Capítulo 1. Corre
Hayley
—¡Corre Hayley, corre! —grita Maison pasando por mi lado.
—¡Oh, no! ¡Oh, mi Dios! ¿Lo hiciste de nuevo? ¡Sabes que no soy buena corriendo! —respondo mientras avanzo detrás de él hasta alejarnos de aquel lugar.
Mi respiración está agitada mientras que él no se ve afectado; siendo el mariscal de campo del instituto, dos calles de carrera no son nada.
—¡Me vas a matar un día de estos, Maison! Lo juro.
—¡Pequeña! Sé que disfrutas de mis bromas. —Lo dice sonriendo, derritiendo mi corazón.
—¡No me digas pequeña y no lo vuelvas hacer, Maison! —Le reclamo molesta.
—Eres una amargada, pequeña.
Gruño de frustración al escuchar su apelativo. Odio que me llame así, solo nos llevamos un año de diferencia y él sabe que no me gusta. Lo hace para molestarme.
Usualmente, caminamos a casa al salir de clases y el inmaduro de Maison Hudson no resiste la tentación de tocar los timbres y luego hacerme correr.
—Hayley, ¿me escuchas? ¡Hayley! —Me llama, chasqueando los dedos delante de mi rostro para obtener mi atención.
—Disculpa estaba pensando… —En ti.
—Entonces, ¿me vas a ayudar con Melanie? —Mi corazón duele ante su pregunta. No pensé que ser su amiga implicaría empujarlo hacia otras chicas y lo peor es que nunca me niego, haría cualquier cosa que me pidiera.
—Claro, Maison. ¿No lo hago siempre? —pronuncio sin mirarlo, con los ojos acristalados por las lágrimas que comienzan a asomarse en ellos.
Es duro, muy duro decirle esto porqué lo he amado en silencio desde hace mucho tiempo, tres años para ser exacta; desde que Axxel, mi hermano mayor, me lo presentó. Y sí, suena cliché, pero fue amor a primera vista.
Tres años desde que lo conocí y sigo prendida por él como si el tiempo no hubiera pasado.
Esa tarde, memoricé su anatomía, sus labios rosados, esa perfecta mandíbula cuadrada; aquel cabello castaño claro que le caía en los ojos —enmarcados por dos prominentes y perfectas cejas—, sus hermosas pestañas largas, que le tocaron los párpados cuando me miró con los ojos celestes más claros y hermosos que vi alguna vez.
Abandoné su rostro para darle un vistazo rápido a sus hombros anchos y a su pecho fornido; era perfecto y divino. Lo sigue siendo.
Él es muy dulce conmigo, no lo puedo negar, pero quisiera que no me viera como a su hermanita, es muy frustrante y doloroso.
Maison es perfectamente imperfecto, ya que su único defecto es no quererme a mí.
—Pequeña, llegamos a tus aposentos, nos vemos mañana. —Me da un beso suave en la mejilla, dulce… pequeño, muy pequeño; y luego se va, me deja en medio de la calle con el corazón acelerado y el alma en vilo.
No puedo pronunciar una palabra, no después de haberlo tenido tan cerca, así que sacudo la mano hasta que lo pierdo de vista cuando cruza la calle que da a su casa.
¿Por qué tiene que ser tan dulce? ¿Por qué se despide siempre con un beso en mi mejilla? ¿Por qué adoro su olor, sus labios, sus ojos, su abdomen…? ¡Oh! su abdomen, la última vez que vi su torso desnudo casi me desmayo.
—¡Mamá, ya llegué! —grito mientras me dejo caer en el sofá.
—Pequeña. ¿Qué tal tu día? —indaga con dulzura.
Todos dicen que soy una copia exacta de ella. Cabello liso y castaño, ojos miel, labios asimétricos, estatura mediana… hasta su cuerpo silueteado como una guitarra. Porque, a pesar de sus cuarenta y tantos, sigue siendo muy hermosa.
—Normal, nada nuevo mami. ¿Y Axxel?
—Sigue tirado en la cama. «Se está muriendo», según él.
—Hombres. —Pronunciamos las dos al unísono.
Es que es así, la mayoría de los hombres se echan a morir por cualquier malestar… y se dicen llamar el sexo fuerte.
—Extraño tanto a papá, ¿cuándo vuelve? —le pregunto sacando el labio inferior con un puchero.
—Creo que en una semana, cariño.
Noto la tristeza en su voz al responder, mi padre es Marine y pasa más tiempo fuera que en casa.
Mi madre estudió Artes, pero decidió criarnos y quedarse en casa, siempre está aquí para nosotros.
Maison: Pequeña, ¿le escribiste a Melanie?»
Yo: No pesado, estoy tirada en el sofá, no valgo nada, un malvado chico me hizo correr dos calles abajo.
