No fue una noche tan tranquila, un par de veces había saltado en la cama por los sollozos y quejidos, casi gritos, de mi hermana, ninguna de esas veces se había despertado, pero sus lágrimas se deslizaban por su cara y emitía unos sollozos entrecortados haciéndose un ovillo. No quise hablarle, ¿qué podría decirle en ese momento que atemperara lo que estaba pensando, sintiendo e indudablemente sufriendo?, lo único que atiné a hacer fue a rodearle los hombros con mi brazo y hacer que descansara la cabeza sobre mi pecho. Me desperté como a las nueve de la mañana y seguía igual, pero su sueño era más pausado y tranquilo, me moví con cautela tratando de no despertarla y dispuesto a desayunar, estaba famélico y recordé que la comida comprada la noche anterior aún seguía en el asiento trasero de mi auto.
Fui al baño y después me puse a hacer café y unas tostadas junto a unas fetas de queso y de jamón con los que armé una especie de arrolladitos. La voz de Mariana llamándome hizo que me asomara y me volví a impresionar con su cara deformada, tenía las tetas descubiertas que ni se preocupó en tapar y me dijo que trataría de ir al baño, pero que tenía mucha hambre. Le costó salir de la cama y, aunque con esfuerzo, se movió sola, sin embargo, su semblante ya era otro. Le preparé el desayuno y esperé a que saliera del baño. Al rato fui a golpearle la puerta porque se demoraba y escuché sus sollozos entrecortados.
Entré y la vi desnuda y sentada en el inodoro, tenía las manos sobre la cara y, al verme, su llanto se manifestó con más ímpetu. “Ya había decidido dejarlo porque quería a toda costa tener relaciones en un trío y me había solicitado un dinero que yo no podía pedirle a papá, esa noche quedé en encontrarme con él para hablar y tratar de hacerle entender, pero él tenía otros planes”, —esto me lo decía medio chapuceando entre lágrimas y mucosidades—. La ayudé a levantarse, la vestí con una bata mía que le quedaba enorme, la acompañé hasta la silla junto a la mesa de la cocina y le dije que no me contara, que, para bien o para mal, ya estaban las cartas jugadas…
- ¿Los mataste?, —me preguntó con cierto temor—…
- Por lo que entiendo no estabas tan desmayada y no, no lo sé, pero estoy seguro que rompí brazos y piernas y que, muertos o no me metí en un baile enorme del que ahora tengo que buscar de zafar.
- Recuerdo que te vi entrar como una tromba y que me tiraron sobre vos, después no sé nada más, pero… si estamos acá. Yo no quiero que tengas problemas por la cagada que me mandé al confiar en ese tipo y en querer hacer lo que quería trayéndote todos estos problemas, de última me puedo presentar a declarar que me estaban violando y que vos, que vos…
- Lo que vos tenés que hacer es cerrar el culo y tratar de recuperarte si decir nada y sin que nadie te vea, si ellos hacen alguna denuncia pierdo para el campeonato porque “se me fue la olla” con ellos o “me pasé de mambo”, legalmente tendría que haber hecho la denuncia para que la policía se metiera a detenerlos e hice Justicia por mi mano, ¿entendés por qué tenés que callarte la boca?
- Sí, pero…
- ¡Mariana, la puta madre, toma el desayuno y deja de hablar pelotudeces!, —le grité mirándola con dureza—.
- Sí, sí, disculpame Alejandro, disculpame, —rogaba con las manos juntas como si estuviera rezando—.
- Con las disculpas no arreglamos un carajo, ¿dónde dejaste el auto?
- Está estacionado a unos cien metros de la casa de él, en tal lugar, en mi jeans debe estar mi llave, pero no tengo la ropa.
- Luego me fijo, yo traje todo, sentate y comé algo, yo voy a ir a buscar el auto y a comprar todo lo que necesitemos, hacete a la idea de que tenemos que “desaparecer” por un tiempo los dos, vos hasta que se te pueda mirar sin que nadie se horrorice y yo hasta ver que ya no hay peligro por posibles detenciones.
- ¿Querés que nos vayamos a la casa de Brasil?, yo hago todo lo que vos digas, —acotó sollozando, eso de “sin que nadie se horrorice” le cayó como una patada en los ovarios—.
- Seguís sin entender una mierda, cualquier policía que te vea la cara va a pedir explicaciones de esos golpes y al primero que van a agarrar de las pestañas es a mí para averiguar cómo fue y quien, máxime en el aeropuerto, yo pensé en irnos a la isla del Delta, sacamos la lancha de papá del embarcadero y nos vamos a la nochecita.
- ¿Cómo hacemos con mamá y papá?
- A papá se le puede decir que te peleaste con tu novio, que rompiste con él y querés estar un tiempo sola alejada de amistades y de los que se meten a opinar, que me pediste ayuda a mí para que te acompañara y accedí porque también me iba a ir de vacaciones, no creo que pregunte nada más y con mamá, no sé, con ella va a ser todo un problema.
- Podemos contarle todo y pedirle que se calle la boca.
