- Ahora te quedás ahí, tratá de relajarte, el analgésico va a hacer algo de efecto y yo voy a ir a la Farmacia a comprarte alguna pomada y otro analgésico más fuerte, no trates de moverte más de lo necesario, esperá a que yo regrese.
- Sí Alejandro, como vos digas, —contestó y la seguí notando, aparte de los dolores que afloraban, muy asustada—.
Cuando estaba por salir del edificio pensando en ir a una Farmacia cercana que estaba abierta las 24 horas, vibró nuevamente mi celular, era mi madre y antes de contestar traté de pensar bien en lo que debía decirle.
- Nene, ¿la encontraste?, ¿sabés algo de tu hermana?
- Sí mamá, la encontré, está conmigo en mi casa, estaba en una reunión de amigos y se le pasaron las copas, ya está dormida.
- ¡Por Dios Alejandro!, ¿por qué no me avisaste enseguida?, estaba muy preocupada.
- Ya está, no jodás más con esto, le avisaste algo a papá.
- No porque no contesta el teléfono y sabés que él borra los mensajes sin leerlos, debe estar con alguna “amiguita”.
- Mamá, no me rompás más las pelotas con tus idioteces, vos también tenés “amiguitos” que se la pasan mirándote el culo y las tetas y yo no estoy para aguantar más idioteces.
- Pero nene, ¿qué decís?...
- Nada mamá nada, la idiota de mi hermana está segura en casa quedate tranquila y andá a descansar.
No pudo seguir hablando porque corté la comunicación, en la Farmacia me vendieron varios tubos de pomada cicatrizante y analgésica, compré vendas, apósitos, una jalea antiséptica íntima que se podía usar para la v****a y el ano y Xilocaína. Al regresar a mi casa con lo comprado, lo dejé en mi cuarto y me metí en el baño, tuve que disimular la impresión que me dio, la cara de mi hermana estaba completamente deformada, los pómulos, las mejillas, las quijadas y los labios hinchados convertían su rostro en algo amorfo…
- ¿Cómo tengo la cara Alejandro?, siento que está todo hinchado y apenas si me puedo tocar.
- Mejor ni intentes mirarte, salí del agua, envolvete en el toallón, yo te voy a secar y después te voy a pasar una pomada que compré.
- Yo no sabía Alejandro, te juro que no sabía, —volvía repetirme—.
- Como sea, ni denuncias podemos hacer, no podrás justificar esos golpes y si lo denuncias a esos dos crápulas, seguro voy preso yo por defenderte y por estropearlos, de verdad, si no fueras mi hermana te rompía el culo yo por idiota.
- No me digas así, me hace mal, —dijo llorando—.
- Como querés que te lo diga, te la pasás revoleando la concha como si supieras, no le hacés caso a nadie y mirá en lo que resultan tus “aventuritas” de nena pija y cheta. Ahora no vas a poder ni asomar las narices y me cagas la vida a mí sin comerla ni beberla, chau vacaciones en Brasil y de traer a alguien a casa ni pensar.
- Me quedo en casa y listo, le puedo decir a papá que quisieron asaltarme.
- ¿De verdad crees que papá es tan pelotudo?, ¿querés que se muera de un infarto?, va a terminar por hacer alguna cagada y terminaré preso yo por mi querida hermanita, mirá, mejor no abras más la boca y vamos a hacer las curaciones que ya son más de las tres de la mañana.
El problema no fue cargarla envuelta en el toallón, el problema fue pasar por delante del espejo grande del baño y allí sí que me costó hacer que dejara de llorar. No me había dado cuenta cuando pasé cerca del espejo, y, bueno, ya estaba, después de todo, en mi habitación había un espejo de cuerpo entero y ese la reflejaría mejor. Decidí dejarla llorar y comenzar con el secado y las curaciones. Le sequé todo el cuerpo sin refregar y la dejé a ella que se secara sus partes íntimas, pero me pidió llorando que lo hiciera yo porque no podía moverse para eso. Me hice el tonto y adopté un cierto aire profesional para secarla, aunque no podía dejar de notar que mi hermana estaba más que bien y sus muslos, tetas y culo estaban muy bien armados y duros. El problema fue in crescendo porque luego del secado había que pasarle la pomada y era todo su cuerpo el que estaba castigado.
