¡OMG!

1811 คำ
POV. ELLA Mis labios se estrellaron contra los suyos, suaves y carnosos. No había suficiente luz como para distinguir sus rasgos, pero podía sentir lo calloso sus dedos, el tamaño de su mano que lograba cubrir mi cadera completa, su pecho duro empujando el mío contra la pared y aquel picor que dejaba su barba. —Definitivamente tu ex es un imbécil. Sus labios bajaron por mi cuello, gemí y nuestro encuentro en la barra volvió. Sus ojos claros, la mandíbula cuadrada, el cabello corto en los costados y más larga arriba. Se parecía mucho a… Me tensé, mis manos lo apartaron un poco y su respiración volvió a golpear contra mi rostro. —¿Qué paso? Empujé su cuerpo de nuevo, intentando mantener la distancia entre ambos, aun cuando mi cuerpo parecía querer acercarlo. Olía increíble. —Eres Noah Campbell. Puedo jurar que sonrió, porque sus dientes brillaron en la oscuridad ¿Quién tenía los dientes tan blancos? —Vaya, Clark. Pensé que no eras tan buena en tu trabajo, pero al parecer solo es el alcohol el que te nubla. ¿Dijo que no era buena en mi trabajo? —¿Qué no soy buena? —Crucé mis brazos—. Soy muy buena en mi trabajo. —Excepto para saber que el idiota de novio te engañaba. Pudiste hablar de mis salientes, pero no de las infidelidades de él —parpadeó, estaba muy ebria para coordinar—. Dime algo, ¿tenían una especie de trato con respecto a eso? Maldición, quería decirle muchas cosas, pero mis capacidades eran casi nulas gracias a todo el alcohol que tenía encima. Trabajaría para su equipo, lo vería a diario. —¿Te parece divertido mi drama personal? —Sí —se alejó otro paso—. Sobre todo, porque te encanta hablar del mío. Vaya, me detestaba, de eso no había dudas, pero sabía que odiaba más a Logan. Dijo algo de lo idiota que era mi ex, por ende, le gustaba, aunque sea un mínimo. Quizás… no, no. Uno no debía pagar con la misma moneda, eso no estaba bien. —¿Qué tanto piensas, mapache? Abrí la boca, acababa de llamarme como un animal. Maldito neandertal. —Te querías acostar con esté mapache hasta hace solo dos minutos. —Creo que fueron como cinco, tardas de uno a dos minutos en responder —su risa ronca volvió y mi piel se erizo. Estaba mal, no podía reaccionar a él. Era un idiota con aires de grandeza, un mujeriego de primera con más corazones rotos que marcador en el tablero. Aunque todas las mujeres hablaban de lo bueno que era en la cama. —¡Clark! —Chasqueó los dedos delante de mí—. ¿Tengo que llevarte a urgencias? —Tengamos sexo. —¿Qué? Maldición, lo había dicho en voz alta ¿Qué me pasaba? —Quieres tener sexo conmigo —repitió—. ¿No te preocupa terminar llorando por lo mal que la pasaras? Se acercó de nuevo. No era una negativa, tampoco una confirmación de que aceptaba. Joder, no bebería más. —Correré el riesgo —otro paso más cerca. —Me usas para vengarte de Morin —mordí mi labio—. Acostarme con la ex de mi enemigo. Aquello salió bajo, como un pensamiento interno, pero dicho para que lo escuchase. —Creo que acepto —abrí la boca—. Saldremos por atrás, dile a la fotografía que te vas, no quiero que nos vean juntos y tú tienes la ciudad entera buscándote. Me quede petrificada, a tal punto que volvió a chasquear los dedos y llamarme. Tomé mi teléfono como pude, le escribí a Brianna que me iba con un hombre y le enviaría la ubicación para que me buscara mañana. No creía que fuese a matarme ¿No? —No, no —me sacó el teléfono y tecleo rápido—. No quiero a más periodistas en mi casa. Me dio mi teléfono de nuevo y observé el mensaje. Ella: Me voy con un hombre ardiente y rico. Vamos a su casa. No me esperes, su chofer me lleva luego. ¡OMG! Es muy sexy. —Yo no digo, Oh my God ¿Quién hablaba así? Quizás las adolescentes con las que salía. —Hoy lo dirás, tranquila. Tiró de mi mano, no espero que respondiera, solo me saco por la puerta trasera donde ya había algunos hombres esperando. Los observé, ellos me miraron sorprendidos a mí, pero no dijeron nada mientras caminábamos a una camioneta con vidrios polarizados y me subía atrás. —Travis, por favor, cierra. Su voz sonaba más ronca, su perfume ocupaba todo el ambiente y apenas nos separaban unos centímetros gracias a su tamaño. Observé como una ventanilla comenzó a subir separándonos de sus choferes. Y lo observé. —¿Por qué cierras? —No me interesa que sepan lo que hago —texteo algo en su teléfono antes de dejarlo en el asiento—. Entonces, ¿en que estábamos? Pensé un momento, al menos traté, porque Noah tiró de mi brazo acercándome, jadee y pegue un pequeño grito cuando me tomó para subirme a su falda. —¿Cuáles son los no? Lo miré desconcertada. No entendía a que se refería y al parecer estaba dispuesto a dejarme pensar porque su boca fue directo a mi cuello para besar la zona y su mano a mi muslo. Gemí de nuevo cuando encontró aquel punto sensible detrás de mí oreja y separó mis piernas