A tres meses de los sucesos que hicieron que Salvador Valtierra firmara aquel acuerdo en el que vendía su alma al diablo. Una mujer con porte elegante caminaba haciendo resonar sus tacones por el aeropuerto de la ciudad de Lamudi solo traía un bolso en mano mientras con cada paso que daba veía como se acercaban los reporteros; detrás de ella venía un joven con enorme parecido a ella, portaba lentes oscuros y audífonos mientras permanecía enfrascado en el celular. Junto a él venía una joven sonriente que escuchaba atentamente a la persona que los ayudaba con las maletas, era un poco más morena que su madre y su hermano pero resaltaba sus hermosos ojos miel, de los tres parecía la más amable por lo que cuando los reporteros alcanzaron a la familia y los guardias de seguridad que venían con ellos no lograron evitarlos a todos ella fue la encargada de hablar.
— Les pido paciencia chicos, hemos tenido un viaje agotador — comenzó a hablar la joven con voz suave — Aun no sabemos nada de la postulación de mi padre por lo que nos mantendremos sin comentarios por el momento, gracias.
A pesar de sus palabras varios de los reporteros siguieron insistiendo en que respondieron a las preguntas haciendo más difícil el acceso a la camioneta de la familia.
Y como si alguien los hubiera espantado los reporteros habían desaparecido, la joven miró sorprendida cómo habían corrido como aves carroñeras tras otro hombre, apenas se alcanzaba a ver su pelo azabache pulcramente peinado hacia atrás, sus gafas oscuras ocultando su mirada mientras caminaba ignorando a los reporteros que lo invadían de preguntas y flashes. ¿Quién será? se preguntó la joven mientras escuchaba como su madre la llamaba para subirse a la camioneta.
La mansión de los Valtierra estaba en una de las zonas más lujosas de la ciudad, rodeada de árboles que impedían la vista a los curiosos de lo que sucedía dentro de los jardines, los guardias postrados en la entrada les dieron la bienvenida a la familia cuando esta llegó después de una hora de trayecto.
— ¿Dónde está mi marido? — preguntó al instante la señora quitándose las gafas mirando a sus empleados que la reciben con un ademán.
— El señor no tarda en llegar señora, nos ha pedido que se les prepare la comida que más les apetezca.
La mujer levantó una ceja al escuchar a su ama de llaves hablar, ella sabía que Salvador debía estar ahí les había pedido con urgencia regresar a la ciudad, ya que tenía algo importante que decirles y dudaba que fuera acerca de la ridícula candidatura a Senador.
— Mamá podemos descansar en lo que papá llega, no creo que sea necesario esperarlo aquí.
— Julia por favor, tu padre solo nos hace perder el tiempo de esa forma, así que más vale que llegue en este instante.
Pocas veces Martha Valtierra decía palabras tan adecuadas y en esta ocasión así sucedió ya que por la puerta un derrotado hombre entraba arrastrando los pies.
— Parece que te ha pasado un camión por encima.
Soltó Martha de forma despectiva al ver a su esposo llegar en aquel estado.
— ¿Padre qué te ha ocurrido?.
Julia se había acercado preocupada a su padre para ayudarlo con el saco.
— Julia hija, te he extrañado mucho — habló Salvador dando un beso a su hija en la mejilla, después miró a su hijo aquel adolescente que lo miraba con el ceño fruncido — Diego, también te he extrañado campeón.
— ¿Por qué nos has dicho que volvamos a esta horrible ciudad? — soltó molesto el muchacho cruzándose de brazos.
— ¡Diego! — lo regañó su hermana pero este hizo caso omiso a la molestia de la muchacha, lo único que quería era volver a donde vivieron el último medio año, odiaba esa ciudad y como consecuencia odiaba a su padre.
— Dejalo Julia — habló Martha — Es normal que no quiera estar aquí, nunca ha pertenecido a este lugar.
— Mamá deja de consentirlo aún más, a Diego no le hace falta nada, tiene todo lo que pide, deberían agradecer el esfuerzo que hace papá por mantener su ritmo de vida.
— Eres igual a tu padre Julia, se preocupan por el dinero cuando lo tenemos a manos llenas.
