—Esto... esto es hermoso. Demasiado hermosa, es más que eso. Contemplo con asombro y con el corazón cargado la escena delante de mí. Rafael me recogió hace una hora en casa, según sus instrucciones, debía llevar ropa cómoda. No lo entendí al principio, pero ahora si lo hago. Estamos en un parque, un enorme parque rodeado de árboles y mucha naturaleza. Está lejos de la ciudad ya que tardamos mucho en el auto. Luego me condujo por un sendero y terminamos en un pequeño valle, frente a un enorme árbol y sobre una manta suave. La manta está rodeada por algunas antorchas de bambú, hay globos rojos en forma de corazón, una cesta y un ramo de flores. —Un picnic. Qué bonito. —¿Te gusta? —¡Me encanta! Sonreímos más que complacidos el uno con el otro. Rafael toma la cesta y me enseña su conten

