Mis dedos golpeando el teclado de mi computadora era el único sonido que acompaña la voz de Billie Joe Armstrong cantando Holiday de fondo en el concurrido espacio designado para mis estudios. En esta pequeña mesa mi ordenador era el único con un puesto asegurado a pesar de su ineficiencia; por otra parte, mi libreta con notas a medias y mi taza de café debían librar una batalla constante sobre el grado de importancia que tenían, pero esta vez ninguno de los dos podría ser tan importante como la tarjeta negra que reposaba a mi lado.
— Oh, vamos —murmuro, con los ojos deslizándose por los inservibles resultados de mi búsqueda—, es imposible que no haya algo.
Lo que había empezado como simple curiosidad había evolucionado a este punto a algo mucho más obsesivo tras no dar con ningún resultado satisfactorio en las dos primeras búsquedas desinteresadas que hice desde mi móvil. Quería encontrar al menos algo divertido o escandaloso sobre ese ser perfecto, pero no obtuve nada. Nada. Intenté con reconocimiento de imagen, VPN, incluso en varios idiomas, pero lo único que encontré fueron productos homónimos totalmente opuestos a ese lirio rojo.
Soltando un bostezo involuntario me estiré en mi silla, considerando el darme por vencida.
— Seguro debe ser para algún proyecto de diseño—me digo, intentado apaciguar mi mal hábito de querer saberlo todo—, mejor iré a dormir.
Con ese propósito en mente, apagué mi ordenador y me puse en pie de forma perezosa, disfrutando al máximo el crujir de mis huesos al estirarme. Proseguí a ordenar lo mejor posible mis notas, pegando las más relevantes en la pizarra de corcho que tenía colocada en mi pared, mismo lugar en el que puse la tarjeta.
Miré mi creación y luego di la vuelta dispuesta a refugiarme en mi cama hasta que algo me detuvo en seco.
«Esto no me puede estar pasando.»
Miré embravecida mi móvil, el cual había empezado a sonar con la canción designada para mi alarma.
«¡Esto no me puede estar pasando!»
— Es imposible que ya sea de mañana —suelto, con una mezcla que oscilaba entre la molestia y la tristeza, pero mi reloj de mesa me lo confirmo—. Diablos, no puedo creer que me mantuve despierta toda la noche de un domingo.
Pasé con frustración mis manos por mi rostro y al final mis ojos miraron la cama con añoranza, pero no me permití ni siquiera probarla un poco, sabía muy bien que si me echaba tan siquiera un par de segundos nada ni nadie podría levantarme de ahí y justo hoy tenía que exponer el proyecto para el festival. Faltar no era una opción.
— Cosechas lo que siembras —me regañé por lo bajo.
Apagué la alarma y de mala gana tomé mi toalla con la intención de dirigirme hacia el baño hasta que el mismo aparato volvió a sonar, pero esta vez la melodía fue diferente.
Mi mirada se dirigió a él y pude comprobar aquello que pasaba por mi mente.
En efecto, la llamada era de mi padre.
***
— Lamento la tardanza —me disculpo, entrando con una notable emoción al restaurante en que mi padre me había citado.
El hombre que aguardaba por mí en la mesa más apartada del lugar era uno cuyas canas matizando su castaño cabello y líneas de expresión sobre sus comisuras delataban ya sus cuarenta años. Vestido con un simple abrigo verde olivo y un traje gris nadie podría creer que se traba del mismísimo jefe del departamento de policía, era probable que fuera la única que lo supiera y, a su vez, la única que lo ignorara a propósito. Él ahora mismo era solo mi padre.
— Me tomé la libertad de pedirte un capuchino y un postre —menciona mientras tomo asento.
— Es perfecto, muchas gracias.
— Descuida, seguro son gastos que no puedes permitirte por mi culpa.
Me limité a sonreír a pesar de saber que tenía la razón. El que haya venido personalmente a verme era una ocasión muy especial, no quería arruinarlo hablando de dinero.