- Mirá Mariana, voy a ser sincero con vos, entre las dos no hacen media y puedo esperar cualquier pelotudez de ella, desde contarle a papá la verdad o chusmear todo con sus amigas o tratar de averiguar qué pasó con los tipos, con ella de por medio me veo en la cárcel de Ezeiza por cuatro o cinco años, mínimo.
Hablaba con ella y le miraba la bata semi abierta que dejaba asomar una teta, se me cruzaron todas las calenturas que tuve de pendejo y, de buena gana, le hubiera pegado una cogida de órdago a mi hermanita, pero, además, me daba vueltas en la cabeza la actitud de sumisa que había tenido cuando me vio enojado y la que mantenía para conmigo al asumir sus propias culpas y… decidí aprovecharme de eso. Mientras ella terminaba su desayuno, me senté en otras de las sillas y tomándome la cabeza con las manos, me puse a mirar un punto indefinido de la pared. Ella notó esto, luego de un rato no aguantó y me preguntó qué era lo que me pasaba…
- ¿De verdad me preguntás qué me pasa?, me estaba preparando para irme a pasar unos días a Brasil, hay un par de veteranas que iban a venir a pasar una que otra noche conmigo y ahora, paja y trigo, no puedo andar libremente por la calle y si lo hago es con un temor lógico por lo que me pueda caer encima, ¿te crees que es joda pasarse unos años en cana?, ¿te imaginás que contento se pueden llegar a poner los presos con mi culito? A más, tengo que curarte acariciándote todo el cuerpo porque no podés mover las pestañas sin que algo te duela, te aseguro que no es fácil, me estás cargando una cruz que no esperaba y… como la frutilla del postre, esperando por mamá para que ponga el grito en el cielo y me cague la vida con sus idioteces.
- No sé qué hacer para que estés mejor, me salvaste de no sé qué más podría pasar y estoy dispuesta a hacer lo que quieras, no te imaginás que mal que me siento, —acotó con los ojos llenos de lágrimas—.
- ¿Y qué vas a hacer?, aunque me pusieras el culito en pompa o te convirtieras en mi esclava no podrías conformarme, decididamente, vos y mamá con su actitud de “sabérselas todas” y hacer lo que “se les canta” me van a terminar por joder la vida.
- No me digas así, me hacés sentir una mierda.
- Si claro… me lo imagino, pero no fuiste vos quien tuvo que ir en mi auxilio mientras me cogían por todos lados y me cagaban a palos por hacerme el “lindo” y el “sabelotodo”. Espero que papá no se entere porque le va a dar un ataque de algo y también voy a tener que cargar con esa culpa.
Se puso a llorar con ganas aceptando todo lo que le decía y sintiéndose verdaderamente mal por eso, en cambio yo sentí una perversa satisfacción por mis palabras. De lo que si estaba convencido era de que, si hacía las cosas bien, apretando algún que otro tornillo en mi plan, el cuerpito de mi hermana sería definitivamente de mi propiedad. La dejé allí sentada y fui a buscar las llaves de su auto que, tal como lo dijo, estaban en su jeans, las saqué, se las mostré y dije que iría a buscar su auto y a comprar unas cosas que necesitábamos. El auto lo rescaté sin inconvenientes y lo estacioné en una de las cocheras vacías del edificio al lado del mío. Subía en el ascensor y vibró mi teléfono, supe que era mi madre y no dejaba de ser otro problema que se presentaba y la única forma de solventarlo era proceder con dureza y cierto cinismo…
- Hola Alejandro, ¿cómo está tu hermana?, decile que se venga urgente para casa, tu padre preguntó por ella y yo no le voy a andar mintiendo.
- Hola mamá, buenos días, a veces no cuesta nada poner de manifiesto un poco de educación, Mariana no puede ir a la casa y nos vamos a ir juntos a la isla del Delta por unos cuantos días.
- Eso no puede ser, bajo ningún punto de vista, tu padre tiene que dar el visto bueno.
- Hola mamá, reitero, buenos días, como notarás, trato de ser educado, pero… me importa tres carajos lo que diga papá y mucho menos lo que digas vos, ella tiene que pasar unos días sola porque se peleó con el novio y yo la voy a acompañar, lo entendés así o tengo que mandártelo por escrito y ¡saludame carajo cuando hablas conmigo!
- Bueno, está bien, buen día hijo, ¿cómo es eso de que se peleó con el novio y no puede venir a su casa?, ella vive acá y no pienso permitirle que siga haciendo lo que se le canten los ovarios, a tu padre no le gusta.
- ¿De quién habrá aprendido a ser tan inconsistente e idiota?, seguramente esto es lo que te diría papá por permitirle tantas cosas a Mariana dedicándote a tus amigas y a tu imagen, ¿no? Como sea, esto es algo que no te puedo explicar por teléfono, es muy complicado, si querés saber levantá el culo de la reposera, ponete algo de ropa, trae algunas ropas de ella para poder estar en la isla y vení por casa, acá te voy a explicar mejor.
- Pero… pero…
- Hasta luego, te espero.