¡Lo estoy besando! ¡Él me está besando! Si esto es un sueño, la vida sería muy cruel conmigo. La lengua de Rafael sale y presiona mis labios a abrirse, lo hago y un jadeo se me escapa cuando profundiza el beso, atrayéndome hacia él. Gruñe y se funde conmigo. Su beso logra consumirme y se lo permito, jamás he sido besada de esta manera y no deseo que deje de hacerlo nunca. Sus manos acunan mi rostro, el beso, a pesar de ser hambriento no es brusco. Él es suave y fuerte a la vez. Necesidad, eso es lo que crece dentro de mí y por ello me aferro con todo lo que tengo a Rafael. Empuño su camisa en mis manos y me entrego por completo a esto, al sentimiento, a la emoción a él. Su mano desciende por mi cuello, mi brazo hasta mi cadera, la aprieta suavemente, gimo cuando siento la plenitud de