Maison: Dime su nombre, lo pagará caro.
Yo: ¿Quieres una pista?
Maison: No, ya lo descubriré.
Yo: zZZ voy a dormir.
Maison: Descansa, pequeña
Es terrible estar enamorada de tu único amigo. He pensado en decirle: “¡Oye, Maison! te amo” y nunca lo hago porque soy una cobarde. Es que debería ser él quien lo diga ¿o no?
Aunque mi experiencia con chicos es nula, no he tenido ningún novio, no he besado a nadie, sigo esperándolo a él como una ilusa. Esto es muy patético.
Además, cómo podría tener una cita si Maison y Axx me cuidan como si me fuera a quebrar. Es tan frustrante, ellos no quieren que nadie me haga daño, la clase de daño que ellos les causan a las chicas cuando obtienen lo que quieren.
«---»
Es sábado por la tarde, Maison está en el patio encestando con Axx. El sudor recorre su espalda haciendo que su camiseta blanca se pegue a sus músculos marcados; me relamo los labios deleitándome con cada movimiento de su musculatura. Verlo es adictivo y doloroso, muy doloroso. Pero sigo aquí, mirándolo, empapándome de él, deseando que sea mío. Solo mío.
Cierro los ojos y lo sigo viendo en mi memoria. Sus hermosos ojos celestes, que son tan claros como el agua del Caribe; y sus labios ¡Oh, mi Dios!, son tan hermosos, rosados y llenos que quiero morderlos para comprobar si son reales.
No sé cuánto tiempo llevo de pie en mi ventana embelesada con un metro noventa de perfección.
Los sábados son una tortura, pero estar aquí, mirándolo a él, es un castigo auto infligido que disfruto.
Suena el timbre y bajo las escaleras para abrirle la puerta a Melanie, viene a estudiar conmigo; fue la excusa que usé para que se viera hoy con Maison.
Masoquista al cuadrado es lo que soy.
Ella tiene un cuerpo esbelto, ojos de un gris hermoso y su cabello es tan dorado que brilla como el sol. La saludo con un simple hola y la invito al patio, donde están los chicos.
¡Oh! mi. Dios! ¿En qué momento se quitó Maison la camiseta? Me muero, juro que me muero.
¡Qué calor!
Me abanico el rostro, atribuyéndole mi sofocón a la temperatura de Miami.
—Hola, pequeña. Hola, Melanie. ¿Qué tal están? —nos saluda Maison sin distinciones, usando el mismo tono para las dos, mientras se seca el sudor con una toalla de mano. Sus bíceps se vuelven más fornidos al elevarlos sobre su cabeza.
Jodido imbécil sexy y atractivo.
Melanie esboza una sonrisa tonta y dice «hola» con la voz entre cortada. Ya cayó en la trampa de Maison… otra más a la lista.
El muy zalamero nos ofrece unas gaseosas como si estuviera en su casa. Mel opta por una Coca–Cola y yo paso, no tengo sed, no de ese tipo. Pero aceptaría gustosa un beso suyo.
Las miradas furtivas que le lanza Maison a Melanie me ponen incómoda. Aunque, al parecer, no decide si fijar la mirada en ella o en mí. Odio esto, será la última vez que haga algo así por él.
Nos despedimos de los chicos y subimos a mi habitación para estudiar, no podía simplemente traerla y pasar de las tareas. Una vez ahí, el alivio se hace presente, ya no soportaba un segundo más de sufrimiento.
Una hora después, al terminar los pendientes, Melanie se detiene delante de la ventana, como lo estaba yo antes de que ella llegara. Es entonces cuando lanza una pregunta:
—¿Alguna vez Axxel ha tenido una novia? Digo, ¿una de verdad?
Rio por dentro. No rio, salto y doy dos giros. La operación M+M –como la tituló Maison– se cancela, abortada la misión. Este será el mensaje más emocionante que le he escrito en la vida.
Yo: Operación M+M cancelada. Le gusta Axx.
Maison: ¡Ouch!»
—Melanie —le digo seria—. Nunca he conocido una novia de Axxel.
Mel juguetea con un mechón de su cabello mientras sonríe.
Tiene una linda sonrisa.
Quiero que a mi hermano le guste su sonrisa.
Me gusta Mel+Axx, no me gusta Maison+Mel.
Cuando Melanie se va de casa, me meto al baño para darme una ducha antes de bajar a cenar.
Al salir, me miro al espejo y cuestiono lo que ve Maison en las demás chicas que no ve en mí. ¿Acaso soy fea?
Es demasiado deprimente.
La letra “A” de amiga estará marcada en mi frente con Maison para siempre. Él nunca me tomará en serio, no al pensar que soy como su hermanita pequeña.