— Aunque también debemos darte un poco de crédito —agrega, tomando un sorbo de su café oscuro—, me contaron que golpeaste un BMW recientemente.
Mis manos que se disponían a tomar la taza de mi bebida se congelaron ante sus palabras y mi rostro subió al suyo rápidamente, donde le encontré mirándome.
— ¿Quién te lo dijo?
Le oí reír.
— Me resulta gracioso que a este punto creas que no sé todo lo que pasa contigo —soltó bromista.
Bajé el rostro, negando.
«Tengo bastantes motivos para creerlo» pensé.
— Ya me estoy haciendo cargo de eso, descuida —respondí avergonzada.
Asintió.
— Lo dejaré en tus manos entonces.
Un corto silencio se manifestó en el momento en que ambos nos enfrascamos en nuestro desayuno, algo bastante habitual en nuestros encuentros, pero justo cuando creí que seguiría la vieja rutina y recordaría que debía hacer algo con urgencia para luego irse, las palabras que salieron de su boca al bajar la taza fueron otras.
— Leí lo que escribiste en el informe que enviaste a mi correo —su declaración, aunque dicha de forma tranquila, tuvo el efecto contrario en mí—. Tus teorías fueron certeras, se trata de una disputa de territorio entre clanes.
Una sonrisa titubeó en mis labios ante el reconocimiento de mis esfuerzos, pero al mismo tiempo desaparecieron todas las ganas de celebrar que pude haber tenido. Dos clanes en lucha de territorio no era ningún motivo para sentirse tranquila, nadie debería estarlo, menos viviendo en un lugar tan pequeño y vulnerable como Mount Lake.
Esto es en realidad algo grande.
Los clanes surgieron hace ya varios años en Europa, muchos expertos los consideran una evolución a las denominadas mafias pero su sistema de casta es mucho más organizado que una, distinguiendo sus rangos por claves que van desde la D, los aspirantes, hasta la A, los expertos, quienes ocupan el segundo escaño en la pirámide, superados solo por el líder y su familia. Sus ocupaciones involucran la trata de armas, venta de drogas, asesinatos a sueldo, prostitución y una extensa listas de negocios ilegales. Por si fuera poco, son extremadamente territoriales, sobre todo si hablamos del clan a cuyo territorio pertenece Mount Lake: el clan Kèrberos.
Mi ceño se frunció un poco y repentinamente perdí el apetito.
— ¿Qué clase de clan se enfrentaría al clan Kèrberos? —pregunté dudosa— Creí que el clan Basilisco se había desarticulado.
— Al parecer no. Si consideramos tu teoría sobre los cuerpos mordidos por serpientes, ellos serían nuestro principal candidato —comenta, extrayendo de su portafolio una carpeta que puso frente a mí con el sello de clasificado.
Abrí aquel folder y de inmediato saltaron a mi vista imágenes exclusivas de los cadáveres que tanto revuelo causaban en las noticias, pero solo me enfoqué en las mordeduras.
— Jamás utilizaron muertes por serpientes como un sello personal, no tiene sentido que empiecen ahora.
— Es lo más lógico, es el único clan de América que se representa con una serpiente —señala.
Mis ojos se enfocaron en una imagen en particular en la que se mostraba un brazo con seis agujeros ordenados de forma paralela y entonces negué.
— No, no son ellos, el basilisco a pesar de considerarse el rey de las serpientes no tiene la cabeza de una; según la mitología, tiene cabeza de gallo —menciono, sacudiendo la fotografía—, además, con lo minucioso y fanático por lo detalles que demostró ser su líder, ¿por qué utilizarían una serpiente nativa de Australia en lugar de una de Sur América, donde tuvieron su origen?
Le pasé la fotografía a mi padre quien la recibió con el ceño fruncido.
— Es la mordedura de una Taipan, se caracteriza por morder tres veces seguidas a su presa en lugar de una —expliqué—. Cabe decir que esta serpiente no va por ahí saltando de un continente a otro solo para morder personas, son muy tímidas. ¿Hicieron pruebas de veneno?
