Desahogo

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POV. ELLA La música ocupa todo el ambiente, mis ojos se entrecierran un poco mientras observó a las chicas del otro lado de la barra. Estoy levantando mi mano por tercera vez, pidiendo lo que para mí es un derecho y para ellas un servicio, porque maldición, necesitaba un trago. Mi puesto como periodista principal en lo Calgary se había entregado a otro de mis compañeros, me habían mandado a casa y tenía un ejército de periodista en la puerta de mi departamento. Estaba a un paso de convertirme en desempleada, perdí mi lugar dentro de las ligas, tenía solo una opción de trabajo y acababa de enterarme que el idiota de mi novio había decidido engañarme con una de las porristas del equipo. Al parecer, el vientre plano, la melena rubia y ojos como el océano era el boom para el imbécil con cerebro de mosquito. Noticia de última hora: odio a los hombres. —¿Sí? —Me servirías otro, por favor. La rubia del otro lado hace una mueca antes de servir de nuevo mi vaso con whisky. Saqué el billete y se lo pasé, era lo único que hacía desde que me senté en la banqueta. —Gracias —levanté el vaso y observé mi teléfono una vez más. Ella: ¿Dónde estás? Brianna: Llegando. Ella: Es increíble, me incitas a venir y estoy sola. Brianna: Estaba entregando las fotos. Ya llego. Suspiré, me quejé y me tomé todo el vaso de whisky. Maldición, era portada de todos los malditos diarios, mi nombre no paraba de aparecer en las pantallas y tuve que venir a un bar a las afueras de la ciudad para pasar desapercibida. —La vida es una mierda. —Vaya, sabes decir palabrotas —un voz grave se coló por mis oídos mientras giraba mi rostro—. ¿Así se ven las mujeres derrotadas? Arqueé una ceja, lo veía doble y no tenía idea de quién era, aunque me parecía conocido. Joder, no podía beber en lugares públicos. —¿Derrotadas? No estoy derrotada, solo bebo. —Lo despeinada y la pintura corrida dice lo contrario. Sí, odiaba a los hombres a todos, incluso a esté que ahora me hablaba. Pero sobre todo a mi ex. —No tengo la pintura corrida —arqueó la ceja. —¿Segura? Pelee contra el impulso de revisarlo porque no le daría el gusto a un completo desconocido. —Sí. Ahora largo. —Vaya te dejo mal el sujeto —levantó un dedo y le pidió algo a la chica—. ¿Tan bueno era? —Tengo curiosidad —entrecerré mis ojos en su dirección—. ¿Reconoces la cara porque así quedan las mujeres después de verte desnudo? ¿o es cuando se dan cuenta de que no vales la pena? Su risa llegó, ronca, profunda y con un tinte erótico. Lo que era un problema, porque peleaba con él. El sujeto relamió su labio, lo mordió un poco antes de acercarse, me enderece, saque pecho y levanté la barbilla. Destrozada, pero no rota. —Para tu información, sweetheart. Pueden llorar por no caminar bien, pero nunca por una mala noche… —se acercó a mi oreja—… y eso, es algo que puedes averiguar cuando quieras. Sus labios rozaron el lóbulo de mi oreja antes de apartarse, tomar su vaso e irse. Lo que no esperaba era el trago que acaban de poner frente a mí. —El caballero le dejo este pago —observé el color rosa con bombilla incluida. Observé el trago y luego a la chica, nuestra charla volvió y me incliné para preguntarle algo, pero Brianna llegó. —Oh, otro daiquiri, por favor —sonrió y me miró—. ¿Estuviste llorando? Tienes el maquillaje corrido. Mierda. El sujeto sexy tenía razón. Pase las manos, le medio una toallita con desmaquillante y espejo. No había llorado, de hecho, no deje que cayeran tantas lágrimas, cuando tenía la necesidad las apartaba y listo. —Quise hacerlo, pero lo corté —hice una mueca—. Parece que no sirvió de nada. Suspiré y tomé un largo trago del coctel rosado. —Ella, más despacio —tocó mi mano—. Tendré que llamar al guardia para llevarte a mi carro. —No soy tan gorda. Gimotee al recordar a Mercedes. Rubia, blanca y de ojos celestes casi transparentes, era la versión deportiva de Barbie. Yo no era así. Mi cabello castaño oscuro era largo y brillante, mi piel canela, ojos oscuros, pero de un marrón casi n***o. No tenía la diminuta de sesenta centímetros, pero tampoco estaba pasada de peso. Mis pechos medianos, naturales y buen trasero. Hacía sentadillas hasta dormida. Iba al gimnasio, me cuidaba. Tal vez el problema era mi carácter, mantenía lo profesional, jamás se me ocurrió hacer algo en los vestuarios aun cuando Logan quería. ¿Fue eso? ¿Era la culpable de todo? —Deja de echarte culpas —Bri levantó la mano y puse los ojos en blanco. —No me echaba culpas. —Lo hacías, siempre lo haces —tomó aire—. Esto no es tu culpa. —En cierta forma siento que lo es —miré el vaso—. Hay tantas cosas que no quise hacer en un momento, supongo que eso desgasta la relación. —¿Ciertas cosas? —Sexo en lugares públicos, en los vestuarios, probar otras cosas —baje la voz—. No sé, no me