Una vez dentro del ascensor, Erick me toma por las muñecas, presiona mi cuerpo contra el panel y me besa los labios con posesión, con ira… con los celos ardiendo en su boca. —Eres mía, Hayley. Solo mía. —susurra jadeante. El ascensor se abre en el sótano y salimos de él. Erick camina delante de mí, presionando los pies con fuerza sobre el pavimento como una bestia liberada luego de años de cautiverio. Lo sigo en silencio y me deslizo sobre el asiento del copiloto. Mi respiración sigue agitada a consecuencia de aquel beso. Estoy inquieta y me muerdo el labio inferior, buscando las palabras adecuadas para justificar mi omisión, pero ninguna parece suficiente. —Iba a decírtelo. —mascullo. Él no dice nada; preferiría que me gritara, que dijera algo en lugar de su silencio. Ent

