormida.
Contemplé el contraste de su piel con mis sabanas beige y maldije antes de limpiarla e ir por mi ropa interior. Me quedé parado a un costado observándola y pensando que hacer.
Si me acostaba en mi cama y no recordaba, tendríamos problemas. Pero se veía consciente antes de hacerlo y dormirse, además, era mi cama, mañana tenía entrenamiento, no dormiría mal por ella.
Me acosté a su lado, dispuesto a dormir, pero todo lo que olía era su perfume. Mis ojos dieron con ella antes de buscar la noticias de Logan Morin, eran tendencia mundial, la mujer estaba en todos los medios, hablaban de todo.
Estaba tranquilo, hurgando en su privacidad cuando observé la imagen de ambos en el bar.
—Mierda.
Esta mierda no podía ser cierta, había sido cuidadoso, incluso cuando salió del baño y termino en mis brazos, de hecho, me estaba yendo, la había visto beber, con su amiga, me reí de ella un poco, pero no con maldad, era la primera vez que sonreía sin parecer una piedra.
Su versión borracha era divertida, pero no cuando me incluía en los medios.
No podía tener ni un solo escandalo más o perdería la titularidad y mi puesto de capitán. El DT fue claro, no soportarían nada más de mí y venía comportándome.
—Las lindas traen problemas. Claro que sí.
Intenté no dormirme, hablé con mi representante, bueno, solo le mande mensajes y esperé que me respondiera, pero solo me dormí y no desperté cuando el grito de una mujer llegó.
—¿Qué mierda? —Me senté.
—Lindo perrito, lindo perrito.
Observé a Clark en el suelo, levantando la mano mientras Tyson la observaba atento. Estaba desnuda, en el suelo, con el rostro lleno de pánico.
—No te hará nada —silbé y mi amigo subió a la cama.
—Uno de esos me mordió.
Se levantó temblando y junté mis cejas, parecía realmente aterrada.
—¿Quieres que lo saque? —Afirmó despacio sin quitarle los ojos encima—. Tyson, afuera.
Mi perro bajo el rostro y salió de la habitación sin volver a mirarnos. Ella suspiro y llevó sus ojos a mí, pero yo solo observaba su cuerpo desnudo. Estaba buena.
—¿Qué tanto ves?
Bajo la mirada y jadeo antes de taparse con las manos.
—¿Por qué te tapas? Vi todo eso anoche, de hecho, pasé mi lengua por…
—Entendí —miró el lugar—. ¿Dónde está mi ropa?
Si ayer llevaba el maquillaje corrido, ahora estaba mucho peor.
—Abajo, mapache —me levanté para buscar un pantalón.
—Deja de decirme mapache —se quejó.
—¿Te has visto la cara?
Me vestí, Ella camino directo a uno de los espejos y se quejó antes de pasar las manos por debajo de sus ojos.
—A prueba de agua… sí, claro.
Balbuceo blasfemias y luego se calló.
—Momento —me observó—. ¿Qué hice?
—¿Eres de las que se olvida? —Me sacó el dedo del medio.
—No, idiota —camino de un lado al otro—. Esto no debía pasar, estoy a un paso de ser… despedida. Joder, me despedirán.
—¿Por qué?
—El imbécil de Morin me hizo el hazme reir, mi jefe no quiere eso, ahora estoy en observación y me asignaron tú equipo.
Me detuve, pensé que era uno de esos dramas de mujeres hasta que dijo aquellas palabras.
—¿Qué?
—Lo que oyes, llevo la prensa de Edmonton.
No. Me negaba a tenerla en mi lugar ¿Qué mierda era esto?
—Lo hiciste apropósito.
—¿Qué? ¿Eres imbécil? No necesito esto esta mierda.
Caminé a la cama y busqué mi móvil para mostrarle la noticia y todo lo que decía mi representante.
—Estamos en los medios, si esto es un juego tuyo y de Morin para joderme, haré de tu vida un puto infierno.
Sus ojos se abrieron grandes, llevó la mano a su boca y comenzó a llorar. Ella parecía una niña en plena crisis.
—Me van a despedir, tanto esfuerzo para terminar con mi carrera gracias al imbécil de Logan.
Se tiró en el suelo y lloró, por mi parte me quede observando, no sabía que hacer, quizás picarla. Maldición, verla llorar no era lindo y no tenía idea de porque me afectaba, no me interesaba en lo absoluto. Aunque podía consolarla, eso se hacía en estos casos.
Toque su cabeza dando leves palmadas mientras simulaba un sonido de calma hasta que me aparto.
—No soy tu maldito perro, idiota —se levantó—. Piensa como arreglaremos esto.
—¿Yo? Eres tú la que me busco.
—¿Te busque? —abrió la boca—. Tú me hablaste en la barra.
—Te me tiraste en el pasillo.
—Estaba ebria.
—Te vi consciente cuando dejaste que te tocara.
—Te detesto.
—El sentimiento es mutuo, periodista —saco de nuevo su dedo.
—Solo deja de actuar como un neandertal por cinco minutos y pensemos.
Pasé la mano por mi rostro y caminé hasta que se me ocurrió una idea que nos serviría a los dos.