— Es suficiente Martha — intervino el hombre aflojando la corbata mientras caminaba a la sala, necesitaba aire — De ahora en adelante las cosas cambiaran, me han propuesto como Senador así que necesito a mi familia conmigo, he tenido mucha presión por saber quién se quedará a cargo de mi puesto en la secretaría de cultura.
— Ese tipo el que te sigue a todos lados, dale el jodido puesto y déjate de tanta estupidez.
— ¡Si fuera tan fácil no crees que ya lo hubiera hecho Martha! — contraataco Salvador perdiendo la paciencia ante su esposa, la cual puso cara como si hubiera chupado un limón y se quedó en silencio — El nuevo Jefe a cargo, quiere a alguien más cercano a mi, más joven que la gente lo ame cuando lo vea, así que he pensado en alguien.
Salvador miró a su familia que lo miraba expectante.
— He pensado en ti Julia.
— ¡¿En mi?!.
— Hija has terminado tus estudios, estás preparada y seria una estupenda oportunidad.
Julia se quedó sin palabras, tenía veintitrés años, era joven para encerrarse en una oficina de por vida, tenía el proyecto de ayuda a comunidades indígenas así que sería desgastante.
— Padre, gracias pero no cre…
— Escucha hija, siempre te he dado la libertad de hacer lo que te plazca eres mi princesa pero va siendo hora que formes tu vida, se que te preocupa el proyecto pero ten en consideración que si tomas el puesto tendrás más oportunidades de que tu proyecto avance, mayores recursos que podrás aprovechar.
La joven sopeso las posibilidades, se escuchaba atractivo pero había visto a su padre varios años en el puesto y apenas podía equilibrar su vida social con la responsabilidad del trabajo. Suspiro sabiendo que no podría decir que no, su padre se veía firme en su decisión así que puso su mejor sonrisa antes de asentir.
— Supongo que estará bien padre.
— Fantástico — soltó con ironía Diego mientras se levantaba del sofá — Nos tendremos que quedar en la jodida ciudad.
Los tres adultos observaron cómo el adolescente subía molesto las escaleras y cada uno pensaron en lo que sería su futuro de ahora en adelante.
Cuando la luz iluminó la habitación de Julia Valtierra esta ya se encontraba levantaba, lista para salir, siempre que este tipo de situaciones interviene en su vida le gustaba despejarse en un campo que había cerca de su casa, era un especie de campo recreativo para las personas que vivían por la zona, había bastantes árboles y mucha gente solía llevar a sus mascotas para hacer ejercicio en el centro del lugar había un lago donde podrías practicar kayak. La joven salió de su casa dispuesta a relajarse pero quizá el destino le tenía preparada otra situación.
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En otro punto de la ciudad no muy lejos de donde se encontraba Julia Valtierra, un hombre maldecía por enésima vez desde que había amanecido, hoy parecía no ser un buen día para el joven empresario, por alguna extraña razón su asistente no había llegado a tiempo para despertarlo por lo que se le había hecho tarde. Por la apresurada situación había tomado un traje que por error le habían llevado de la tintorería el cual era más chico y aunque al inicio no lo noto cuando ya se trasladaba a la cita que tenía este se había roto.
— Maldición — volvió a repetir cuando vio llegar a su chofer apresurado con una bolsa de alguna tienda que él desconocía.
— ¿Que se supone que es esto? — dijo bruscamente cuando el chofer le entregó la bolsa.
— Disculpe jefe pero fue lo más rápido que pude encontrar a la mano.
El joven sacó de la bolsa lo que para él parecía una especie de pijama. lo miro con desprecio pero supo que tenía que ponérselo.
— ¿A donde lo llevó jefe?.
— Busca un lugar seguro me bajaré ahí, y vete a buscar al inutil de Erik que me traiga un traje.
El chofer se sintió asustado, había comenzado a trabajar para el joven porque pensó que alguien tan joven no sería exigente pero se había equivocado aquel hombre podía ser el mismo diablo cuando se enojaba. El joven observó como su chofer se detenía en lo que parecía ser una especie de enorme parque, miró con el ceño fruncido el lugar negándose a bajar.
— Jefe el parque es privado, no entra cualquiera estará bien aquí en lo que voy por su asistente.