El hombre frente a mí hizo una mueca.
— Forense las descartó, las consideraron irrelevantes —rodé los ojos—. Quizá lo estamos pensando demasiado, aunque tengas razón, debes admitir que asesinar personas con serpientes no es el mejor método.
Asentí muy a mi pesar, tenía sentido, pero cuando volví mis ojos a las imágenes alcé una de mis cejas al observar en una de las pálidas muñecas un tatuaje de fauces caninas.
— Eran claves B —señalé, mi padre asintió y todo encajó como la pieza de un rompecabezas—. Usar el veneno de una serpiente te da el tiempo suficiente como para intercambiar información por un antídoto, ¿no crees?
Si hablamos de obtener información de un clan a través de sus integrantes, entre más alto apuntes, más serán las respuestas que obtendrás. No todos gozan de la confianza del líder, los rangos más altos son los designados a hacer tareas más importantes, debes acudir a ellos. Mi padre pensó lo mismo.
— Es una buena suposición. Eso quiere decir que se están preparando para algo —pronuncia, bebiendo de su café— y también que casi se les escapa uno esta mañana —al ver mi desconcierto hace avanzar mis páginas hasta el final—. Este fue encontrado hoy en el pantano, muy cerca del lago.
— ¿Mordida de serpiente? —me adelanté.
Le oí resoplar.
— Algo así.
Tras eso, ví esa última foto pero esta vez lo hice con un sentimiento diferente a las otras, quizá por el grado de brutalidad con que a este le habían quitado la vida. Era inhumano.
— Este también había sido mordido pero la causa de muerte fue por un arma blanca, como podrás notar —asentí en silencio bajo la mirada de Richard, quien hizo una pausa por un momento antes de agregar:—, ¿no sabrán tus amigos algo?
La mano que sostenía la página tembló un poco ante sus últimas palabras y de repente perdí el interés que antes tenía en ella, dejándola torpemente en su sitio mientras niego con la cabeza agachada.
— Ya no hablamos, me mudé, ¿recuerdas? —reí un poco para aligerar el ambiente.
— Lo sé, solo creí que como Saint Claire estaba cerca…
— No —interrumpí, con un poco más de brusquedad de la que quería, así que intenté disimular al beber de mi taza. No quería levantar sospechas así que pensé cuidadosamente en mis siguientes palabras—. Rompí todos los lazos con mis compañeros, lo siento.
Le oi suspirar y seguido sentí una mano posándose sobre mi cabeza.
— Eres una buena niña, Carrie, mamá estaría orgullosa de ti.
Mis ojos buscaron rápidamente los suyos para ver el tipo de emoción que podría haber en ellos al decirme algo tan significativo pero, con un poco de vergüenza, apartó el rostro y verificó la hora en su reloj.
— Creo que es hora de que me vaya, tengo que seguir con la investigación —salí de mi ensoñación para asentir con efusividad, empezando a ordenar las páginas que había estado revisando—. Creo tener una idea sobre el clan que puede estar detrás de todo esto, reconozco un patrón de hace algunos años.
— ¿Alguno local? —pregunté con interés.
Hizo una mueca mientras se ponía en pie.
— No realmente, pero esperemos que esté equivocado —le intento pasar el folder con la información pero se niega a tomarlo—. Quédatelo, lo preparé para ti.
Si mi cerebro no había colapsado antes con toda la información que recibió, hoy lo hizo. ¿Esto estaba pasando en verdad? ¿Por fin, luego de tantos intentos, estaba siendo considerada para ayudar? Mi padre pareció ver la perplejidad en mi mirada y se le escapó una risa antes de tirar de una de mis mejillas.
— Te lo has ganado a pulso, solo asegúrate de quedarte tras el odenandor y no hacer cosas que puedan ponerte en peligro —advierte, sacando su billetera para poner sobre la mesa el total de la cuenta por el desayuno—. Revisa tu cuenta bancaria, he transferido lo del mes y un pequeño aumento para ti; compra algo bonito.