sentía segura para ello. Subió sus cejas, abrió la boca y pidió rondas de Cosmopolitan mientras dejaba su tarjeta. —Mirá, el sexo anal no es lo peor que puedes tener, los hombres lo hacen malo, hay una técnica, no simplemente entrar como en el campo, es movimiento —meneo la cadera—. Eso se trata de seguridad, confianza. ¿Sentía seguridad cuando estaba con Logan? La respuesta podía ser muy sencilla y era no, no lograba sentir toda la seguridad que quería. —Pero la relación no es solo sexo, Ella. hay más, hablamos de amor, confianza, tener charlas profundas, poder estar como amigos y novios a la misma vez. Mi labio tembló, me gustaba lo que decía, pero no estaba segura de haber tenido todo eso con él. —¿Cómo sabes tanto de estos temas? —Subió sus hombros. —Mis padres, tenían ese tipo de relación, yo quiero eso para mí. —¿Crees que exista? Brianna se quedó un momento en silencio, nos dieron los cosmos y me entrego el mío. —No. Por eso bebo. Levantó la copa y solté una carcajada antes de tomarlo de un solo trago. Apreté los ojos, sacudí la cabeza y me sacudí antes de mirarla. —Maldición, es fuerte. —Es lo que necesitamos —tomó otra copa—. Está noche nos vamos a divertir, tomaremos, bailaremos y te olvidaras del imbécil aquel, porque no te merece —me apuntó con el dedo. —No me merece —repetí y me apuntó con el dedo. —Eres talentosa, suficiente mujer para cualquiera. —Tengo altura —dije convencida. —Eres más alta que gnomo —tomé la copa entera y me moví por el alcohol. —No tengo plástico —levanté la mano pidiendo otro trago. —Eso es importante —dijo—, sonríes y se nota. Moví el rostro y luego miré a mi amiga. —Desperdicié diez años de mi vida con un idiota —negué— ¿Por qué estuve con él? —Tu madre te dejo sola en la cama y caíste al suelo, al menos eso dijo. Comenzamos a reír y me callé. Mi madre nunca quiso a Logan, se toleraban lo justo y necesario, de hecho, casi pega el grito cuando se enteró que salía con él. Su shock más grande fue cuando elegí periodismos deportivos. Mamá tenía un problema con los deportistas. —Me envió un mensaje. Tomé mi teléfono y se lo pasé, sus ojos fueron a la pantalla para leer su mensaje. Mamá: Ese chico te hizo un favor. No te merece, es mejor así. Me devolvió mi móvil e hizo una mueca. —Ella en verdad lo odia —susurró y afirmé. —Si y creo que tiene razón —la apunté—. Debí dejarlo cuando aparecieron esos rumores. Logan había estado involucrado en rumores de acomodo, incluso se dijo que su familia pago un torneo. Nunca pudieron comprobarlo, pero dejo a los Edmonton sin la copa y la rivalidad con Campbell aumento. —Que ibas a saber —miró el lugar—. ¿Bailamos? Sonreí antes de ir directo a la pista con ella. Mi cuerpo se movía de un lado a otro, levantaba las manos, bebía y volvía a girar. No me importaban las personas, ni si hacia el ridículo, no estaba en mi lugar, podía olvidarme de todo por una noche. Pero debía ir al baño. —Me hago pis —grité y se rio. —Ve, voy por las copas —señaló la barra—, nos iremos en coche a casa o dormiremos en mi auto —la apunté con el dedo. —Es lo correcto. Caminé tambaleante a los sanitarios, agradecía tener jean y una blusa, no corría el riesgo de sufrir un accidente. Lo complicado era bajarlo y subirlo en mi estado. El baño me daba vueltas, mantenerme era una odisea, sobre todo porque alguien había ensuciado y no podía sentarme. Hice lo que pude, como me fue posible, salí a observarme y me quejé al darme cuenta de que de nuevo estaba con el maquillaje corrido. —¿Alguna tiene desmaquillante? Una chica levantó la mano y le sonreí. Me guiño un poco antes de pasar al baño. Me arregle un poco, aunque termine dándome por vencida y sacando casi todo el maquillaje. Era un desastre y no me molestaba, no venía a conquistar. Dejé las cosas a su dueña y salí, mi cuerpo choco contra otro. Duro, firme y grande. —Mierda, está duro. Mi dedo se clavó en su pecho intentando hundirse, pero no paso nada. Mi palma se abrió y paso por la zona antes de bajar a su vientre para sentir la fila de abdominales. —Joder ¿Es real? Mis manos levantaron su camisa, piel tensa, vello discreto y un six pack de muerte me recibió. —Mierda. Pasé la mano y mordí mi labio automáticamente. —Por lo general, cuando me desnudan no lo hacen en público. Levanté mi rostro al reconocer la voz, solo que aquí no había tanta luz. Empujó mi cuerpo, mi espalda choco contra una de las paredes y la oscuridad creció un poco más mientras nos apartaba del foco. —Es una pena no poder ver tu rostro, pero siempre hay cámaras por estos lugares y tú tienes muchas encima. —¿Yo? —Así es, Clark. Abrí la boca para responder, pero se acercó más. Su perfume se coló en mi sistema, mis manos seguían en contacto con su piel. Era una avalancha sensorial. Podía hablar o besarlo. Gano la última.
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