El hombre de pelo azabache hizo una mueca antes de bajar resignado, se sentía extraño con aquel pants y sudadera pero camino viendo como su coche se alejaba, se sentía ridículo con cada paso que daba, pero comenzó a explorar aquel lugar, nada de su día había salido según lo planeado y no tener el control lo fastidiaba, miro su celular, Braulio su mejor amigo estaba en la ciudad y le había propuesto salir para conseguir despejarse, este se había negado pero, porque no divertirse un rato. Sonrió para sí cuando de pronto sintió un golpe a su costado. El duro pavimento golpeó su hombro haciendo una mueca de dolor, miró con furia hacia quien había chocado con él, y unos ojos miel lo miraban de manera preocupada vio como la chica habría la boca hablando pero él no lograba comprender.
— ¡Para! — soltó de golpe haciendo que la chica lo mirara asustada — Hablas muy de prisa no te entiendo.
— He dicho que lo siento, has aparecido de la nada en la pista y no te he visto.
— Eso lo pude notar.
La joven frunció el ceño, ella se disculpó pero aquel hombre parecía estar de mal humor desde antes.
— ¿Te has lastimado?
La suave voz de la chica llenó los oídos del joven que la miró aun molesto, le dolía el hombro y la chica parecía como si nada.
— Me he golpeado el hombro por tu culpa.
— Ya me he disculpado, soy Julia — la joven extendió la mano sonriendo, pero aquel hombre parecía reacio a aceptar sus disculpas por lo que bajó la mano para levantarse y sacudirse.
— ¿Me dejarás aquí tirado?.
Julia sonrió cuando vio a aquel hombre como si fuera un niño haciendo un berrinche.
— Te he dado la mano y no la has tomado, eso no es amable, te he pedido disculpas y no las has aceptado, no te dejó tirado yo estoy bien conmigo misma.
La joven se colocó de nuevo los audífonos pero antes de irse lo escucho hablar.
— Soy Pablo.
Julia se giró de nuevo hacia el hombre que ya se había levantado y logró verlo mejor, era mucho más alto que ella, traía el pelo engominado algo muy raro para salir a correr, sus ojos lo recorrieron hasta llegar a su calzado, ¿porque viene con zapato de vestir al parque y en pants?. Se preguntó la morena cuando volvió a escuchar la voz de Pablo.
— Si te gusta lo que ves, te gustará más lo que puedo hacer aun con el hombro adolorido.
La joven parpadeó comprendiendo lo que decía y de pronto soltó una risa.
— Dios que ego el tuyo, lo que veía era porque carajo alguien viene con zapato de vestir a correr ¿no tienes tenis?.
Pablo miró al instante hacia sus pies, había comprendido que se veía ridículo, por lo que sus mejillas se habían tornado rojas al instante, mientras la risa de Julia seguía inundando sus oídos.
— ¡Deja de reirte!.
La castaña paró al instante viendo el enojo en los ojos del hombre, su cara roja le parecía que estuviera a punto de explotar.
— Lo siento ¿está bien? no era mi intención burlarme pero es que te has puesto tan egocentrista, además no eres tan guapo.
Ni la misma Julia se creía aquello la verdad que el hombre era bastante atractivo, pero no le inflaría más el ego. Lo vio parpadear y de pronto sonrió ladinamente.
— Pues tu si que eres bastante guapa.
— Oh vaya no creí escuchar un halago de ti.
Pablo sonrió de manera encantadora, las mujeres solían caer a sus pies cuando lo conocían y además de eso el ser millonario era un plus, y no había mentido Julia era bastante atractiva, tenía un cuerpo que podía volver loco a cualquiera. El joven metió las manos en su bolsillo pensando que quizá pudiera hacer algún tipo de “ejercicio” con esa mujer.
— Me tengo que ir — hablo de repente la joven mirando el reloj en su muñeca — Lo siento nuevamente Pablo.
— Espera…¿porque no me das tu numero?.
— ¿Estás ligando conmigo Pablo? — dijo la castaña sonriendo.
— O quizá solo quiero tu número por si mi médico dice que no podré volver a mover el brazo por el terrible golpe que he recibido.
Julia sonrió tomando el celular que el hombre le ofrecía, anotó su número guardando el contacto como “La chica que golpeó tu hombro”.
— Te veré otro día.
Pablo vio como como aquella joven se alejaba corriendo, ese encuentro le había hecho olvidarse de tu terrible día, pero de ese descubrimiento no se dio tiempo hasta que fue tarde.