Como habían sido hechas para un niño, le quedaban bien. —Debo hacer algo con mi cabella— dijo volviéndose hacia el espejo del tocador. —Todavía no está completamente seco, milady— repuso la joven doncella. ladyEstaba ligeramente húmedo, y cuando la doncella le trajo un trozo de cinta azul, Vesta pensó, que, de todos modos, su apariencia era tan poco convencional, que no tenía importancia que llevara el pelo suelto. Se concretó a atárselo a la altura de la nuca, como si hubiera sido una colegiala. Dobló las mangas de la bata, en forma de puños, alrededor de sus manos. Luego, con gran timidez, salió del dormitorio y bajó la escalera hacia el vestíbulo. Esta vez si pudo detenerse a mirar a su alrededor y observó que las paredes, cubiertas con paneles de madera estaban adornadas con cuer

