AGUST Fui a mi oficina, me puse la ropa adecuada para la ocasión, unos guantes de cuero, tomé un trago y me dispuse a divertirme. Al llegar tenían amarrado a Joseph, en la silla donde muchos habían muerto a manos mía. Su cara reflejaba el terror por lo que se le venían encima. -¡Hola amigo! – Le dije con una gran sonrisa. -¡Jefe lo siento! ¿Si? No debí hablarle así – Se sentía el desespero de su voz. Todos sabían mis métodos a la hora de divertirme -Le llamó así- porque de otra forma sonaría demasiado macabro, eran un tanto turbias. -Pensé que no era nadie aquí. Que solo era un lame botas – Le dije con tranquilidad. -¡Lo siento! No debí decir eso. -¿Un trago? ¿Alguna canción en especial que te guste? – Me levanté de la silla. Él negó con desespero. Yo caminé hacia el mini es