— ¿De verdad vas a dejarme ayudarte? —titubueé incrédula.
— Te estoy dando más dinero, ¿no puedes enfocarte en esa parte? —suelta bromista, pero negué. Dejó escapar un suave suspiro ante mi terquedad— Ya me ayudaste una vez, ¿tan extraño es que recurra nuevamente a mi investigadora de confianza?
Evadí el recuerdo de esa vez y me guardé las consecuencias solo para mí; en su lugar, me mostré agradecida por haber sido tomada en cuenta de nuevo y me prometí que esta vez sería diferente.
— Gracias por creer en mí —me sinceré.
— Siempre lo he hecho —pronunció, apretando de forma fraternal mi hombro—. Asegúrate de avisarme si vuelves a contactarte con tus amigos, ¿entendido? Serían de mucha ayuda.
Hice mi mayor intento por lucir indiferente a esa última parte y le di la más sincera de mis sonrisas mientras me aferraba a ese folio, algo que pareció divertirle.
— Estaremos en contacto. Cuídate.
— Nos vemos pronto —respondí.
Vi su figura marcharse hasta que subió a su auto y solo hasta ese momento pude por fin empezar a procesar lo que había pasado en cuestión de horas. Es una locura, una fantástica locura. En mi momento de frenesí me olvidé de todo lo que no tuviera relación alguna con el nuevo caso de mi padre, fue solo hasta que abrí casualmente mi libreta que mis ojos dieron con una nota en particular: “Exposición del proyecto junto al bicho raro”
Mis ojos se abrieron con exageración.
«Rayos, es hoy.»
No me demoré más, me tomé mi capuchino de un solo trago y salí corriendo de la cafetería en dirección a Green Woods, luegar donde debería haber estado ya.
***
— ¡Lana! —exclamé, al ver a la pelirroja entrar al aula— ¿Has visto a Kyle?
Lana me miró con sorpresa pero a juzgar por mi desesperación actual no pude culparla de hacerlo. Había llegado con un poco de tiempo de sobra, por suerte, pero cuando creí que vería la indiferente cara de mi compañero recibirme, me di cuenta de que aún no había llegado.
— ¿Has intentado llamarle? —inquiere mi amiga, descolgando su mochila para ponerla en su asiento.
Saqué mi móvil y le mostré la pantalla.
— ¡Le he enviado veinte mensajes, dejó en visto los primeros dos y luego apagó el móvil!
Lana mostró una expresión que tenía como propósito tranquilizarme, algo imposible ahora mismo.
— Relájate, seguro se quedó sin pila.
— ¡Lo debío haber hecho a propósito! ¡Tú no conoces su lado maquiavélico! —repuse, haciendo a la pelirroja soltar una risa.
— Ven, chica fatalista, vamos a preguntarle a alguien.
Dicho esto, tomó mi mano y empezó a conducirme a las bancas en las que dos chicos discutían entre ellos mientras otro les miraba entretenido. Uno de los litigantes era un bastante enojado Ryder y quien le miraba discutir con esa otra persona no podría ser alguien más que el rubio Alexander.
— ¡Le dije que debían traer café! —regañó un tipo delgado al que no conocía.
— ¡No puedes pedirle a Alexander que traiga papel, café y naranjas y esperar a que traiga papel y comida! —devolvió Ryder—, ¡Él no funciona de esa forma!
El otro tipo le miró casi incrédulo.
— ¡¿Para qué diablos querríamos papel color café y color naranja?!
El rubio se encogió de hombros con simplicidad.
— Me hice la misma pregunta, pero consideré que eras estúpido.
Aquel chico delgado parecía a punto de explotar de la rabia y pude haberlo dejado, no era mi asunto, pero ahora mismo tengo prioridades. Con eso en mente, me hice un lugar entre ellos y miré a cada uno de los únicos dos que parecían ser íntimos amigos de Kyle.
— ¿Dónde está Kyle? —solté sin ningún innecesario preámbulo.