con la mano para subir despacio por la cara interna de mi muslo. —Clark, necesito que me digas cuales son las cosas que no quieres hacer. Vaya, él estaba preguntando. —Hay algo que no te guste. —No quiero sexo por atrás —respondí rápido, incluso con un poco de miedo en mi voz. Se aparto para mirarme, la mano que estaba en mi muslo subió directo a mi cuello, sus dedos se abrieron abarcándolo casi en totalidad, no apretaba, solo rozaba la zona mientras elevaba mi mentón. —Es un pena —su boca se acercó—, tienes un excelente trasero. Paso lengua por mi labio antes de atraparlo, me removí ansiosa y el agarre se apretó, no mucho, solo lo suficiente para sentirlo y enviar las cargas justas a todos esos puntos sensibles. —¿Esto es mucho? Negué sacudiendo la cabeza y nuevamente tuve su boca en la mía, era una guerra de poder por ver quién llevaba el beso, aunque terminé cediendo al sentir sus dedos apretar mi punto sensible entre mis piernas. Campbell podía ser un idiota, pero un genio con la boca y los dedos, porque no solo sentía su erección golpeando mi trasero, lo sentía a él en todos lados. Respire agitada, eleve mi rostro por aire algo que aprovecho para bajar por mi cuello. Quería más y no sabía cómo haría para obtenerlo con mis jean y la blusa abotonada. Pero al parecer no era un impedimento para él, porque termino mordiendo mi pezón a través de la tela. —Oh por dios. Cerré los ojos con fuerza y su risa ronca me recorrió el cuerpo antes de frenar. —Te dije que lo dirías, nena. Lo observé molesta y juntó sus cejas antes de acomodar mi cabello un poco y volver la blusa a su lugar junto con mi cuerpo. Estaba por consultar que pasaba cuando el golpe llegó y Campbell abrió de su lado y estiro la mano en mi dirección. —No quiero a nadie en la casa hasta que los llame mañana. —Entendido señor, le aviso al personal. Tomé su mano que seguía esperando que saliera. Pensé que era por cortesía, pero me llevó así hasta la entrada de su mansión. No pude ni siquiera mirar, solo pasé y estuve contra la pared en cuestión de segundos. Otra vez nos encontramos en uno de esos besos sofocantes, con la diferencia que me sostenía del trasero y no tocaba el suelo. Mis piernas ya estaban alrededor de sus caderas, mis manos aferradas a su cabello, mientras me permitía gemir como un animal en celos. —Una cosa —me aparté observando sus ojos—. Maldición, eres lindo. Subió una de sus cejas, negó despacio y se movió directo al salón. —Tú no es tas nada mal, mapache. Abrí la boca, me quise salir, pero no me dejo, solo tomó con una mano mi trasero y la otra mi cabeza para besarme. Era un imbécil, pero no lo quería para nada más que sexo. —No te enojes, cariño. Eres ardiente, pero no estamos acá para hablar —me dejo en el sofá mientras se colocaba encima. —Te iba a decir que esto nunca paso. Entrecerró sus ojos un momento, afirmó despacio y volvió con su boca a mi cuello. Me deje llevar por el momento, como bajaba por mi piel y el tiempo que se tomaba para desprender mi blusa. Su lengua paseando y marcando el contorno de mi pecho. Los mordiscos en mi clavícula y luego, el calor de su boca. Arquee la boca mientras jugaba con uno de mis pechos por encima de la tela. Campbell no espero, solo desprendió la prenda y uso la parte superior de mi cuerpo a su antojo. Mis manos de nuevo terminaron en su cabello, mis piernas abiertas y sus dedos apretando por encima de mi pantalón. El calor creció en mi vientre, formando remolinos de fuego y electricidad, una que se propago a mis extremidades, fuertes. Gemí su nombre y de nuevo dije aquella frase, pero no se burló, en su lugar paso la lengua de un lado al otro de mi cadera, terminó de bajar mis jean junto con las bragas y paso su boca por mi muslo. Abrí más las piernas y me observó. Mis ojos estaban clavados en él, hasta ahora no lo había tocado y no parecía importarle. Era increíble que fuese la primera en llevarse las atenciones. —Eso, gatita —paso su yema por el borde de mi muslo—. Mantén tus piernas abiertas para mí. Su aliento toco mi carne expuesta. Solo se le veía la mitad del rostro, aquellos ojos profundos y las cejas pobladas, pero no necesite mucho más que eso para caer apenas beso mi carne. Solté una blasfemia, me retorcí, mis piernas quisieron cerrarse, pero las mantuvo abiertas mientras recorría mi centro de una punta a la otra. Temblé, uno de sus dedos se unió a la jugada y mi cuerpo sufrió tal descarga que los músculos se me tensaron, la piel se me encrespo y mis sentidos se agudizaron. Me retorcí, dije su nombre y me convertí en gelatina. No sentía ninguna extremidad. Solo aquel hormigueo delicioso y mi centro caliente. —Vamos a descubrir cuanto aguantas, Clark.
อ่านฟรีสำหรับผู้ใช้งานใหม่
สแกนเพื่อดาวน์โหลดแอป
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    ผู้เขียน
  • chap_listสารบัญ
  • likeเพิ่ม