CAPÍTULO XI-1

2015 คำ

Hugh estaba mejor, no cabía la menor duda. Algunas veces le daban intensos dolores de cabeza, pero ya podía vestirse solo y sentarse junto a la ventana para entretenerse viendo pasar a la gente por la calle. Laura sospechaba que, además del dolor que la herida le causaba, estaba también preocupado. Le veía dar vueltas en la cama por la noche, cuando ella entraba en la habitación para preguntarle si necesitaba algo. Ahora, mientras se encontraba sentado junto a la ventana y el sol brillaba sobre su pálido rostro, Laura se situó frente a él para mostrarle su nuevo vestido. —¡Tenía un precio ridículo!— le dijo—, como dos chelines de nuestra moneda. La posadera me indicó dónde podía comprar la tela, en un puesto del mercado, y aun antes que yo dijera nada, ya habían reducido el precio que p

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