—¿Estás segura? —Su cálido aliento viaja hasta mis labios. Contemplo sus ojos, oscuros, brillantes y cargados de deseo, imagino que de esa misma manera debe verse los míos, no deseo tanto que duele. —Sí, quiero que me muestres, necesito que me enseñes, quiero sentirte. Su cuerpo se estremece con mis palabras. Me sonríe con ternura y vuelve a besar mis labios. —Te deseo a tal punto, Lily, que he tenido tu imagen gravada en mi mente desde siempre y cada espacio de tu cuerpo se ha vuelto mi desesperación —Sus manos trazan mis labios, mis ojos, mis mejillas y bajan hasta el nacimiento de mis senos—. Vivo amándote y no puedo detener el latido de mi corazón que se acelera cada vez que tu imagen se cuela en mis pensamientos —Oh Dios mío—. Cuando no estás a mi lado, confundo a mi almohada conti

