Pablo Ornelas caminaba elegantemente por el pasillo hacia la sala de juntas donde lo esperaban, no le importaba hacer esperar a la persona en aquella habitación después de todo era un don nadie. Aun pensaba en lo ocurrido en la mañana, una pequeña sonrisa inconsciente se formó en sus labios la cual se desvaneció al instante de entrar a aquella habitación.
— Espero buenas noticias tuyas — dijo tomando asiento frente al hombre canoso.
Salvador Valtierra miraba nerviosamente al hombre frente a él.
— Te quedan ocho meses Valtierra, sabes lo que ocurrirá después de que el plazo se venza ¿no?.
— Lo sé jefe, estoy en ello se lo aseguro.
— Yo no he visto ningún centavo de tu deuda, de verdad espero que estés consciente de que el tiempo no se detiene.
Salvador se mantuvo en silencio, firme en su postura ya se había dejado amendrar por este hombre antes pero ahora estaba seguro que con su nuevo puesto de senador podría sacarle la vuelta.
— Pero bueno — continuó hablando Pablo al ver que el hombre frente a él no tenía intención de seguir con el mismo tema — Es claro que no has venido a pagar entonces, a qué debo el honor Valtierra.
— He conseguido a alguien que es perfecto para el puesto de director en la secretaría de cultura, como me lo has pedido es de confianza.
— ¿Ah sí?.
— Así es, se trata de mi propia hija.
Pablo alzó una ceja, sus informantes no le habían avisado que la familia de Valtierra había vuelto por lo que le sorprendió aquella decisión.
— ¿Estás seguro de querer meter a tu familia en los negocios Salvador?.
— No comprendo — dijo confundido.
— Estás en una deuda conmigo y afectar a tu familia por esa decisión es una cosa, pero de ahí a meter a tu hija a la boca del lobo — Pablo sonrió — Bueno, yo seré su jefe.
— Mi hija te será muy útil en los negocios, es inteligente, solo te pido una cosa.
— ¿Crees estar en posición de pedirme algo más?.
— Es para mi hija.
— ¿Porque le haría un favor a tu hija?.
— Porfavor Ornelas, es para mantenerla quieta.
Pablo lo miró con fastidio pero al final hizo un ademán asegurando que cumpliría con la condición para la hija de Valtierra.
Dos hombres caminaban por el largo pasillo uno más nervioso que otro, llegaron a unas puertas de roble donde el joven nerviosamente tocó, se escuchó un leve “entre”.
— Jefe, disculpe pero hay alguien que lo quiere ver.
Pablo Ornelas levantó la vista para observar a su asistente que lucía nervioso, desde su error en la mañana estuvo a punto de despedirlo pero le había agarrado un poco de cariño así que solo se dedico a llamarle la atención.
— Qué sucede Erick.
Pero sin darle tiempo de contestar, un hombre de cabello rubio entró empujando al asistente.
— Yo sucedo Pablito, me has invocado y aquí estoy.
Pablo puso los ojos en blanco recargándose en su silla.
— Te he invocado hasta la noche Braulio, además no me digas Pablito.
Braulio Alcalá había sido el mejor amigo de Pablo Ornelas desde que eran niños, la gente conoce al dúo dinámico porque siempre se salían con la suya, hasta que se tuvieron que separar un tiempo por azares del destino, cada uno tomando un camino diferente por lo menos hasta que el de cabello azabache decidió volver.
— Por favor amigo ¿que han sido?, ¿siete años?.
Hablo el hombre rubio mientras tomaba asiento frente al hombre pelinegro.
— Has estado aquí por cuánto tiempo Pablo, ¿tres meses?, vamos hombre, es la primera vez que nos vemos desde que has regresado.
— He estado viajando, la verdad es que no permanezco aquí mucho tiempo.
— Con mayor razón deberíamos irnos a algún lugar a festejar el reencuentro
Pablo suspiro, conocía bien a su amigo y no desistirá hasta que se fuera con él.
— Supongo que estará bien una noche.
Braulio sonrió de felicidad, haría que fuera una de las mejores noches para su amigo.
Risteys era uno de los antros más prestigiosos de la zona, podía entrar cualquiera pero el consumo dentro de aquel lugar era demasiado elevado para algunos. Pablo subió al apartado VIP que Braulio le había indicado pidió una botella de whisky en lo que esperaba a que su amigo regresara, había ido a buscar una “sorpresa” aunque Pablo sabía que se trataría de mujeres. Observaba aquel lugar analizando a la gente, la mayoría eran adolescentes a los que seguramente sus padres les pagaban hasta porque alguien les limpiara el trasero. Él a sus treinta no era muy fan de ese tipo de lugares pero sabía que a Braulio le encantaba y más por el hecho de ligarse a alguna joven que admirara su dinero.
Tomaba su bebida cuando se percató de algo, en la pista había una joven pareja bailando al ritmo de la música, parecían estarse divirtiendo con más personas y aunque las luces los ocultaban Pablo pudo distinguir a la joven.
— Vaya coincidencia — dijo para sí mientras sonreía.
Pablo se paró dejando su whisky en la mesa pero cuando estaba por ir a buscar a la joven, Braulio se cruzó en su camino en compañía de dos mujeres bastante atractivas. El moreno fruncio el ceño, conocia a este tipo de mujeres, solian querer que les pagaran todo a cambio de un poco de sexo.
