CAPÍTULO VIII CAPÍTULO VIIILa cena estuvo tan deliciosa, que Vesta se sintió un poco avergonzada por haber comido cuanto le ofrecieron. LJosef pronunció unas breves palabras de disculpa al verlos llegar al comedor, pues, según dijo, había dispuesto de poco tiempo para preparar la cena. Sin embargo, a los pequeños melones dorados siguieron exquisitas truchas que, según dijo Josef, habían sido pescadas poco después de su llegada, en el lago cercano a la casa. Después» les sirvieron pollitos tiernos, uno completo para cada uno, aderezados con hierbas y acompañados de una gran variedad de deliciosos vegetales, algunos desconocidos para Vesta. —¡Creo que jamás en mi vida volveré a sentir hambre!— dijo Vesta sonriendo. —Ciertamente nos merecemos todo lo que nos hemos comido— contestó el Co