Casi al mismo tiempo la confusión plagó sus expresiones.
Sentí las manos de Lana tomarme de los hombros y pronto apareció su rostro sonriendo de manera incómoda a mi lado.
— Se refiere a Kaidan. Carrie aún no se acostumbra a ese nombre —se excusa, ante lo que chasqueo la lengua.
Qué mas da cómo se llame, necesito su trasero en esta aula en este instante, ¡Eso es lo importante!
— ¿No puedes simplemente esperarle? Vete de aquí —suelta Ryder con un poco de su anterior malhumor aún evidenciándose en su tono.
— T-Tienes razón —habla por mí la pelirroja notablemente afectada por las duras palabras de ese cretino, haciéndome muecas para que nos retiremos.
«Idiota.»
— ¿Oiste mal? Te hice una pregunta, no te pedí un consejo —intervine.
Lana cerró su boca de inmediato y con ese gesto también se fueron sus sonrisas nerviosas. Por otro lado, aquel castaño tipo de ojos verdes me miró fijamente mientras dejaba de lado los rollos de papel de colores que tenía en la mano para empezar a acercarse a mí, pero no titubeé.
— ¿Quién demonios te crees para hablarme de esa forma?
Se detuvo a un solo paso pero a pesar de su altura superior mis ojos no fueron menos feroces. Estaba desvelada, preocupada y hambrienta; un niño bonito, presumido, oliendo a perfume caro y con apariencia de mujeriego no iba a intimidarme. A mis ojos no es más que un payaso.
— Quien va a bajarte de esa nube de pretención, así sea golpes —solté casi entre dientes—. Y no me creo, soy.
— ¡Vamos a empezar! —entró de pronto la maestra, interrumpiendo la guerra de miradas que habíamos desencadenado en el fondo del aula— Iremos por orden de apellidos así que asegúrense de estar todos listos.
Miré hacia la alta y morena mujer con impotencia luego de recibir un apretón reconfortante de Lana, quien tuvo que volver a su asiento. De pronto sentí ganas de retorceder el tiempo y estrangular a ese individuo en el hotel al que me citó ayer, así tendría una mejor excusa para su ausencia el día de hoy.
Estaba a punto de imitar a la pelirroja y volver a mi sitio para dejar de perder mi tiempo con ese neardental hasta que oí una voz dirigirse a mí.
— Kai vendra pronto, solo se le hizo un poco tarde.
Mis ojos miraron al rubio chico que me había respondido y le encontré sonriendo de oreja a oreja, como si no estuviera recibiendo una mirada matadora de parte de su amigo, quien no parecia contento de no haber logrado acabar conmigo. En agradecimiento le devolví su amigable gesto con un poco de desgano y me senté en la banca de atrás junto a mis cosas.
«Tranquila, tu apellido es con la letra C, aún tienes algo de tiempo.»
— Muy bien —continuó la maestra, deslizando su dedo sobre su lista —. Ante la ausencia de apellidos con la letra A y que el único con la letra B tiene un permiso por incapacidad, saltaremos directamente a la C —esto tiene que ser una jodida...— ¿Castellan?
¡..broma!
Sin embargo, cuando estaba a punto de ponerme en pie y explicar mi amarga situación actual, la puerta se abrió y dió paso a la persona portadora de un cuello que ansiaba estrujar. Al aula entró Kyle cargando con su mochila en el hombro y algunos libros en su mano, evidenciando en el ligero color en su rostro usualmente pálido la prisa con la que seguramente venía.
— Buenos días—saludó cordialmente con un toque de cansancio matizado su tono—. Lamento la demora, tuve que encargarme de algunos asuntos.
— Justo a tiempo, pasa —invita la maestra
Mi compañero avanza hacia nuestra banca y de inmediato obtuvo la atención de mis ojos recriminatorios.
— ¿Dónde estabas? —murmuré.
Sus ojos grises me dieron un vistazo con seriedad.
— No es tu asunto. Hagamos lo que tengamos que hacer —se limita a responder, dejando sus cosas en su asiento y yendo hacia el frente.