Amagó con una especie de ronroneo cuando pasaba la crema en sus tetas incluyendo a los pezones en la tarea, para colmo, éstos se habían puesto durísimos y, aunque pensaba que era una reacción natural del cuerpo, yo tenía mis propias películas al respecto. Algo similar aconteció cuando tuve que pasarle la crema en las nalgas, comenzaba con las quejas y continuaba con una especie de gemido que me hacía parar los pelos de la nuca, lo peor es que tenía que lograr que la piel absorbiera totalmente la pomada y eso implicaba demasiados roces y “tocamientos”.
- No jodas con los gemidos porque me vas a hacer calentar y te resultaría muy difícil aguantar la “mía”, jajaja.
- Dale, no seas fantasma, no me hagas reír que me duele, es una reacción normal, pero además me encanta cuando me tratás con esos mimos, aparte, la pomada me produce un alivio inmediato.
- Esto me va a salir un platal, ya me llevó tres pomos y todavía falta el gel íntimo, ¿cómo vamos a hacer con eso?
- Sentame en la cama que voy a tratar de hacerlo yo, —lo intentó, pero cada movimiento era un grito—.
- Mejor lo dejamos, no tengo ganas de hacerle una paja vaginal y otra anal a mi hermanita.
- Tonto, para lo que menos estoy yo es para calenturas imprevistas, eso sí, usá los dedos más chicos porque tus manos parecen racimos de porongas, jajaja, auuggg, la puta madre, me duele todo.
El envase tenía una cánula y había que introducirla, apretar para que el gel penetrara y apretar un émbolo similar al de una jeringa que marcaba la cantidad a colocar, según el prospecto, luego había que tratar de masajear las paredes internas e imaginé, tragando saliva que, sería “a dedo”. El gel era antiséptico, desinfectante y tenía algo de Xilocaína que dormía toda la zona y comencé por la v****a. Se quejó y experimentó un escalofrío por la diferencia de temperatura, coloqué el gel hasta la medida estipulada, ella mantenía las piernas recogidas y separadas, entonces procedí con el desparramo del gel por las paredes internas, nada de dedos chicos le metí el dedo medio y lo hice girar para que el gel cumpliera su función.
Me tuve que hacer el boludo cuando la sentí gemir y se empaparon mis dedos con sus jugos, para peor con mi morbo, recién cogida y todo, su conchita era bastante estrecha aún para mi dedo. Me dijo que sentía todo dormido y se me venía encima la peor parte, la ayudé a darse la vuelta y quedó boca abajo sobre las sábanas metiendo la cabeza entre las almohadas. Sus nalgas eran un espectáculo aparte, su espalda, nalgas y muslos surcados de fustazos pasaron a segundo plano, la columna terminaba en dos montes imposibles de pasar desapercibidos. Sus glúteos eran duros y tuve que abrirlos con la mano para ubicar la cánula en el agujerito fruncido que parecía palpitar.
El gel ayudó para que el adminículo penetrara y meter mi dedo en ese culito casi me hace acabar como un burro en mi bóxer, acá no sólo introduje el dedo para masajear sus paredes estrechas, en ese lugar penetré profundo y estampé la palma de mi mano en sus nalgas. Tuve que hacer un esfuerzo para no eyacular a lo tonto y a lo loco porque aparte del gemido me pareció que hizo un movimiento característico de goce, entonces algo se me nubló en la cabeza y me la cogí, propiamente, “a dedo”, entrando y saliendo de ese culito al que descubrí tenerle ganas escondidas.
En un instante de lucidez me obligué a parar, a salir y recogí todo lo utilizado, la acomodé como para dormir y noté que mi hermana me miraba sin decir nada, tampoco podía discernir lo que pensaba, pero no me escondí, se dio perfecta cuenta del bulto que se había formado haciendo presión por debajo de mi bóxer. No hizo ni hice ningún comentario, fui a tirar todo al recipiente de la basura y, como hacía mucho tiempo, el baño fue testigo de mi descarga “a mano”, era el único modo en que podría llegar a dormir. La “paja” me relajó bastante y cuando regresé a la cama, Mariana dormía como un angelito erótico, totalmente desnuda y en posición fetal.
Me acosté a su lado pensando en la que se me vendría encima en la mañana, pero convencido que a la casa no la podía llevar, tremendo quilombo se armaría y las culpas recaerían en mi madre y su indulgencia, eso sin contar con lo que podría hacer mi “viejo” como una forma de “vendetta” sin que le importara lo que me podría perjudicar hasta que fuera tarde. Me dormí haciéndome a la idea que tenía que sacarla de circulación, por lo menos por un mes y lo único que se me ocurría era llevarla a la isla que mi padre tenía en el Delta del río Paraná, pero… treinta días con mi hermana viviendo casi en pelotas a mi lado no era algo para tomar a la ligera.