Narra Elena Mi cuerpo estaba limpio, pero no mis pensamientos. ¿Cómo podía dejar de ver esa puerta? No podía estar tranquila cuando mis nervios seguían de punta. Era de noche, lo sabía. Pero no podía dormir, mi cuerpo estaba en alerta. Cerré los ojos, pero no dormí. Cada vez que estaba a punto de caer en el vacío del cansancio, sentía de nuevo el peso sobre mi cuerpo. La presión en las muñecas. La mano cubriéndome la boca. El olor a tabaco. Y luego el golpe, ese golpe seco que todavía me retumba en la cabeza. No sé cuánto tiempo pasó desde que la mujer me llevó al baño y me dejó bajo el agua caliente. Me quedé allí más de lo necesario. No porque creyera que el agua pudiera borrar algo… sino porque necesitaba sentir que algo caía sobre mí y no me hacía daño. Me miré al espejo despué

