Emily George había llegado hace veinticuatro horas y con él mi calma, no sabía a ciencia cierta a qué se debía, pero tenerlo cerca hacía que mi cuerpo segregara grandes cantidades de serotonina y eso me gustaba. Con él todo era fácil y sencillo, no había problemas para elegir el lugar donde comer o cuando saldríamos a pasear, simplemente nos amoldábamos al otro. - ¿Qué piensas? – susurro contra mi hombro mientras depositaba un beso en esa zona. - Soñé con este lugar. Volví a observar el paisaje, todos los edificios eran blancos con sus techos azul cobalto, los grandes riscos de piedras se levantaban imponentes frente al mar Egeo, mi mirada quedo en él por un momento má