Rodé los ojos pero no pude estar en desacuerdo con sus palabras. Le seguí llevando conmigo mi mochila y al estar ahí empecé a buscar ella algo en particular.
— ¿Trajiste tu material? —inquiero, pero al detectar un poco más de luz de lo normal subí la mirada, quedando anodadada.
Haciendo uso del equipamiento del aula, Kyle había empezado a proyectar desde su tablet la portada de nuestro proyecto que cualquiera habría confundido con publicidad de un negocio ya existente al que le estaba yendo demasiado bien; incluso la previsualización de las siguientes laminas contenían gráficas, ¡gráficas!
— ¿Tu parte? —exige, sin ninguna emoción en particular, enfocado en su proyección.
Ante mi silencio, por fin volteó a verme y pude ver cómo sus ojos se cubrieron por la incredulidad al ver "mi parte".
«No recuerdo haber especificado qué tipo de material debíamos traer.»
— ¿Están listos, chicos?
Al oir a la maestra Kyle perdió la oportunidad de poder decir algo sobre lo que tenía en la mano así que me apresuré a ir a la pared y pegar ahí con cinta de colores mi cartel. Lo había hecho a partir de papel reciclado y, a pesar de que no era la mejor coloreando, me había asegurado de que la representación de nosotros soteniendo una bandeja de pastelillos fuera digna de un experto. Surrealista, pero experto al fin.
Los ojos inmersos en algo indescifrable de Kyle me siguieron en mis acciones hasta que tuvo la fuerza suficiente como para tomar un suspiro y volver su rostro al frente, mostrando una amplia sonrisa profesional.
«Lo admito, es bueno es eso.»
— Es un gusto para nosotros ser los primeros en dar a conocer nuestra propuesta para el festival de caridad próximo a celebrarse —empieza, como habíamos acordado, con una elocuencia digna del presidente del consejo estudiantil—. Nuestro proyecto será una venta de postres.
Intentando no volver evidente el nerviosismo de enfrentarme a mi primera exposición en Green Woods, decidí prestar atención al discurso de mi compañero de banca, quien empleando las palabras acertadas y los ademanes adecuados para cada situación se propuso hacer de algo tan simple como la venta de simples pastelillos un proyecto que habría convencido de comprar a cualquier emprendedor.
Todos estábamos casi absortos en cada cosa que decía; sin embargo, estoy segura de que mi ceño fue el único que empezó a fruncirse a medida que avanzaba. Apartando por fin mi atención de él, bajé la mirada a mis propios apuntes y un sudor frío me recorrió al darme cuenta del error.
¡Estaba diciendo mi parte!
No podia creerlo. Al principio supuse con inocencia que se trataba de un error, pero al ver que ese chico ignoró por completo todos mis intentos por llamar su atención, que fueron desde aclararme la garganta hasta abanicarme con mis propios apuntes, supe que lo había hecho de forma deliberada.
— Finalmente, también contaremos con alternativas veganas, aptas para celíacos y diabéticos con el propósito de llegar a un público más amplio —concluye, ganándose una ronda de aplausos. Es hasta ese momento que parece recordar que yo estaba a su lado ansiando poder sacarle los ojos, esos que destellaron con un brillo de maldad—. Pero eso no es todo, hemos reservado la mejor parte para el final —informa, antes de hacerse a un lado y otorgarme su lugar—. Por favor.
«Voy a matarlo.»
Tuve la expectación de toda el aula de un momento a otro, esperando que añadiera algo que, por supuesto, no habíamos acordado. ¡No había nada más que agregar, él había dicho incluso lo que no se había pactado! Kyle aguardaba a un lado con una sonrisa amable en su rostro, como si nada, como si no hubiera llevado a cabo una venganza despiadada por el simple hecho de que me impuse a él ayer. Jugó sucio, ni siquiera yo me atrevería a...
«Oh.»
De repente mis comisuras se elevaron ante la idea que había surcado mi cerebro.
