La idea de Karman dejó a Kaled en un estado de confusión y dilema moral. Mientras observaba el tranquilo jardín desde su despacho, las palabras resonaban en su mente: “Una amante secreta”. Aunque la propuesta parecía ofrecer una solución aparentemente indolora para todos, el jeque sabía que las implicaciones emocionales y éticas eran profundas.
Inquieto, Kaled observó cómo se abría la posibilidad, dos días después de qué relacionista le dio la idea, y miró como su esposa Aisha, aun débil, pero con otro color, entró al despacho ofreciéndole una sonrisa plana.
Kaled se levantó de inmediato para recibirla y depositó un beso en su boca, mientras tomó su rostro.
—¿Cómo te sientes? —Ella asintió segura.
—Mucho mejor… están colocándome un tratamiento de vitaminas que me ha hecho sentir muy bien, gracias a Alá…
—Perfecto. Siéntate…
Él la dirigió al asiento, y se desajustó un poco la corbata.
—¿Pasa algo? Te ves incómodo.
Kaled asintió con la mirada seria.
—Se está complicando como lo dijiste —Aisha pasó un trago, pero afirmó seria.
—Lo sé. Entonces… ¿Cuál es el siguiente paso?
—Hay una… forma.
—Estoy escuchando… —Lo odiaba. Kaled odiaba ver sus ojos llenos de tristeza.
—Según el relacionista, una amante…
Aisha abrió los ojos, él podía ver su pecho subir y bajar, pero necesitaba mantener el temple, más que nada por ella.
—¿Amante?
—Sí, una mujer secreta que tenga a nuestro hijo.
—Eso sería denigrarla… —Kaled pasó un trago duro, Aisha era la mejor mujer que había conocido en la vida.
Sin embargo, lo que tenía por decirle era peor.
—No pienso hacerla mi amante, si Karman tiene un plan, yo puedo manejarlo a mi antojo.
Aisha se levantó agitada.
—Esto no tiene sentido, lo mejor es que busques una esposa, que la respetes, y que se hagan las cosas como deben ser, ella tendrá a tu hijo, ese será el heredero, punto.
Kaled apretó los dientes. «De ninguna manera»
—¿Y qué pretendes? ¡¿Que sea coronada como la reina?!
—Pasará lo que Alá permita, Kaled… ¿Cómo puedes siquiera pensar que tratarás a cualquiera que sea en una ramera?
—Ni siquiera me has dejado terminar… —Aisha se puso la mano en la cabeza, y me preocupé—. ¿Estás bien? —intenté levantarme, pero ella negó y se sentó de nuevo.
—Por favor… continúa.
—No tengo intención, te repito, de hacerla mi amante… —Aisha le envió una mirada seria.
—¿Entonces? ¿Qué planeas?
—Podemos utilizar su vientre… —El rostro de ella se puso más amargo y llevó las manos a su rostro.
—¿te estás escuchando? Esto ni siquiera está permitido aquí de forma legal Kaled… además… —Aisha se volvió a levantar con los ojos nublados—. Es ilegal, atenta contra nuestra moral, por amor Alá… ¿Quién eres?
Kaled se puso de pie, intentó abrazarla, y ella retrocedió.
—Nunca permitiré algo así… nunca utilizaré el vientre de una mujer para mi beneficio, prefiero separarme de ti…
Kaled abrió los ojos impactados ante su confesión, mientras vio su mandíbula titilar.
—Aisha… —ella negó.
—La idea de Karman, tiene mucho más juicio que la tuya…
Kaled cerró la boca esta vez, aún no le había dicho que, si convertía a esa mujer, que aún no conocía en su amante, de igual forma, su hijo pasaría a ella. Y pensándolo bien, no se lo diría.
Su reacción era demasiada, y él debía solucionar. No colocaría más cargas en Aisha, ella se veía demasiado débil, y relajó sus hombros, intentando negociar.
—Está bien, olvidemos la reproducción asistida… —él notó como ella soltó el aire.
