CAPÍTULO X-3

1495 คำ

Cuando Hugh estuvo instalado en la cama, lavaron la sangre coagulada de la herida y Laura descubrió con alivio que no era tan profunda como había pensado. Hugh empezaba a balbucir algunas palabras y a moverse, pero era evidente que tenía fiebre. —¡Ese médico! ¿Por qué no viene?— exclamó Laura, angustiada, pero la francesa sonrió. —No se preocupe, señorita; su hermano se pondrá bien. Yo he visto a muchos enfermos y hemos tenido no pocos hombres heridos aquí antes, en condiciones mucho peores que las suyas. Mas Laura no estuvo tranquila hasta que vio llegar al médico; un hombre viejo, de bigotes engomados y modales bruscos, que después de examinar a Hugh y vendar la herida, dijo: —¡Vaya! No es nada serio. La bala pasó rozando y rompió la arteria. Por eso sangró tanto. Debe quedarse quie

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