Retomando la compostura, guardé mis notas de forma despreocupada y le di una palmada llena de confidencialidad en el hombro a mi compañero y avancé, fingiendo no haber visto que mi íntimo contacto le provocó un espasmo en la esquina de su boca.
— Muchas gracias, Kyle —hablé con alegría, obligándole a devolverme la sonrisa a pesar de la confusión que varios mostraron al oír el nombre—. Como equipo, también consideramos que la primavera es una época que trae consigo la presencia de una extensa variedad de fauna silvestre, misma que suele contar con mala fama. Por ello, adoptamos el lema "Todos somos importantes" con el fin de crear consciencia sobre la importancia que tienen estos animales en nuestro ecosistema —anuncio con orgullo y dejando, como él dijo, lo mejor para el final, lo cual saboreé antes sentir un toque de resentimiento—. Con este propósito, ambos hemos decidido que nos caracterizaremos como insectos el día del festival.
«No debiste ponerme a prueba.»
Luego de esa últimas parte, hubieron diversas reacciones que fueron desde cejas alzadas, la complacencia de la maestra al agregar ese detalle a sus notas e incluso el aura maligna que expedía Kyle a mi lado; sin embargo, la mejor de todas fue la de Alex, quien bruscamente se levantó de su asiento.
— ¡Maravilloso! ¡Qué estupenda idea! —exclamó, aplaudiendo con tanta efusividad que los demás no tardaron en unírsele— ¡A Bruno le encantará la propuesta!
Le miré sin comprender.
— ¿El profesor?
— ¡Mi abeja! —respondió.
De acuerdo, suficiente por hoy.
La maestra pareció pensar lo mismo.
— Muchas gracias, Kaidan; muchas gracias, Carrie. Esperamos con ansias su proyecto y su vestuario —prosigue, revisando una vez más su lista—. Siguiente apellido: Cisneros.
Suelto en un suspiro toda la presión que había estado cargando desde ayer y acudí a despegar mi cartel para luego tomar mi mochila e ir hacia nuestro asiento. No me detuve a ayudar a Kyle con la proyección, no lo habría hecho aunque hubiera podido, estaba enojada con él y seguramente también él lo estaba conmigo. Así estaba bien, no me interesaba caerle mejor de todas formas.
Pasé hacia mi asiento al fondo haciendo mi mejor esfuerzo por no mover su mochila, tarea en la que fallé al ver el rostro del rubio girarse.
— Qué excelente propuesta —comenta—, es interesante que Kai haya accedido a vestirse de insecto, no le gustan.
— Qué curioso, fue su propia idea —declaré sonriente.
El rubio soltó una risa antes de ser regañado por sus dos compañeros de banca y yo dejé mis cosas con la intención de acomodar las de él. Justo estaba poniendo en su lugar la mochila negra que había movido sin querer para cuando noté un detalle en particular que me hizo relentizar mis acciones.
Ahí, de forma casi imperceptible al ojo, había algo pegado en la parte de abajo de la mochila que, al verlo con detenimiento, resaltaba sobre el impecable cuero azabache. A decir verdad, pude haberlo dejado pasar de haberse tratado de alguien más, pero al recordar a quien pertenecía este artículo me pareció un detalle bastante interesante. En vista a eso, de manera casi involuntaria, mis dedos le rozaron y pronto se desprendió sobre ellos.
En ese momento escuché sus pasos aproximarse y tuve que incorporarme de inmediato, evadiendo la mirada inquisitiva que recibí.
— Buenos días a todos, nuestro proyecto para el festival será una venta de ropa de segunda mano —empezó a compartir la pareja siguiente mientras el chico a mi lado tomaba asiento.
El proyector corrió con cada lámina a la que mis ojos se entregaron como si nada, como si mis dedos no estuvieran pulverizando por debajo de la mesa aquel hallazgo que sin duda encendió mi inmensurable curiosidad. ¿Dónde había logrado alguien tan pulcro y ordenando como Kyle llenarse de barro?