—¿Y cómo elegirás a la persona? —Kaled negó.
—Karman lleva un año en esto a mis espaldas…
—Claro… —Aisha miró al piso—. Todos están preocupados.
Kaled se acercó levantando su barbilla, y lo hizo mirarlo.
—Dejaré que él se encargue de esto, y nos reuniremos en unos días, para que nos muestre la candidata en un documento.
Aisha apretó la mandíbula, y luego asintió.
—Me parece lo más adecuado. Debe planificar la boda, y las invitaciones… yo puedo encargarme de…
—No… —Kaled le envió una mirada fría, y esta vez hubo sentencia en su voz—. Puedo pasar lo del vientre, y todo lo que quieras, pero te lo dejé claro, Aisha, no habrá una segunda esposa…
—Kaled…
—Ella será mi amante secreta, y eso hasta que quede en embarazo… después, desaparecerá de mi vista.
Aisha abrió los ojos, pero la determinación de su esposo era afilada, que incluso ella le tuvo un poco de miedo.
Kaled estaba irritado, y al menos había cedido en varias de sus peticiones. De forma suave acortó los pasos y lo abrazó, colocando su rostro sobre su pecho, pero instantáneamente la puerta se abrió, y escuchó cómo Rafí se excusó.
—Lo siento, señor… me mandó a llamar… —Aisha se limpió las lágrimas rápidamente, y escuchó cómo Kaled le ordenó.
—Llama a Karman, dile que venga con el asunto en dos días… que quiero todo, y que hemos aceptado.
Rafí asintió decidido y cerró la puerta, y Aisha solo se abrazó a sí misma, observando detenidamente por la ventana.
Sabía que le esperaba un tiempo de sombras, pero ella debía ser lo suficientemente fuerte, porque amaba a Kaled más que a nada en el mundo.
***
—Perfecto… —Sashad trató de regular su respiración, y luego le hizo una reverencia a su maestro de combate—. Pero nunca te confíes… las balas son rápidas.
—Lo sé, señor… —y una gran puerta del galpón se abrió como si alguien estuviese preparado.
Era el hombre de seguridad de su padre, Zafar, y parecía tener prisa en llevar a ella.
—Sashad, su padre la requiere con urgencia.
Ella no titubeó en ponerse una capa encima de ella, y despidió a su maestro para caminar rumbo a la camioneta, mientras algunos hombres la escoltaban.
—¿Hay alguna noticia?
Zafar no la miró, pero asintió de forma rápida.
—Ya lo sabrá.
Sashad, de veinte años, miró la carretera soltando el aliento. Sabía todos los pasos, nunca hablaban en autos, y, a decir verdad, ella solo tenía dos sitios que frecuentaba. La mansión de su padre, y el galpón de entrenamiento, eso desde que tenía nueve años.
Nunca fue a un colegio de chicas, sus clases y educación eran privadas, y solo fue criada para un objetivo, se lo sabía de memoria, incluso dormida, podía escribirlo en un papel.
Llegando a la mansión abrieron su puerta y fue Zafar el que la condujo rápidamente al despacho de su padre.
—Señor… —Sashad hizo una reverencia cuando Zafar saludó a su padre, y él se giró con un puro en sus manos.
Tenía el turbante dorado, uno de sus favoritos, y una túnica blanca, porque, a decir verdad, Alí Salmán, era extremo en su cultura.
—Déjanos solos… —Sashad se encogió un poco. Muy pocas veces estaba con su padre a solas, e incluso no le gustaba mirarlo a la cara, le habían enseñado que se trataba del máximo respeto—. Sashad…
Su mano levantó su rostro por primera vez, y ella pasó un trago grueso.
—Ha llegado nuestra hora… —Alí sonrió como si resplandeciera, y luego soltó el humo—. Es el momento de nuestra gloria…
El resumen… había llegado el momento para el que la habían preparado tanto.
Entrar al palacio Masmak, y así comenzar su función…