El rugido del motor de su auto rasgó el silencio de la noche mientras Liam pisaba el acelerador con desesperación. Las luces de la ciudad eran un borrón a su paso por la carretera, pero eso a él no le importaba, en lo único que pensaba era en llegar hasta Victoria. El eco de su voz aún ardía en su mente: "Ven por mí..." Ella lo amaba, lo necesitaba tanto como él a ella. Con el corazón latiéndole en la garganta, Liam llegó al departamento de Victoria. Apenas aparcó el auto, salió sin esperar a que el motor se apagara por completo. Sus pasos resonaban en el mármol de la entrada, cada segundo se sentía eterno. Cuando la puerta se abrió, Victoria lo estaba esperando junto a la puerta, descalza, con los ojos hinchados de tanto llorar. Parecía tan frágil como un pétalo de rosa. p