— ¿A dónde ibas Pablito? Apenas llegó la diversión.
Pablo tomó asiento de nuevo con fastidio, la realidad era que estas mujeres no eran ningún reto para él. Aun así haría un esfuerzo por lo menos hasta que Braulio estuviera satisfecho y él pudiera irse.
— Y bien chicas a poco mi amigo no es un galán, se han ganado a los mejores de la noche.
— Vaya que hemos tenido suerte — dijo la que parecía más joven de las dos, una chica menuda con el cabello color cobrizo, demasiado maquillada para el gusto de Pablo y un vestido entallado que el joven de cabello azabache estaba seguro que se rompería.
Pablo solo soportó cinco minutos más de la estúpida platica que su amigo entablaba con aquellas mujeres, busco inconscientemente a la joven en la pista pero ya no estaba en el lugar, maldijo para sí mientras repasaba aquel lugar con la mirada y cuando estaba por rendirse vio su figura recargada en la barra.
— ¿A dónde vas amigo?.
Pablo se había levantado de su lugar ignorando a las tres personas que lo miraban inquisitivamente para solo decir
— Tengo que hacer una llamada.
Camino lejos del palco VIP, con la mirada fija en su presa.
Julia Valtierra se encontraba esperando sus bebidas había decidido salir a despejarse un poco antes de comenzar con lo de la secretaría de cultura, su padre había llegado muy contento hoy a la casa por lo que ella lo atribuía a que estaba feliz porque trabajarían muy cerca uno del otro. Su padre también le había dicho que el nuevo jefe le había dicho que podía continuar con el proyecto de ayuda a las comunidades indígenas sin ningún problema lo cual era algo que la alegraba demasiado.
— Si no tienes cuidado podras dislocar otro hombro a alguien.
La joven se giró bruscamente chocando con el pecho del dueño de la voz.
— Carajo, me has pegado un susto.
Pablo sonrió ladinamente a la castaña.
— Un susto por un hombro ¿te parece?.
— Me parece que han pasado varias horas para seguir llorando por tu hombro.
Julia sonrió al hombre frente a ella, la verdad que no esperaba encontrarlo tan pronto, era una tremenda coincidencia. Se giró hacia el bartender que le servía los dos tragos que esperaba.
— No hacía falta un trago — dijo Pablo tomando uno de los vasos que sostenía Julia antes de que esta pudiera reclamarle algo ya se lo había tomado.
— Oh vaya — soltó Julia riendo — Aparte de robarte mi trago ¿que otra cosa sabes hacer?.
Julia le hizo señas al barista para pedir otra bebida.
— Muchas cosas, te sorprenderías.
— Me sorprende que ya hayas podido combinar tus zapatos de vestir.
Pablo frunció el ceño mientras Julia reía, pero rápidamente se recompuso sonriendo.
— Los hombres solemos utilizar el mismo calzado para todo, es más práctico.
Julia soltó una risa negando con la cabeza.
— Claro que sí, te veré después Pablo.
— Espera, por lo menos dejame invitar el trago.
— No creo que…
— ¿Por qué no? te diría a bailar pero aun no me recupero de mi hombro.
Julia se mordió el labio y le dedicó una sonrisa amable al hombre frente a ella.
— Pablo tengo que decirte…
— ¡Amor!
Pablo y Julia se giraron al mismo tiempo para ver a un hombre con el cabello revuelto que se abría paso para llegar hasta donde ellos. Pablo frunció el ceño cuando vio como aquel hombro besaba fugazmente a Julia antes de quitarle las bebidas de la mano.
— ¿Por qué te has tardado tanto?.
— Lo siento Joaquin me he topado con un amigo.
El hombre llamado Joaquin se giró hacia Pablo que lo miraba con el ceño fruncido.
— Oh hombre no te he visto, soy Joaquin el novio de Julia.
Pablo miró con una ceja alzada la mano extendida de aquel hombre, estaba completamente seguro que los había visto hablar ya que claramente venía con la intención de reafirmar que Julia era su novia. Pablo fingió una sonrisa tomando la mano que le ofrecía.
— Pablo.
— ¿El tipo que ha atropellado Julia en la mañana?.
— Espero que sí, porque si no diría que Julia se dedica a eso.
— ¡Hey! — dijo la susodicha al ver a los hombres entablar una conversación.
— Es una broma amor — dijo Joaquin abrazado a la castaña de la cintura — ¿No te vienes a la mesa? hemos venido con unos amigos no creo que les importe uno más.
Pablo sabía que el ofrecimiento era seguramente para quedar bien ante Julia.
— He venido con un amigo — dijo el moreno señalando con la cabeza el palco VIP.
— Vaya — dijo asombrado Joaquin viendo a donde había señalado — Eres millonario.
Pablo vio que Julia lo miraba con intriga y sorpresa, por lo que no supo si lo hacía por ella o porque no quería que se enteraran quien era en realidad, pero lo negó.
— No que va, mi mejor amigo es el del dinero, a mi solo me ha celebrado que he vuelto a la ciudad después de trabajar en el extrajero.
— Entonces debe ser importante tu amigo.
Pablo se encogió de hombros ante la deducción de Joaquin que aun no salía de su asombro.
— Me tengo que ir, espero verte después Julia.
La castaña sonrió.
— Adios Pablo.