—Señor, no puedo detenerme aquí, van a multarme —dijo Ramiro con voz preocupada, su pasajero estaba pálido y agitado. —¡Y una mierda! —gruñó Don abriendo la puerta, haciendo que otros autos tocaran el claxon de manera exagerada tras su loco atrevimiento. —¡Charlotte! ¡Charlotte! —gritó con desesperación, sintiendo que, si la perdía de vista la perdería para siempre. Sin embargo, no pudo llegar a ella, el sonido de los cláxones ahogó sus gritos desesperados y el cambio de semáforo de la calle le impidió reunirse con ella, ahora estaba seguro donde podía buscarla, pero… sus pensamientos fueron interrumpidos por el sonido de su móvil, lo ignoró mientras esperaba poder cruzar la calle y llegar al estacionamiento del centro comercial y cuando finalmente llegó no había rastro de su francesa. ¿

